- "Esta medida [del balance fiscal financiero o total, esto es posterior al pago de deudas] excluye los pagos de intereses de los bonos cupón cero, que son registrados por debajo de la línea. Incluir el componente real de los intereses capitalizados por encima de la línea elevaría el déficit global a alrededor de 0,8% del PBI".
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La referencia apunta a uno de los elementos de contabilidad creativa que le permiten al ilusionista que habita el Palacio de Hacienda hacer pasar por superávit lo que no lo es. Como los vencimientos de intereses de las LECAP y los BONCAP se capitalizan –es decir que se suman al principal que debe ser cancelado al vencimiento–, no son contabilizados como gasto financiero, lo que permite el maquillaje. Así, advierte con discreción el FMI, lo que el Gobierno presenta como un superávit es en verdad déficit.
¿De cuánta plata se trata?
El economista Gustavo Reija le dijo a desPertar que "en 2024, los intereses capitalizados de LECAP y BONCAP totalizaron el equivalente a más de tres veces el superávit primario. El año pasado, más de cinco veces. Y sólo en los primeros cuatro meses del actual ya superaron en dos veces el superávit primario".
"Este año, los intereses de deuda van a volver a crecer significativamente, hasta 2,24% del PBI, debido a lo exigente que resulta el calendario de vencimientos. Eso no es superávit fiscal ni estabilidad, sino deuda que no se ve y ajuste sin desarrollo", añadió.
Ah… el año que viene –electoral– habrá que enfrentar pagos de deuda por 20.000 millones de dólares. Sin regreso al mercado no hay paraíso.
¿"Riesgo kuka" o "riesgo Milei"?
Que el riesgo país venga oscilando desde hace casi siete meses entre los 600 y los 500 puntos básicos –un nivel que mantiene al Tesoro excluido del mercado internacional para refinanciar vencimientos– no es sólo "riesgo kuka".
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Ayer tocó baja, pero Caputo no podrá cantar Volver hasta que ese indicador sensible baje, por lo menos, de los 400 puntos básicos –cuatro puntos porcentuales de sobretasa respecto del 4,5% que están rindiendo los bonos del Tesoro de Estados Unidos–.
Las calificadoras de riesgo y los fondos de inversión se resisten a confiar más en la deuda soberana por la incertidumbre electoral: un eventual triunfo de Axel Kicillof o de cualquier "peronista de izquierda" en las elecciones de octubre y noviembre del año que viene se traduciría en una renegociación de, al menos, los vencimientos con el Fondo y, en un caso extremo, una vez más con los acreedores privados. ¿Quién querría entrar de nuevo en la martingala argentina?
Sin embargo, también hay un "riesgo Milei" o un "riesgo Caputo" que surge nítidamente de los informes de los grandes bancos de inversión.
Más allá del riesgo electoral –el escenario de que Milei no sea reelecto–, en ellos se repasan también cuestiones como las dudas sobre la sustentabilidad del ajuste fiscal; el nivel de reservas netas –realmente disponibles– todavía negativo a pesar de la agresiva política de compras del Banco Central; el atraso del dólar y su impacto sobre la economía; la falta de autonomía de la autoridad monetaria; la decisión oficial de mantener el cepo cambiario para las empresas; la anemia de la actividad y el consumo domésticos; la caída del empleo registrado y de los salarios –al final del día, menor demanda agregada–, y la montaña de pagos comprometida –por decisiones de Mauricio Macri y de Milei– con un acreedor privilegiado.
Todo eso es "riesgo Milei" y "riesgo Caputo".
La trampa de Toto Caputo
El informe de los técnicos del FMI con los datos de fines de 2025, aprobado por el Directorio, elogia que "la política fiscal se ha mantenido prudente y en consonancia con la meta de balance global de caja del gobierno".
"El superávit primario federal alcanzó el 1,4% del PBI en 2025, lo que arrojó un superávit de caja global de 0,2%", añade antes de colocar la fatídica llamada "2". Al pie de esa página llega, como se dijo, el filo.
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El texto elogia el aumento de la recaudación del año pasado y la "continua restricción del gasto". Sin embargo, esa es una foto vieja: desde hace rato que la recaudación impositiva viene en caída, en consonancia con la actividad interna –la no primaria ni exportadora–, cosa que, como señala el mismo FMI, lleva a "compensar con reducciones de gasto primario", esto es antes del pago de deudas. La trampa de austeridad del ajuste perpetuo.
Ese fragmento recoge la decisión reciente de Toto Caputo de recortar 2,5 billones del propio Presupuesto que le hizo aprobar al Congreso –1,6% del gasto total–, lo que afectó en una segunda vuelta de austeridad partidas de salud –incluso en prevención y tratamiento del cáncer– y educación, en particular sobre las ya estragadas universidades nacionales.
Esto es crucial cuando se habla de los límites del ajuste.
