EL PAN Y LA TORTA

La trampa de Malvinas: Javier Milei, entre Estados Unidos y China

La causa de las islas necesita respaldo de las dos superpotencias, pero el alineamiento ultra con Washington bombardea el vínculo con Pekin. ¿Misión imporible?

El brote malvinero de necesidad y urgencia de Javier Milei somete la política exterior del Gobierno a un dilema sin solución aparente: cómo conciliar el hecho de que la ofensiva descansa en las señales hostiles de Donald Trump al Reino Unido, lo que lo llevaría a reforzar el alineamiento automático con Estados Unidos, con el deber de mantener el respaldo para la causa del Sur Global, en el que China talla fuerte.

Esa aporía –una imposibilidad lógica– se hace más flagrante en momentos en que Pekín multiplica los gestos de molestia frente al gobierno argentino.

Esas señales incluyen una advertencia sobre la vigencia del swap de monedas renovado el mes pasado por el equivalente a 19.000 millones de dólares, valioso para las tensiones cambiarias esperadas en la campaña electoral.

Asimismo, un aviso con luces de neón de que las decisiones nacionales en la ONU serán sometidas a fuerte vigilancia en lo inmediato.

En una actitud infrecuente para una diplomacia de bajo perfil, la embajada de China en Buenos Aires viene repitiendo comunicados de denuncia sobre la injerencia estadounidense en las decisiones del país. La semana pasada se quejó de dichos especulativos –o directamente falsos– del director de Comunicación Digital, Juan Pablo Carreira, sobre la presunta responsabilidad del gigante asiático en una trágica riada en la frontera entre Nepal y el Tíbet.

La protesta fue escuchada por el consejero argentino Guillermo Simunovich, quien debió acudir a una convocatoria de la Cancillería de Pekín por la ausencia momentánea en esa ciudad del embajador Marcelo Suárez Salvia.

Una lista larga de querellas

China no se erizó solo por los dichos de ese funcionario menor. Hay mucho más:

  • La creciente interferencia que supone el alineamiento automático que Milei le obsequia a Trump en la relación bilateral.
  • La funcionalidad de ese seguidismo a la Doctrina Donroe, que pretende desalojarla del acceso a recursos estratégicos en América Latina y que acaba de tener un debut rutilante con el sometimiento de Venezuela.
  • El reciente acuerdo de inversiones y comercio que apunta, como objetivo prioritario, a reducir el rol de Pekín en el país.
  • La imposición de la llamada "cláusula antichina", que veda la participación de empresas vinculadas a Estados, en negocios como la licitación de la hidrovía, el proyecto AMBA I para ampliar la red eléctrica del Área Metropolitana de Buenos Aires y la privatización del Belgrano Cargas.
  • El silencio de Pablo Quirno ante el apriete del embajador Peter Lamelas a la cooperativa neuquina CALF para que frene un acuerdo con la empresa Huawei.

La relación argentino-china, vital para nuestro país, fue puesta así en revisión total y se enfrenta en lo inmediato a una prueba de fuego.

Una línea roja en el suelo

China advierte que Milei no debe cruzar una línea roja que podría trazar muy pronto en las Naciones Unidas.

En octubre de 2022, Joe Biden impulsó en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, una iniciativa para poner la lupa sobre la situación de los derechos humanos en la provincia china de Xinjiang, denunciada entonces por un informa de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Ese texto dio cuenta de aparentes crímenes de lesa humanidad contra la minoría musulmana uigur, acusada por Pekín de separatismo.

A la hora de la votación, China debió empeñarse a fondo para que el tema, que considera central para su soberanía, no fuera abierto: hubo 19 votos en contra, 17 a favor y 11 abstenciones.

Pekín especula que Trump podría imitar a Biden y volver a plantear el tema el mes que viene en el Consejo, donde Washington contaría con una relación de fuerzas a priori más favorable que hace cuatro años.

Estados Unidos no es hoy miembro de ese organismo de 47 sillas que se renuevan por decisión de la Asamblea General, pero eso no le impediría filtrar el expediente a través de países aliados.

Tampoco Argentina es hoy parte del Consejo, pero Pekín observaría, en caso de que el asunto avanzara, su actitud. ¿Respaldaría un proyecto en ese sentido y, aunque no pudiera votar, argumentaría a su favor en las deliberaciones de las que puede ser parte?

