¡Hola!
Los brazos corporativos del Banco Mundial y el BID ponen plata para minería, energía y logística como nunca y apoyan con recursos el cambio de raíz.
¡Hola!
Pasaron muchas cosas desde el último correo que te envié. Podría hacer como Nico Repetto cuando se tomó un año sabático, durante la crisis de 2002, y contarte todo lo que ocurrió durante mi larga (no tanto) ausencia. Pero si venís leyendo Letra P, estás al tanto de todo lo que necesitás saber.
Me quiero detener en una cuestión que tiene que ver, específicamente, con Los perfiles del poder: la pelea del gobierno de Javier Milei con los capitanes de la industria.
A la batalla con Paolo Rocca, “don Chatarrín”, se sumó la lucha con Javier Madanes, el dueño de Aluar y FATE. Las medidas y los fuegos artificiales que las acompañan afectan de lleno los negocios de dos de los grupos empresariales más importantes del país.
Lo último que tenés que saber es que el secretario de Coordinación de Producción de Toto Caputo, Pablo Lavigne, revirtió una medida antidumping que gravaba con 28% de arancel al aluminio proveniente de China y que afecta directamente a la producción de Aluar.
El Círculo Rojo está descolocado. La Unión Industrial Argentina (UIA) salió con un comunicado que pareció un aviso fúnebre para despedir a FATE pero, inmediatamente después, festejó la reforma laboral. Martín Rappallini, presidente de la entidad fabril, intenta un equilibrio imposible con un gobierno que no entiende de término medio. Tuiteó sobre apertura y producción algo que pasó tan desapercibido como las reflexiones que anota en un chat de Whatsapp con industriales que ya no saben cómo sostener sus negocios en pie.
Y se sumó Jaime Campos, el presidente de la casi tácita Asociación Empresaria Argentina (AEA). Campos habla siempre a través de Clarín y La Nación y sus palabras son, en realidad, las de Héctor Magnetto y la familia Saguier, en representación de ese club de ricos al que se sumaron, en los últimos años, Martín Migoya, Marcos Galperin y Pierpaolo Barbieri. En esta columna de Clarín, pondera la figura de Rocca, pero sin confrontar con la política económica ni los modales del Gobierno.
Rocca, Madanes, la familia Pagani, Magnetto y otros grandes empresarios empiezan a sufrir en sus negocios las consecuencias del “reseteo” económico que promueven. Destacan, en off the record, que Milei avanzó más rápida y decididamente con el ajuste de las cuentas públicas y las reformas que el gradualista Mauricio Macri no pudo pasar. Pero no le pueden marcar el rumbo a una política económica que -más allá de esas reformas- quiere cambiar radicalmente el ecosistema productivo.
De eso te quiero hablar hoy. Se cocina un país distinto. Como escribí el fin de semana, tiene ciertas similitudes con los modelos económicos de Perú y de Paraguay, aunque parte de una estructura productiva mucho más diversa de la de nuestros pares sudamericanos. A Milei no le importa. Sus libros dicen que el mercado mueve el capital y el trabajo a aquellos sectores competitivos y que quien no pueda competir, se embroma. Este reseteo profundo tiene la banca de los organismos multilaterales de Washington.
No sólo porque el Fondo Monetario Internacional (FMI) apoya y financia la política económica, ni porque los otros agentes financieros del Consenso de Washington, el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), también aportan capitales al sector público que antes se destinaban a obras de infraestructura y ahora a un puñado de programas sociales y a reforzar reservas.
Los brazos financieros del BID y del Banco Mundial que apoyan proyectos del sector privado con fondeo más barato que el de mercado impulsan el reseteo económico y productivo del país al financiar, casi exclusivamente, proyectos de minería, energía, logística y bancos. No hay margen para mucho más en la economía de Milei.
La Corporación Financiera Internacional (IFC, sus siglas en inglés) del Banco Mundial tiene previsto financiar hasta u$s 5000 millones de proyectos mineros en Argentina en los próximos dos o tres años. Anunció, además, un préstamo de u$s 300 millones para Central Puerto, que controlan Guillermo Recca, Eduardo Escassany y la familia Miguens-Bemberg, y desembolsos menores para que bancos locales financien a pymes.
