13|11|2021

La candidata de Macri para que Garavano controle la Procuración

21 de marzo de 2018

21 de marzo de 2018

El Presidente confirmó que nominará a Inés Weinberg de Roca para suceder a Gils Carbó. Tiene una estrechísima relación con el ministro de Justicia, que podría armarle el organigrama con tropa propia.

Aunque no estaba en los planes de la Casa Rosada, el presidente Mauricio Macri mandó un mensaje directo a la familia judicial cuando anunció la postulación de la jueza Inés Weinberg de Roca para ocupar la Procuración General de la Nación. La mención por tevé de la actual titular del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Ciudad de Buenos Aires abrió un interrogante sobre quién la sucederá al frente del máximo tribunal porteño, pero también despejó señales sobre el crecimiento de la influencia del ministro de Justicia, Germán Garavano.

 

Si el Congreso convalida la designación de Weinberg de Roca al frente del Ministerio Público Fiscal (MPF), acéfalo desde la ruidosa renuncia de Alejandra Gils Carbó, el titular de la cartera de Justicia tendrá a una estrecha interlocutora, muy cercana, que lo conoce desde principios de los noventa, cuando el actual ministro cumplía funciones como prosecretario del juzgado en lo Criminal y Correccional Federal 4 y como secretario del juzgado nacional de menores porteño.

 

Entre un puesto y el otro Garavano cumplió funciones en la Fiscalia Federal 9 y, por esos días de 1993, ya conocía a Weinberg, que había jurado como jueza nacional en lo Civil en la Capital Federal. Tales vínculos son previos a la versión oficial que sostienen en la Casa Rosada para explicar que Macri conoció a la jueza en un gimnasio del coqueto Barrio Parque. Según los voceros ambos iban al mismo lugar, porque vivían en los alrededores de Ortiz de Ocampo y Avenida Libertador, donde estaba el gym.

 

 

Garavano, con 48 años y medio, conoce hace 25 a la magistrada que en diciembre próximo cumplirá los 70, con una extensa carrera judicial que ella inauguró en 1971 cuando se graduó como abogada en la Facultad de Derecho de la UBA. En las entrañas de los tribunales porteños recuerdan que Weinberg siempre ponderó el perfil de Garavano, desde que comenzó su carrera judicial luego de diplomarse en la Universidad Católica Argentina.

 

Los lazos no sólo están marcados por la jurisprudencia, sino por la política. Entre sus antecedentes, el actual ministro llegó a ser director académico entre 1998 y 2000 del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES), una ONG conservadora que mantuvo una activa agenda académica durante la última dictadura militar, con charlas encabezadas por el ministro del Interior del gobierno de facto Albano Harguindeguy, entre otros. La exhumación de los orígenes de FORES fue revelada por el periodista Horacio Verbistky en 2009, y forma parte de un pasado al que Garavano se sumó en democracia.

 

Sin embargo, los lazos políticos de Weinberg con los años de plomo no corren por su cuenta, sino por su marido Eduardo Roca, diplomático de varias dictaduras. Entre ellas, como embajador de Leopoldo Galtieri ante la ONU, durante la Guerra de Malvinas, y como amigo íntimo del difunto canciller Nicanor Costa Méndez.

 

En ese andamiaje institucional, FORES registra las primeras páginas de una ONG que jamás perdió su influencia, a pesar de su insignificancia, y que volvió a reverdecer con los proyectos de reforma judicial que Garavano buscó reordenar a fines de los noventa. Tras la reforma constitucional de 1994, la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires dio origen al nuevo fuero judicial porteño. Sus primeros jueces, del fuero contencioso, juraron en 2000. Entre ellos asumió Weinberg, como integrante de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso, Administrativo y Tributario entre 2000 y 2003.

 

Lo dejó por cinco años, de licencia, para ocupar un cargo como magistrada del Tribunal Penal Internacional para Ruanda -2003 – 2008-. Luego volvió al puesto, que mantuvo hasta 2013, aunque en el medio fue seleccionada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para la tercera sala juzgadora para esos crímenes de guerra entre 2005 y 2008.

 

Cuando Weinberg volvió de sus funciones internacionales retomó el cargo de camarista, dentro de un fuero porteño que tenía a Garavano como Fiscal General de la Ciudad de Buenos Aires, luego de haber sido electo por el estamento judicial como consejero del Consejo de la Magistratura porteño, la cocina donde el naciente macrismo buscaba inferir en la selección de magistrados del fuero más joven del país.

