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Mar del Plata, con turismo y pesca por el suelo. Crisis total en Comodoro Rivadavia. Rosario, con desocupación récord y puertos vibrantes. Milei no la ve.
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Mientras el Círculo Rojo acelera el reparto de las empresas que salen a privatización, consolida sus negocios -Eduardo Eurnekian se aseguró la prórroga de la concesión de Aeropuertos este lunes- y blinda inversiones en Vaca Muerta y la minería con el RIGI, el desempleo y la pobreza aumentan en las grandes ciudades del interior.
Es una realidad distópica. De un lado, un superávit comercial cada vez más ancho por el salto en la producción de Vaca Muerta, las mayores exportaciones de litio y la sucesión de cosechas récord.
Pero si la pampa húmeda disfruta de buen clima, buenos precios internacionales y rebaja de retenciones, la tasa de desempleo saltó en el Gran Córdoba y el Gran Rosario y la pobreza subió en la capital mediterránea casi ocho puntos en seis meses, el doble que la media nacional. Mientras Neuquén vibra por Vaca Muerta, Comodoro Rivadavia padece un salto de casi 6,5 puntos en un año en la tasa de desocupación. La pesca creció en julio 424,5% interanual, según el INDEC, pero Mar del Plata registró un salto en el desempleo de más de tres puntos de un año a otro.
El presidente Javier Milei suele hablar de “destrucción creativa”. Peleado con los datos del INDEC, en su breve estancia en el país entre su semana en Estados Unidos y su viaje a París, le dijo a Luis Majul que el desempleo ocurre porque más gente sale a buscar trabajo -señal de que la cosa funciona- y que la informalidad tiene que ver con la transición y la incertidumbre.
Este correo es algo distinto a lo que solés leer en Los perfiles del poder. Por deformación profesional, suelo escribir sobre los ganadores. Hoy te contaré historias de los que se quedan afuera. Casos de empresas pymes y trabajadores para conocer qué pasa con la economía en ciudades como Rosario, Mar del Plata y Comodoro Rivadavia. Tres geografías distintas, con sus actividades en expansión o en crisis, pero con un hilo común: una fuerte deterioro en los indicadores de empleo que Milei relativiza. Por algo, el deterioro del trabajo y de los ingresos primerean en cuanta encuesta se publique.
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La tasa de desocupación subió del 6,8% al 9,9% entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026 en Mar del Plata, según el INDEC. Hay 34.000 personas que buscan empleo sin éxito. La tasa de ocupados que quieren sumar otro trabajo subió otro tanto, del 14,2% al 17,8%.
Miguel Guglielmotti, secretario adjunto de la CGT de Mar del Plata, relata una crisis que se da en distintos planos. “El puerto está prácticamente paralizado, con barcos que no salen a pescar y no tuvieron la rebaja de retenciones que sí dieron a otras economías regionales, ni subsidios al gasoil”, cuenta. “Los gremios de tierra, la estiba, están con una desocupación altísima”, añade. La ciudad bonaerense no vive el boom pesquero que atraviesa la Patagonia.
“La industria textil está en crisis y la caída del consumo, en Mar del Plata, duplica las caídas a nivel nacional”, sigue Guglielmotti. “Y la caída del turismo fue muy fuerte y se notó en los últimos fines de semana largos, con ocupaciones de no más del 30% en los hoteles”, completó.
La caída del turismo y de la actividad pesquera -que representa el 30% de la economía marplatense- derrama en el comercio. Los supermercados Toledo, marca tradicional de la ciudad, vende sucursales que se convierten en autoservicios chinos. El personal pierde el empleo o es relocalizado.
Jesús Osorno creció en un hotel. Continuó el negocio de su padre y actualmente, con 60 años, es dueño de los establecimientos Tronador y Argentino, en Mar del Plata. Podría decirse que es un sobreviviente. Según la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos (Uthgra), cerraron más de 40 hoteles y restaurantes en los últimos cuatro meses. Las vacaciones de invierno, con una ocupación inferior al 50% fue el último detonante.