BID Invest, la extensión corporativa del Banco Interamericano, planea prestarles u$s 3000 millones a las empresas que inviertan en Argentina y concretó un desembolso de u$s 100 millones a Plaza Logística, la firma que administra depósitos y centros de distribución de Eduardo Bastitta, uno de los sobrevivientes del Consejo de Asesores de Milei.
El BID y el BM son extensiones de Washington en los países periféricos. Tradicionalmente, la dirección del BID quedaba a cargo de un latinoamericano. Donald Trump, en su primera presidencia, hizo pesar su billetera y rompió esa gestualidad, al nombrar como presidente a Mauricio Claver-Carone.
Las vueltas de la vida. Carone se fue del BID envuelto en un escándalo y acusando a Guillermo Francos, entonces director por Argentina en el gobierno de Alberto Fernández, de haber operado en su contra. Claver-Carone volvió recargado como delegado de Trump para América Latina y ejecutó su venganza con frialdad. Francos quedó afuera del gobierno de Milei. Actualmente, preside el BID el brasileño Ilan Goldfajn, que bancó al Gobierno reiteradas veces y es, además, un gran bailarín.
Con Milei en la Casa Rosada y Toto Caputo en Economía, el Gobierno hizo saber que no ejecutaría los desembolsos destinados a infraestructura. Los bancos reacomodaron sus carteras y ofrecieron prestar más al sector privado. Eso es lo que comenzó a moverse en los últimos meses.
La IFC anunció a fin de año que tenía disponibles u$s 5000 millones para financiar proyectos mineros en Argentina. Justo cuando Milei reinstalaba el debate sobre la ley de Glaciares para darle un envión a las inversiones mineras en el RIGI, Alfonso García Mora, vicepresidente de la IFC, confirmaba un desembolso para un proyecto minero en Salta que insumirá u$s 2400 millones.
García Mora no lo dijo, pero de la base de datos de la IFC se desprende que el proyecto en cuestión es Salar del Rincón, una mina de litio de la británico-australiana Rio Tinto ubicada a 3700 metros de altura y a 270 kilómetros de Salta capital.
El CEO de Rio Tinto, Simon Trott, visitó el país a fin de año. Viene seguido. Ya había estado en agosto, cuando visitó a Milei con su antecesor, Jakob Stausholm.
El Banco Mundial que preside Ajai Banga, a través de la IFC financiará la mayor parte del proyecto. Para eso, hizo un cuidado análisis socioambiental. Concluyó que el proyecto tiene “impacto ambiental significativo”, por afectar el agua y a las comunidades de la región. Por eso, condicionó el financiamiento a la publicación de informes socioambientales permanentes.
Según fuentes al tanto del proyecto, la IFC espera que finalicen los procesos burocráticos de otras agencias multilaterales que aportarán fondeo y que vienen un tanto demorados. Aguardan que los desembolsos se confirmen en las próximas semanas.
La IFC también firmó una asesoría técnica con la canadiense McEwen Copper para lograr “un financiamiento sostenible” para Los Azules, el proyecto de cobre que esa minera tiene en San Juan y que ya obtuvo la aprobación del RIGI por más de u$s 2600 millones que, ahora, tiene que juntar. Rio Tinto también tiene una participación minoritaria en este proyecto, junto con la automotriz Stellantis.
Además, firmó un convenio con la Universidad Siglo XXI para desarrollar “un programa de formación de talento especializado para el sector minero”.
El combo se completa con un crédito por u$s 300 millones a Central Puerto, la energética que integraba, hasta hace poco, Nicolás Caputo. La IFC aportó los fondos para que CEPU renueve la concesión de la hidroeléctrica Piedra del Águila y para la instalación de un sistema de baterías en el área metropolitana como parte de AlmaGBA, la iniciativa oficial para paliar mínimamente la crisis eléctrica.
El financiamiento a Central Puerto se suma a desembolsos previos a Pampa Energía, de Marcelo Mindlin.
