ELECCIONES 2023

Por qué la derrota del MPN hace historia y ruido, pero no sorprende

El Movimiento Popular Neuquino perdió un invicto de 60 años. Fue el epílogo de un declive que el rebelde Rolando Figueroa convirtió en crisis terminal.

“Aplastante victoria de Sobisch en Neuquén”. Esas seis palabras en color rojo en la portada de la edición de Clarín del lunes 29 de septiembre de 2003 pasan casi desapercibidas en medio de la cobertura de la puja entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde en las elecciones misioneras y la victoria del Boca de Bianchi y Tévez frente a Racing. Sin embargo, remiten a los 56 puntos que el entonces gobernador neuquino, Jorge Sobisch, obtuvo para acceder a su tercer mandato con la camiseta del Movimiento Popular Neuquino. Diecinueve años y medio después, el MPN llegó a este turno electoral en un escenario inédito que puso en juego, como nunca antes, su invicto de seis décadas en comicios ejecutivos. Lo que puede salir mal, sale mal, establece la Ley de Murphy: el sello provincial más sólido de la Argentina perdió este domingo y es noticia nacional.

A la crisis que terminó con su hegemonía no llegó el MPN de un día para el otro: el drenaje de votos que venía sufriendo en las últimas votaciones venía encendiendo las alarmas. El gobernador saliente, Omar Gutiérrez, ganó sus dos mandatos con un 20% menos de adhesiones que su antecesor inmediato. En 2015, obtuvo 40,67% y en 2019, un 40,19%. Paradoja emepenista, en la primera ocasión triunfó acompañado por Figueroa y en la segunda, por Koopmann.

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Ampliando el foco, aquellas dos elecciones ya mostraron un escenario que sufría mutaciones con el surgimiento de Juntos por el Cambio (JxC). Ahora, la mitad del electorado se aglutina en torno de las dos o tres opciones principales de la oposición. En 2015, el kirchnerismo de Ramón Rioseco y la versión macrista de Pechi Quiroga dividieron un 50% que no eligió MPN. Cuatro años después, ese universo se repartió en tres: a los exintendentes de Cultral Co y la capital neuquina se sumó Sobisch, enfundado en la chaquetilla de la Democracia Cristiana (DC).

Con esos antecedentes de dispersión creciente del voto, la salida de Figueroa no solo preocupaba en el MPN por la porción de adhesiones propias que podía llevar para su molino, sino por la posibilidad de que se transformara en un articulador de esa oposición fragmentada. No era tarea sencilla, pero la moneda estaba en el aire.

El contacto de Figueroa con las más altas esferas del PRO en Buenos Aires alineó a la primera plana emepenista en una acusación que calzó justo en el universo discursivo del provincialismo. Le enrostraron a su rival que recibía “órdenes a más de 1.100 kilómetros de distancia”.

La solución

El partido amarillo carecía de una figura fuerte en Neuquén, pero el escollo para un entendimiento con Figueroa parecía tener al menos dos puntas. Por un lado, la coalición opositora no se mostraba dispuesta a pegotear su marca nacional dentro de un sello ignoto que todavía el diputado no blanqueaba. Por el otro, había un sector encolumnado detrás de la candidatura de Pablo Cervi. “No vamos a ir como colectora de nadie, vamos a acompañar a Cervi”, sintetizaba Carlos Eguía, el alfil neuquino de Elisa Carrió. Cumplió con lo primero, pero no con lo segundo: saltó de JxC y se aferró a la bandera libertaria para ser candidato de Javier Milei.

Cerca del empresario radical sostenían su postulación en una hipótesis que despojaban de caprichos. Frente a un MPN dividido, estimaban que con poco más del 30% de los votos podían dar el batacazo y romper la hegemonía del partido provincial. Anclaban el razonamiento en la cosecha de 2021. Cervi logró casi el 23% de los votos al frente de una boleta de JxC que no contó con la Coalición Cívica, que con Eguía se cortó sola y reunió otro 14%. Las matemáticas no aplican a la política de manera automática, pero tienen su peso. En aquellas legislativas, el MPN, con Figueroa al tope de la lista, había ganado con apenas un 29,42%. Los melones se acomodaron, pero para que Cervi perdiera con gran éxito: este domingo sacó 5%.

En ese escenario líquido, el peronismo buscaba un lugar bajo el sol. Desde que el titular del PJ local, Darío Martínez, se quedó sin Energía, a su candidatura le ocurrió lo mismo. Las conversaciones con Figueroa llevaban semanas, tal como le confirmó a Letra P la diputada Tanya Bertoldi, a quien se mencionaba para una fórmula secundando al diputado. En paralelo, Rioseco, que en el arranque del año impulsó un frente XXL sin distinción de ideologías que incluyera al PRO y a la izquierda al grito de “rompemos el techo o nos resignamos a que gobierne el MPN”, sostuvo su candidatura y sumó otra oferta a la góndola electoral. Este domingo, se quedó con un 12%.

Ganancia del pescador

En ese escenario atomizado, Figueroa terminó de patear el nido en el que se crió, que se venía vaciando. Aunque es necesario mirar el subsuelo del batacazo, porque no siempre todo es como parece y porque siempre hay puentes que resisten los cimbronazos, este domingo, como cada vez que un campeón besa la lona, la noticia es que perdió el MPN, que había ganado por primer vez la gobernación neuquina en 1962 y jamás había perdido en las urnas cuando ese botín estaba en juego.

La caída, ruidosa pero no sorpresiva, abre ahora la temporada de facturas en el partido de los Sapag, pero también la rosca con el verdugo para salvar la ropa y comenzar la reconstrucción desde lo más adentro posible del poder, ese territorio que muy pocas personas vivas habían visto en Neuquén en otras manos.


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