El grito de Caputo y la sordera de Milei
Como te conté en mi nota del último domingo en Letra P, el jefe del Palacio de Hacienda viene de señalar que "ahora tenés que recaudar más porque seguir generando superávit (fiscal) vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto a nivel de Tesoro (nacional) de 15 puntos del PBI, el nivel que había en los 90 y casi diez puntos menos del pico de hace ocho años".
Fue casi un grito de desesperación, pero la política manda: el Presidente se despachó sin solución de continuidad con una baja de retenciones, cuyo grueso –las correspondientes a la soja– llegará en el 2027 electoral.
El costo fiscal de esa nueva ronda de populismo para ricos sería de sólo 57 millones de dólares este año, de 530 millones el que viene y –si nada cambia a pesar de los comicios– de 1200 millones en 2028.
Adiós entonces a la intención recaudatoria de Caputo y apuesta recargada a la motosierra y la licuación de salarios estatales y jubilaciones.
Hay que prestar atención a lo que dicen los propios protagonistas: el ministro de Economía grita que ya no tiene cómo seguir ajustando el gasto y el Fondo asegura que el superávit fiscal es en buena medida una ficción contable.
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A lo dicho hay que sumar el modo en que Toto Caputo viene pisando gastos devengados –presupuestados–, lo que los convierte en deuda flotante.
Asimismo, el carácter ya crítico del abandono de infraestructura de todo tipo que no sólo no se amplía, sino que ni siquiera se mantiene.
También, el abandono del complejo de ciencia y técnica, y el riesgo latente de paralización de las actividades en las universidades nacionales y de los hospitales en los que se forman los médicos del futuro, sin olvidar, claro, el abandono de la salud pública que se expresa, entre otras calamidades, en la aguda caída de la tasa de vacunación de chicos.
Milei dice a quien le quiere creer que la devastación de los salarios de los trabajadores del Estado prueba que "el ajuste lo paga la casta", aunque en verdad se refiera a médicos, enfermeros, docentes, policías, militares y trabajadores honestos de diversa índole. Oculta, eso sí, que el congelamiento del bono de 70.000 pesos hace que los haberes de los jubilados que cobran la prestación mínima sigan condenados a la licuación permanente.
¿Qué mira el Círculo Rojo?
Dicho todo lo anterior, ¿cómo puede decirse que el ancla fiscal es, en verdad, sólida? ¿Cómo puede creer el Círculo Rojo que respalda el modelo –en algunos casos incluso contra sus propios intereses– que esta revolución reaccionaria puede ser realmente un cambio de paradigma?
Tan atada con alambre y con contabilidad creativa está la situación fiscal que el Gobierno pospuso –en principio para el segundo semestre...– la reglamentación del Fondo de Asistencia Laboral incluido en la reforma laboral. Este, cabe recordar, desvía aportes patronales que hoy financian la ANSES –que terminará vaciada– a cuentas de capitalización destinadas al pago de indemnizaciones por despido.
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Asimismo, le prometió al FMI avanzar en una reforma tributaria –gravemente regresiva; ¿qué más se podría esperar? –, pero dejó para después de los elecciones la discusión de otra que está en la agenda del organismo y del Gobierno: la previsional. Algunos desnudos no tienen forma de ser cuidados.
Mientras, sigue su curso moroso el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que por lo menos en el tramo petrolero y gasífera regala beneficios fiscales a proyectos que se iban a producir de todos modos dada la rentabilidad de Vaca Muerta.
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Y por si eso fuera poco, se detalló ayer el Súper-RIGI para proyectos de inversión superiores a 1000 millones de dólares en "nuevas actividades", nuevamente generoso en la renuncia a ingresos tributarios futuro.
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¿Una iniciativa, por otro lado, hecha a medida de las empresas de alta tecnología que se convocan para la aparente construcción de un temible Gran Hermano digital?
La puja distributiva es una guerra descarnada
Milei insiste en bajar impuestos a las empresas y los sectores más acomodados, pero a Toto Caputo las cuentas no le cierran. Y el Círculo Rojo aplaudirá mientras la fiesta dure. ¿Qué otra definición que "populismo para ricos" le cabe a una política semejante?
"La ingeniería para recaudar más y repartir mejor la torta es un tema que se discute cada vez más (…). Hasta el papa León XIV le dedicó la encíclica del lunes a los tecnorricos (…). Pero Argentina va en sentido contrario: reduce el peso de los impuestos patrimoniales y favorece a las grandes empresas con alícuotas reducidas del impuesto a las Ganancias", escribió Esteban Rafele en su imperdible newsletter semanal para Letra P.
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Lejos de cualquier pretensión de libre mercado, el modelo de Milei no es más que una furiosa intervención del Estado en favor de una redistribución regresiva del ingreso.
Por ahora, los sectores más concentrados y las empresas extranjeras vienen ganando por goleada esa pelea descarnada. Nadie parece advertir que la angurria y la injusticia no pueden ser bases de una estabilidad a largo plazo.
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.