Martín Llaryora busca potenciar el ecosistema productivo de Córdoba
La propia experiencia internacional que se presentó recientemente en Córdoba puso ese punto sobre la mesa. En un workshop de planificación estratégica del ecosistema de clústeres, especialistas señalaron que no alcanza con generar valor para los socios: también hay que poder cuantificarlo, informarlo y convertirlo en servicios y nuevas fuentes de ingresos.
En los clústeres maduros de España y México, según se explicó, existen estructuras profesionales con equipos de entre 12 y 40 personas. Es justamente en ese debate donde apareció Sibilla.
“Que las empresas ganen plata”
El ministro participó de ese workshop de planificación estratégica y planteó los ejes que pretende impulsar durante su gestión en materia de clústeres: innovación e internacionalización.
Según el relato publicado por el Clúster Automotriz y de Movilidad Sostenible, Sibilla sostuvo que los clústeres son una “gran palanca de desarrollo industrial” y planteó que el objetivo es que las empresas “ganen plata” a partir de las acciones que se realicen dentro de esos espacios.
La frase sirve para entender el cambio de foco que busca imprimirle. No se trata solamente de que las empresas se conozcan, compartan información o participen de capacitaciones. El desafío que plantea el ministro es que esa cooperación tenga una traducción económica.
Y ahí aparece otro concepto de Sibilla: innovación no tecnológica. La idea amplía el campo de juego. Innovar no sería únicamente incorporar una máquina, desarrollar software o invertir en investigación y desarrollo. También puede significar modificar procesos, modelos de negocios, formas de comercialización, mecanismos de cooperación o estrategias para ingresar a nuevos mercados.
Un mapa mucho más grande que la tecnología
El universo de clústeres cordobeses no se agota en la economía del conocimiento. Hay estructuras vinculadas con la industria automotriz y la movilidad sostenible, biotecnología, alimentos, maní, alfalfa, aeroespacial, construcción, industrias culturales, deporte, turismo, servicios empresariales, publicidad y otros sectores.
Un trabajo de la CEPAL sobre políticas de desarrollo productivo subnacional identifica entre los clústeres cordobeses al tecnológico, biotecnológico, médico, bienes de capital y alimentario, y clasifica distintas iniciativas según su grado de consolidación, desarrollo, emergencia o gestación.
Esa diversidad es una fortaleza y un problema de gestión, al mismo tiempo. El Estado deberá decidir a dónde dirige los recursos y qué capacidades desarrollar en función de los sectores que tengan posibilidades reales de ganar escala y clientes internacionales.
La agenda que se está preparando para la Conferencia Global de TCI Network —que Córdoba recibirá del 27 al 30 de octubre— ofrece una fotografía interesante de cómo el ecosistema productivo está siendo leído hacia afuera.
La organización estructuró las visitas a los ecosistemas productivos cordobeses alrededor de cuatro grandes ejes: salud y biotecnología; manufactura avanzada y automotriz; agroalimentos y bioenergía; y tecnología y economía del conocimiento. "Voy a mirar de cerca esos cuatro sectores", dijo Sibilla en un evento impulsado por el Cluster BIM llamado, justamente, BIM For All.
No necesariamente son “los cuatro clústeres de Sibilla”, pero sí muestran cuáles son las grandes familias productivas en las que Córdoba está intentando presentar capacidades frente al mundo.
Cuando un clúster se convierte en herramienta
El ministro Sibilla puso explícitamente la lupa sobre este ecosistema. El funcionario destacó el impacto de la metodología Building Information Modeling sobre la matriz productiva y definió al sector como “innovador y de exportación”, además de señalar que ayuda a otros sectores a ser más competitivos.
El evento reunió a más de 800 participantes, 50 disertantes, 250 reuniones de negocios y más de 250 organizaciones. El dato interesante es que BIM no es solamente un clúster tecnológico. Su campo de aplicación está directamente relacionado con una de las actividades que más necesita mejorar productividad: la construcción.
La metodología permite trabajar sobre información digital de un proyecto durante sus distintas etapas, con herramientas destinadas a anticipar errores, mejorar la planificación y optimizar recursos. El propio ecosistema BIM cordobés se presenta como un espacio de articulación entre empresas, Estado y academia para impulsar la transformación digital de la construcción.
La clave que le interesa al ministro de producción cordobés es que se trata de un clúster que no trabaja solamente para las empresas que lo integran, sino que consiga hacer más competitiva a toda una cadena.
La tecnología como capa transversal
Algo similar sucede con Córdoba Clúster, el espacio que reúne a más de 350 empresas e instituciones vinculadas con tecnología y economía del conocimiento. Su composición muestra hasta qué punto la categoría “tecnología” se volvió transversal: incluye software, telecomunicaciones, biotecnología, infraestructura, aeroespacial, maquinaria agrícola, audiovisual y BPO/KPO.
Eso permite pensar la economía del conocimiento no como un sector aislado, sino como una capa que puede incorporarse sobre otras actividades productivas. Y así la discusión deja de ser qué industria tiene Córdoba y pasa a ser qué tan tecnológica puede ser cada una de sus industrias.
El desafío de pasar de la mesa a los mercados
La internacionalización es el segundo eje que Sibilla marcó para los clústeres. En esa línea el ecosistema cordobés ya acumula experiencias de misiones comerciales, participación en ferias y proyectos de cooperación internacional. Durante 2025, según datos difundidos por la Provincia, se concretaron más de 50 participaciones en ferias y misiones, incluyendo 24 misiones comerciales al exterior y siete misiones inversas.
La próxima Conferencia Global de TCI agrega otra capa porque la provincia, entonces, no sólo quiere hablará de sus clústeres puertas adentro, sino que los mostrará afuera. El desafío será cuánto de esa vidriera puede transformarse en negocios.
Una política que ahora deberá mostrar resultados
El modelo de clúster obliga a pensar la economía como un entramado y no como una suma de empresas aisladas. Pero también tiene una exigencia ya que los resultados tienen que poder medirse en más exportaciones, más productividad, nuevos mercados y proveedores, más empleo, nuevos productos y mayor incorporación tecnológica.
Esa parece ser la vara que Sibilla está planteando para una herramienta que Córdoba viene construyendo desde hace varios años. La provincia ya tiene el mapa. Tiene los actores. Tiene universidades, empresas, cámaras y organismos públicos. Ahora llega la parte más incómoda de la política productiva: elegir dónde poner el foco, definir qué se quiere conseguir y demostrar que la articulación genera valor económico concreto.