Economía

Costos de hasta 46% empujan a comercios a discontinuar el uso de la tarjeta de crédito

Pequeños comercios pagan tasas entre el 10% y 50% a los bancos para financiar una compra chica. Para los grandes, las comisiones son más bajas. Los reclamos gremiales a Cabrera tienen sabor a poco.

Los comercios de nuestro país empiezan a replicar en sus vidrieras un cartel indicativo de guerra que libran hace tiempo contra las entidades financieras. “No se aceptan tarjetas de crédito” es el disparador de un conflicto en el que se mezclan la usura y el abuso de posición dominante, ya que un pequeño negocio familiar de venta a la calle paga costos que pueden trepar hasta el 46% del precio de venta.

 

Aunque desde la poderosa Cámara Argentina de Comercio (CAC) aseguraron, mediante un informe,  que las entidades financieras incrementaron los costos de las comisiones que cobran y llegan al 3%, muy por encima –por ejemplo- del 1,5% por ciento que se cobra en Perú y el 1,3% que rige en Brasil, en España el 0,5%, y en Italia el 0,95 por ciento, la realdad del pequeño comercio con el local a la calle es bien distinta.  

 

El costo de uso de la tarjeta es el 10% de la venta y se le agrega un 3% adicional por mes de cuota financiada. Y lo peor para estos comerciantes es que a veces les conviene ofrecer cuotas en lugar de venta en un solo pago, ya que si la operación se concreta en esta última modalidad el monto vendido recién se le acredita en su cuenta bancaria en 18 días hábiles, en cambio si lo ofrece en cuotas lo cobra en 48 horas, según le aseguró a Letra P un comerciante del sector textil de la ciudad de La Plata.

 

Si bien a veces los costos incluyen gastos administrativos y cargas tributarias, para el comerciante el resultado es el mismo: ofrecer ventas con tarjeta es caro, pero un mal necesario en épocas de vacas flacas. Hasta que se puede sostener ese costo adicional. Luego, llega el cartel “No se aceptan tarjetas”.

 

Desde la CAC que conduce Jorge Di Fiori le llevaron los reclamos al ministro de Producción nacional, Francisco Cabrera, y le pidieron una medida fuerte al respecto: que el Gobierno intervenga ante el sistema financiero para bajar los costos. Pero plantearon porcentajes que sólo pueden negociar grandes cadenas y no los más pequeños, que representan el 99% de los emprendimientos del país, según revelaron a este medio los propios los propios dirigentes empresariales.

 

Así es que el reclamo parece corto para la realidad de los miles de emprendimientos habilitados que existen en el país que utilizan la tarjeta como llamador para el cliente. Pero muchos ya no lo pueden pagar.

 

También en este entramado aparece un juego cuasi perverso entre bancos, tarjetas y comercios. Los comercios chicos, en general, operan con un solo banco y con una o dos marcas de tarjetas. Las más extendidas son Visa y Mastercard, pero en algunos lugares –en especial en el interior del país- hay tarjetas locales que tienen una fuerte fidelización, como la cordobesa Tarjeta Naranja.

 

El nudo gordiano para los comercios que quieren sobrevivir se centra en su escaso poder de negociación con los bancos, ya que estos intermedian en la habilitación y funcionamiento del sistema de tarjetas y, en el idioma callejero, los comerciantes explican que a la hora de luchar por los costos “se tiran la pelota entre bancos y marcas de tarjetas, pero el resultado es siempre el mismo”.

 

En un año complicadísimo por la suba de costos derivada de tarifazos, inflación que orilla el 50% anual y caída estrepitosa del consumo, el costo del plástico suma un dolor de cabeza adicional al que quiere mantener a flote su emprendimiento y dar trabajo.

 

“Es un sistema que se encareció progresivamente. Hace 10 años nos costaba 7% por operación y las cuotas a veces no tenían cargo adicional. Ahora es un 10% fijo y el costo por cuota es algo que a veces debemos asumir para que nos paguen más rápida. La necesidad de liquidez muchas veces nos lleva a perder rentabilidad”.

 

Para la CAC, entre las cuestiones que distorsionan las ventas a través de estas tarjetas figura la alta comisión que paga el comerciante a la tarjeta por cada operación, porcentaje que, afirma la entidad, está por encima de los niveles internacionales. Pero los costos para un comercio “a la calle” son mucho más altos y viven un día a día mucho más ajustado.

 

En el encuentro con Cabrera, la CAC propuso una serie de herramientas para revertir la situación entre las que figuran la posibilidad de reducir las comisiones a través de un proyecto de ley y la intervención de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia.

 

BAJAN LA PERSIANA. Las distintas cámaras difieren en el número de pequeños emprendimientos comerciales que cerraron sus puertas en lo que va del año, pero sumados distintos informes oscilan entre los 6.000 a 8.000.

 

Desde la CAME que conduce el camaleónico Osvaldo Cornide –que mantiene los vínculos aceitados con cada gobierno de turno- explicaron que bajaron las ventas en 21 de los 22 rubros que relevan mensualmente.

 

Según la gremial empresaria Fedecámaras, entre enero y junio pasados cerraron unos 5.00 comercios, distribuidos en 2.000 bajas en la provincia de Buenos Aires, 600 en la región del Noreste, 500 en el NOA, 500 en la Capital Federal, 400 en Córdoba, 300 en Santa Fe y 150 en Mendoza.

 

Pero el número es difícil de homogeneizar. Para muestra basta un botón: sólo en Rosario fueron 1.542 los locales comerciales bajaron sus persianas en el primer trimestre del año, según revela un informe de la ONG Concejalía Popular.

 

Imagen generada con inteligencia artificial (Gemini).
Sergio Neiffert, exjefe de la SIDE. 

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