 

Esas redes sirvieron años después, cuando Macri, por entonces jefe de Gobierno, postuló a Weinberg para ocupar el quinto sillón del TSJ capitalino, que había quedado vacante desde 2009 con la partida del recordado juez Julio Maier. La Legislatura porteña dio su acuerdo en 2013 y Weinberg pasó a integrar el tribunal que actualmente preside.

 

LA DERECHA INSTITUCIONAL. “Cuando fue titular del Ministerio Público Fiscal porteño, Garavano aplicó un proceso de persecución penal basado en la estigmatización de lo más pobres, pero también fue uno de los primeros en crear un protocolo de actuación ante desalojos. Es de derecha, pero cuida las formas institucionales. Es muy posible que ahora aporte sus conocimientos para definir el organigrama de Weinberg”, pronosticó un magistrado porteño consultado por Letra P.

 

Los rumores que retumban en el fuero donde Garavano y Weinberg se conocen hace más de dos décadas fueron confirmados este miércoles por la tarde, en boca del ministro. "Ella tendrá varios desafíos. La transformación de la Procuración, las fiscalías y liderar la persecución penal, hacer frente al narcotráfico, luchar contra la corrupción. El Ministerio Público debe tener un liderazgo, algo que lamentablemente la anterior Procuradora no tuvo", disparó el funcionario en declaraciones radiales, respecto a la jefatura de los fiscales federales, que actualmente está en manos del procurador interino Eduardo Casal. Si Weinberg llega a ese puesto estará al lado del cargo concursado más importante del MPF, que es ocupado desde octubre de 2015 por Víctor Abramovich, ex titular del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y actual procurador ante la Corte Suprema. 

 

Sin embargo, detrás de las certezas que reconocen dentro de las oficinas de Justicia, agregan que “Inés tiene mucha personalidad, y siempre la tuvo, así que hay que ver cómo se desarrollará esa buena relación de años”, atajó un vocero oficial.

 

 

Garavano y Avruj, dos de los nexos de la jueza en el gabinete de Macri.

 

Durante sus funciones como camarista, Weinberg de Roca también conoció a la primera plana del PRO porteño, que ahora ocupa el Gobierno nacional, como el actual jefe de Gabinete Marcos Peña, y al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj, impulsor de la agencia judía de noticias Vis a Vis junto a Guillermo Yanco, ex marido de la actual ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Una muestra de ese vínculo se puede advertir en uno de los pocos reportajes que ofreció Weinberg como jefa del máximo tribunal porteño: se lo concedió a Yanco.

 

En la Ciudad, la jueza tiene una excelente relación con el alcalde Horacio Rodríguez Larreta y con su ministro de Justicia y Seguridad, Martín Ocampo, amigo personal e histórico abogado del presidente del Club Boca Juniors, Daniel "Tano" Angelici, sindicado como uno de los operadores del PRO en la Justicia. Por sus funciones como cortesana porteña, también le reconocen una relación "respetuosa" con el titular de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, que mentiene un duro contrapunto con Garavano.

 

 

 

 

La trayectoria internacional de la candidata a Procuradora tiene algunos antecedentes que van más allá de las relaciones que mantiene su esposo en la ONU desde que fue embajador de la dictadura. En 2013, durante el debate sobre su nominación al TSJ, el entonces legislador Rafael Gentili, denunció que Weinberg cobró su salario como camarista y como magistrada del Tribunal Penal Internacional, en simultáneo. Según denunció en ese momento el edil de Proyecto Sur, la funcionaria de ese organismo, Weicheng Lin, le confirmó que “Weinberg de Roca, al igual que sus demás colegas en el Tribunal de Apelaciones, recibe como pago una cantidad fija de dinero por cada caso que preside (U$S 2.400) y por cada caso en el que opina U$S 600). El importe total de honorarios percibidos por la Jueza Weinberg a través de los años ha variado dependiendo de la cantidad de casos que ella ha presidido y de casos en los que solo ha opinado”.

 

El dato confirmó que la magistrada recibió, en forma paralela, unos 180 mil dólares por parte de la ONU y su salario de camarista del fuero contencioso. El dato era contradictorio con el artículo 14 de la Ley Orgánica del Poder Judicial porteño, que impide que los jueces realicen actividades profesionales particulares. Pero la acusación no tuvo eco en una mayoría legislativa controlada por el macrismo, gracias a los acuerdos aportados por los representantes del Frente para la Victoria (FpV).