Lo llamé a Jesús el jueves pasado, con la noticia del posible cierre de los hoteles de la Armada, Antártida Argentina y Tierra del Fuego, en la ciudad. Hay 177 trabajadores en vilo, según ATE.
“Esto es crítico. Muchos abrieron en el verano, pero no en temporada baja porque no dan los números”, me dijo Osorno. “A la gente, la plata no le rinde y sale menos. El segmento alto de gastronomía trabaja, pero el mediano está jorobado. Y en hotelería, es similar. El mercado es salvaje. Yo tengo un cuatro estrellas, si no viene gente, bajo el precio y aplasto al de tres estrellas, continuó. “El Peluca dice que los números andan bien, pero en la calle no se siente. Viene flojo, flojísimo, no hay tutía”.
En 1907, un grupo de obreros que buscaba agua potable encontró petróleo en Comodoro Rivadavia. Así nació una industria con fuerte empuje estatal que tuvo, en 1992, su hito principal: la creación de YPF.
Actualmente, esa ciudad que vivió del oro negro por más de 100 años enfrenta una crisis. La tasa de desocupación trepó en un año del 2,7% al 9,2% según lo que relevó el INDEC al cierre del segundo trimestre. En 12 meses, el declino de la producción de crudo convencional de la última década armó un descalabro laboral y social. La tasa de pobreza saltó diez puntos en seis meses hasta el 37,1%.
Según relevó Fundar, la producción petrolera de la cuenca del golfo San Jorge cayó 20% y la gasífera retrocedió 33%. Al declino natural de los pozos maduros se sumó el furor de Vaca Muerta, que hizo que los operadores concentraran sus inversiones en la nueva tierra prometida. Con Horacio Marín, YPF dio el último paso y abandonó Comodoro. PAE, que opera Cerro Dragón, redujo costos al extremo.
El impacto en la ciudad fue abrupto. La industria petrolera empleaba a unos 13.000 trabajadores y expulsó a unos 7000. Unas 10.000 personas no tienen empleo, según los datos oficiales.
Una ciudad que latió petróleo ahora tiembla. Hablé con un abogado y un alto ejecutivo de una empresa que brinda equipos y servicios a la industria hidrocarburífera, pero pidieron no ser mencionados.
Los dos testimonios fueron coincidentes. Cuando el petróleo convencional era la estrella del sector, empleaba a más trabajadores de los necesarios para operar los pozos. El sindicato, otrora fuerte, ahora pacta con las empresas para contener la gangrena.
Una empresa operadora le puso números a lo que consideró inviable. El lifting cost (el costo de sacar un barril de crudo) llegó a ser de u$s 53, contra ocho o diez de Vaca Muerta. Ahora lo bajaron a u$s 25. Con el precio internacional en torno a los u$s 100, esta diferencia se relativiza, pero es inevitable que las petroleras redirijan sus inversiones hacia el no convencional.
Las operadoras, además, presionaron para bajar 30% o más los contratos de las empresas de servicios de la ciudad, que sufrieron la parálisis entre la salida de YPF y el ingreso de Pecom a Manantiales Behr y la decisión de ajustar de PAE.
Hubo empresas que cerraron, otras echaron a la mitad del personal y las que mejor se acomodaron redujeron un 30% sus plantillas. Todas sintieron el ajuste. “Yo compraba todo local. La ropa de trabajo, son como 40 o 50 millones de pesos. Ahora lo traemos de Buenos Aires o de Rosario, o de quien ofrezca mejor precio”, me dijo el directivo de una empresa que tiene más de 100 empleados.
Esa crisis derramó al comercio. Con menos trabajo y puja por los precios, la actividad comercial se redujo. “Los comercios cierran por el descenso de la industria madre, pero también porque es más barato hacer compras online”, me dijo un abogado comodorense.
Los dos coincidieron en que la reducción de costos era inevitable, con el boom de Vaca Muerta como némesis, pero que faltó mayor coordinación para que la crisis sea menos dolorosa. “El Estado se retiró y los privados hicieron lo que quisieron”, dijo el ejecutivo.
