ver más
Fernet con rosca

La última oportunidad del kirchnerismo de Córdoba

Sin volumen propio, el sector espera que la disputa provincial entre Llaryora y Milei los meta en la conversación. La escala de Máximo Kirchner en la provincia.

En las corrientes peronistas de Córdoba que abrevan en las terminales de Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof o Sergio Massa dan por hecho que su juego en la ronda provincial de 2027 se definirá a último momento. Sin embargo, dan por hecho que a Martín Llaryora le tocará enfrentar a un candidato con respaldo directo de Javier Milei.

Un hecho inédito, que invita a analizar alternativas. El kirchnerismo no espera nada. Tampoco lo pide. Su dirigencia es consciente de su peso específico, de los fracasos electorales reiterados a lo largo de años en la provincia mediterránea, pero todo voto suma y esperará con mínima expectativa.

También sabe que el gobernador de Córdoba fue claro al ratificar que seguirá navegando contracorriente, como lo hicieron sus antecesores en 2008 y 2013 , cuando la identidad antikirchnerista de esta provincia quedó marcada con fuego.

José Manuel De la Sota y Juan Schiretti.

Coinciden en sólo una cosa con los libertarios Gabriel Bornoroni y Luis Juez; también con el radicalismo que decidirá su suerte este 20 de septiembre en una interna. Para el colectivo kirchnerista -el que sigue y el que quiere otra canción- no va a haber un pacto de reelecciones entre Javier Milei y Llaryora, vía el jefe de Gabinete, Diego Santilli.

¿Podrá el cordobesismo ejercer su selección natural? Lo dudan.

¿Un choque inevitable en Córdoba?

Ese sector abreviado del justicialismo provincial asegura que Llaryora no ofrece garantías a Milei de que cumplirá con su palabra si gana su segundo tiempo en el gobierno de Córdoba. Si encima La Libertad Avanza mete la carambola de un triunfo, el peronismo cordobesista estallará y sus partes no serán suficientes para desempeñar su papel de árbitro en las rondas nacionales.

En la entrelínea empieza a instalarse un concepto recurrente en las vísperas electorales que pide el diálogo de toda la disfuncional familia peronista. Una suerte de mensaje tácito de que en 2027 no le sobrará nada al oficialismo cordobés, que quiere alcanzar su octavo período en el poder provincial.

Es por eso que apuntan hacía un único sentido todas las explicaciones que se escuchan en los circuitos de ese peronismo que no bancará jamás un pacto con la derecha argentina: dicen que Milei y Karina Milei están convencidos de que Bornoroni es su candidato y que no será una apuesta testimonial.

Diego Santilli y un mensaje en clave electoral

Camporistas, kicillofistas y delasotistas sostienen que la hermana presidencial confía en el estacionero y cree que se puede competir en este suelo que votó a LLA en masa. Todos invocan fuentes de primera línea de la Casa Rosada o el Congreso para jerarquizar la lectura que hacen del mapa que se viene, que pondrá a Llaryora ante un presunto candidato local apoyado por el Presidente.

Si bien el Panal, como se conoce a la casa de gobierno, agita las aguas del acuerdo, el mensaje es confuso. En el Ejecutivo provincial explican que Santilli integra la línea de asesores que le dice a Milei que elija sus batallas y que a los gobernadores es mejor tenerlos de amigos. Quieren creer que tiene poder de persuasión.

Manuel Calvo y Diego Santilli en la Casa Rosada

Sin embargo, la foto de Santilli con Bornoroni y Juez de esta semana fue un gesto contundente que le metió un sopapo al optimismo expresado desde el jefe de Gabinete provincial, Manuel Calvo, hacia abajo.

El mismo Colorado había ratificado la voluntad de “ganar Córdoba” al segundo lote de intendentes que Bornoroni llevó a la Casa Rosada, cuando todavía fungía de ministro del Interior. Fuentes de la Casa Rosada, testigos del encuentro, ratificaron la versión que desparramaron las referencias territoriales del radicalismo y el macrismo que se sentaron a aquella mesa.

Gabriel Bornoroni reunión a intendentes y empresas de Córdoba para mostrar líneas de financiamiento estatal

Este viernes, el empresario que cuenta apenas con dos años de experiencia política aprovechó los resortes del Estado para apuntalar su plataforma para el ’27. Juntó a 100 empresas y 50 intendentes para gestionar financiamiento con el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). La gacetilla que se difundió tras el evento destaca la gestión de Santilli y Bornoroni, quien habló de herramientas que sirven para “potenciar” Córdoba.

En ese escenario de enfrentamiento seguro que el kirchnerismo observa entre Hacemos y La Libertad Avanza, el peronismo K no ve un lugar por ahora y prácticamente reina la resignación sobre el juego provincial el año que viene. Con todo, asoma una ofrenda de paz: Kicillof no quiere molestar, tampoco la diputada Gabriela Estévez que pide una discusión sincera de todo el peronismo. Ni Natalia de la Sota rompe lanzas y se mueve con amigos del padre del peronismo bonaerense.

De sociedades y escenarios

Si en el Centro Cívico no le asignan un problema a la hija de José Manuel de la Sota a futuro, tampoco lo hace el kirchnerismo, que ve a esta provincia como una causa perdida. En especial, porque las alianzas posibles que puede tejer Llaryora -remarcan- seguirán siendo con otros actores alejados de ese extremo de la grieta. Como Mauricio Macri, por ejemplo.

No observan casual el revival amarillo que se vio en las últimas tamizadas del gabinete de Llaryora. Ércole Felippa, Hernán Lacunza y Gabriel Frizza lograron puestos encumbrados, que siguió al gesto de repliegue cordobesista en Marcos Juárez, municipio que irá a las urnas el 6 de septiembre y que constituyó en punto cero de los acuerdos que, un año después, llevaron a Macri a la Casa Rosada.

Martín Llaryora sumó a funcionarios de Mauricio Macri a su gabinete y empresas del estado

“A Milei no le preocupa Juan Schiaretti, no le mueve aguja. Sí le jodería un pacto del cordobesismo con Macri, esa es la real prenda de cambio”, razonaba un veterano peronista.

Máximo Kirchner, pasajero en tránsito

En esa línea de análisis, el kirchnerismo jamás será un problema para Llaryora, porque en Córdoba quedó reducido a un puñado de nombres; porque el alto perfil de CFK es una excusa más para no subirse a un tren de unidad panperonista; y porque son otros actores los que pueden tributar al objetivo de que el voto cautivo hace casi tres décadas no migre a LLA en la ronda ejecutiva local.

Máximo Kirchner y el gobernador de La Rioja Ricardo Quintela

De la Sota podría ser una carta segura, pero otra hipótesis que se escucha en los fillones K es que Massa no traicionará a Llaryora, pero cobrará el favor alguna vez.

Máximo Kirchner pisará este domingo suelo cordobés tras su paso por La Rioja, donde participó de la cumbre organizada por Ricardo Quintela.

¿Vendrá a explicar que la jugada de CFK no embarra nada? En los circuitos locales eligen explicar la movida de la expresidenta como un gesto altruista, para que la dirigencia política no se sienta acobardada y coartada por artilugios de poderes concentrados.

Dicen que Kirchner será un pasajero en tránsito, que no tendrá agenda política. Habrá que ver, porque hay dos cosas ciertas: Llaryora no es Schiaretti y sumó al kirchnerismo a su gobierno (Martín Gill, Mariana Caserio, el massista Agustín González, entre otros nombres) y el peronismo en todas sus variantes habla más de lo que se cuenta en este suelo.

También te puede interesar
Temas

Las Más Leídas

Más Sobre Política