Central Puerto y la IFC estudian, además, un proyecto para trazar la primera línea de transmisión eléctrica de energía renovable destinada a mineras del Noroeste. Me dicen que, en marzo, habrá más anuncios de desembolsos orientados a la minería, la energía y el sector financiero.
La IFC es, también, la principal asesora del Gobierno en el proceso de privatización de AySA, como te conté en la primera edición de Los perfiles del poder. Armó el modelo de contrato que se usará y mantuvo reuniones con los interesados, que son los concesionarios de Río de Janeiro y San Pablo y el grupo francés Veolia, además de grandes jugadores locales como Roggio. Me contaron que la privatización de AySA se lanzará después de la de Intercargo, que es la próxima en la lista.
El BID, en tanto, anunció a fin de año un crédito de u$s 100 millones para Plaza Logística, con el objetivo de financiar distintos centros de distribución para el e-commerce. El antecedente inmediato es el gran galpón en terrenos del Mercado Central que Galperin y Bastitta le anunciaron al Presidente en septiembre de 2024, durante la visita de Milei a las oficinas de Mercado Libre.
Bastitta la ve. Con financiamiento blando del BID -que suele prestar a tasas más baratas que las de mercado- aumentará su potencial logístico. Si alguna vez gestionó plantas industriales, ahora usará su tierra para depósitos de comercio.
En septiembre de 2024, me llamó la atención que Bastitta esperara a Milei y a Galperin entre los periodistas que nos habíamos acreditado para cubrir ese anuncio y que debimos aguardar durante más de dos horas. “Los procesos de estabilización generan círculos virtuosos. Cuando la economía empiece a crecer, no para más”, me dijo en ese entonces. La economía salía de lo peor de la recesión y Milei prometía un “pedo de buzo”.
Bastitta fue uno de los empresarios que integró el Consejo de Asesores que nunca supimos qué asesoró. Presidido por el eyectado Demian Reidel, debía acercarle propuestas a Milei. Lo integraban Alec Oxenford, ahora embajador en Washington, Sebastián Braun (La Anónima) y los economistas liberales Ramiro Castiñeira y Miguel Boggiano, entre otros. Ramiro Marra, Fausto Spotorno y Teddy Karagozian fueron expulsados muy rápido.
El BID destinó unos cientos de millones a proyectos energéticos y para que bancos financien a pymes. Esto último es más habitual, por la gimnasia del propio sector financiero para conseguir fondeo.
Según fuentes del BID, “el total de recursos comprometidos en la Argentina, incluidos fondos propios y movilización de terceros, alcanzó un récord de u$s 1820 millones” en 2025, lo que significa un crecimiento del 138% interanual.
Los desembolsos incluyeron préstamos al banco Supervielle y Galicia para financiar carteras de pymes y una inversión en Genneia, la empresa de la familia Brito, para “expandir su capacidad de producción de energía renovable y almacenamiento en baterías”. Genneia, como Central Puerto y otros (incluida Aluar, la firma de Madanes), ganó la licitación para ofrecerle almacenamiento de energía al Gobierno del programa AlmaGBA.
Dato de color: el gerente de Industrias de BID Invest es Sergio Lew, hermano del secretario de Finanzas que Caputo designó tras la partida de Pablo Quirno a Cancillería, Alejandro Lew.
Este es el país que anhela Milei: apalancado en los sectores que considera competitivos, vinculados a los recursos naturales y la tecnología -hasta ahí-. El financiamiento para proyectos de infraestructura ajenos a esas áreas se desvaneció, al igual que buena parte del entramado industrial.
Como te anticipé, no te voy a decir todo lo que pasó en mi ausencia, pero sí qué estuve escuchando en mis vacaciones.
En Estados Unidos hay una generación de bluseros que me parte la cabeza. Ya te hablé de Gary Clark. Te sumo a Kingfish, al zurdo Eric Gales (que toca una guitarra encordada para diestro, es decir, toca al revés) y a Josh Smith. Acá los tenés a todos juntos con otro bestia, Joe Bonamassa.
También puse en loop al colorado Derek Trucks, un parco cara de nada que toca la guitarra con slide mejor que nadie. Este disco de 2009 es para poner en el auto y salir a la ruta.
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