Él, como otros, pasa una semana al mes en Neuquén. Vaca Muerta es el destino obligado para las empresas que pueden aportar décadas de experiencia en la industria. Pero compiten con otras firmas locales y del exterior y hasta ahí hay una pelea por reducir costos y maximizar la renta, como contó Francisco Aristi hace unos días en Letra E.
Según fuentes de la provincia, el gobernador Ignacio Torres habló de la problemática con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y con el ministro Toto Caputo. “Esto está 100% linkeado con YPF y se viene hablando con Santilli y con Toto”, dijeron, sin mayores detalles.
En una operadora me dijeron que el ajuste ya se hizo, aunque la negociación con los proveedores para bajar costos será continua. “Hay mucho petróleo para sacar”, dijeron, pero no habrá más empleos directos que los actuales.
En el primer semestre, más de 850.000 camiones descargaron toneladas de granos en el puerto de Rosario, con un incremento de 11% contra 2025. La actividad crece año a año, con la ayuda del clima y las mejores cosechas.
Al mismo tiempo, la tasa de desocupación subió en Rosario del 7,7% al 11,5% en un año. Hay 83.000 personas sin trabajo. Con récord de camiones haciendo fila en el puerto para sacar la cosecha, la Chicago argentina tuvo la tasa de desempleo más alta del país. La segunda fue Córdoba, que también debería disfrutar la pujanza de la agroindustria, pero padece la crisis del sector autopartista y automotriz.
“Estamos yendo a una política extractiva que no genera empleo de calidad”, dice Mario Galizzi, empresario constructor rosarino y dirigente de Apyme.
Galizzi me contó el panorama productivo de la bota. “El 70% de los salarios del sector privado están de Barrancas para el sur”, dice, en referencia a la localidad que queda más o menos a mitad de camino entre la capital santafesina y Rosario. “Esos empleos se reparten entre la construcción, los aceiteros, los trabajadores portuarios, está Acindar en Villa Constitución, que trabaja a la mitad, la línea blanca que está quebrada y no puede competir, y los productores de cerdos que ahora ven cómo entran bondiolas de Brasil”, describe. Mientras hablamos, los portales de noticias cuentan el cierre de Electrolux, con 200 personas empleadas.
Sergio Arelovich, economista del Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) de Rosario, enumera una lista no exhaustiva de cierres y ajustes: Dow Chemical, Celulosa Argentina, Acindar, Lácteos Verónica, Marengo, Vasalli, Algodonera Avellaneda, Bioceres, General Motors, Sadesa (la curtiembre de la familia Galperin), son algunos de los nombres que relata entre las empresas con problemas. "De 2024 a 2025, la apertura de concursos preventivos aumentó 150% y la de quiebras, 60%", me dice. Más de 3000 empresas desaparecieron de los registros públicos en toda la provincia.
La construcción, dice Galizzi, trabaja a menos del 50% de su ritmo habitual. Por el retiro de la obra pública y por la menor actividad privada. “En las últimas dos décadas, en Rosario se construían 1100 edificios por año; en Santa Fe, unos 100. Pero entre la caída de la industria y de la metalmecánica y la línea blanca, que no pueden competir con China, eso cayó y la tasa de desocupación despega”, agrega. “Esto ya pasó en 2001”, avisa.
Antes de que José Luis Daza o algún otro relator oficial lo hagan, conviene distinguir esta situación de la recesión previa a la caída de la convertibilidad. Con términos de intercambio estructural y excepcionalmente altos, esta crisis evitable. Depende del Gobierno.
Para bajar un cambio, me puse a escuchar Londres suena a Serú, dos discos de la pianista argentina que vive allá Julieta Iglesias. Desarma y sangra es sublime.
Cuando terminaron, el algoritmo de Spotify me trajo al Chango Spasiuk con esta versión de Seguir viviendo sin tu amor. Que la disfrutes.
Un poco de calma entre tanto ruido.
Que tengas una gran semana. ¡Hasta la próxima!