Un eventual éxito estadounidense en ese organismo abriría una hipótesis todavía más espinosa: un intento de Trump en la Asamblea General.

Milei ya está avisado: el expediente sobre Xinjiang es una línea roja que deberá respetar si pretende que la relación no se desmadre definitivamente.

Una política exterior contrahecha

Por su apoyo militante a Flávio Bolsonaro para las elecciones del mes que viene, que incluyeron insultos a Luiz Inácio Lula da Silva, el Gobierno viene de precipitar la virtual ruptura de relaciones con Brasil. Aquella intervención de Milei en un acto de campaña debe considerarse a cuenta y orden de Trump.

Javier Milei y Flávio Bolsonaro.

Javier Milei y Flávio Bolsonaro.

El alineamiento canino tiene expresiones políticas como esa y otras formalmente diplomáticas, que se traducen en un historial de posturas curiosas en Naciones Unidas.

Entre las recientes, la más irritante fue la votación de marzo en la Asamblea General contra una resolución que declaró la trata transatlántica de esclavos africanos como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia.

Cabe repasar el resultado: 123 votos a favor, 52 abstenciones y apenas tres en contra: Argentina, Israel y Estados Unidos. Si este último país pudo haber estado motivado por el interés de evitar que el texto sea la base de futuros reclamos de resarcimiento económico a los países explotados, lo de los otros dos fue de pura onda.

El abandono de la tradición de condena al embargo contra Cuba; el rechazo al ingreso de Palestina a las Naciones Unidas y la oposición –en nombre de la "batalla cultural"– a dos simples resoluciones, una sobre la protección de los derechos de los pueblos indígenas, y otra por la prevención de la violencia contra mujeres y niñas, forman parte de un track record más amplio y asombroso. Hasta Estados Unidos avaló esos dos últimos proyectos…

¿Será un anticipo de cierta autonomía o mera casualidad el desmarque de la semana pasada, cuando, al revés de Washington, Buenos Aires votó en la Asamblea General a favor de la adopción de una nueva representación cartográfica del mundo, que muestra más grande a África y más chico a Estados Unidos, entre muchos otros países, incluida la Argentina?

Fuentes: Natural Earth y La Nación.

Fuentes: Natural Earth y La Nación.

Mientras esa anécdota se esclarece, todo lo mencionado hace que la reputación del Estado argentino se devalúe ante cada decisión de una política exterior hiperideologizada que ignora una larga tradición, principios basales del interés nacional y las recomendaciones de un staff diplomático ya sea ninguneado, ya sea sometido a autocensura.

La aporía malvinera de Javier Milei

"Recientemente, el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están reevaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua. Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir. Sin ello, nada de esto sería posible", dijo el jefe de Estado en la cadena nacional del jueves a la noche.

Eso impone la pregunta por la confiabilidad de un líder voluble en sus posiciones, cuya forma de negociar es crudamente transaccional, dueño de lectura del mundo que se guía por el poder puro y duro, y muy dado a la instrumentalización de quienes lo adulan.

¿Dejaría de reevaluar su postura sobre Malvinas si el gobierno británico lo ayudara a salir del entuerto en Irán o aceptara elevar su aporte al financiamiento de la OTAN?

Por lo pronto, al día siguiente de la cadena de Milei, posteó en la red social de su propiedad, Truth Social ("Verdad", casi un Pravda soviético), una foto del encuentro que mantuvo en abril con el rey Carlos III.

Más allá de los riesgos que supone confiar una movida tan desigual, arriesgada y fértil para las represalias, la movida de Milei tiene un problema de fondo: si Trump, como cree, le brinda una ventana de oportunidad para el expediente Malvinas, alinearse acríticamente con él podría hacer que la causa languideciera por falta de otros apoyos fundamentales.

Una verdadera aporía.

Tierra de fuego

Cuando se tocan los principios del Sur Global y de su gran protectora, China, cruje todo el edificio precario de la conversión malvinera del Presidente, que, por otro lado, aún deberá probar si la sugerida conversión desde su rareza anarcocapitalista al soberanismo común a las ultraderechas internacionales es más que un ardid.

[Una digresión. Ese soberanismo sigue de moda: los extremistas –muchos directamente neonazis– de Alternativa por Alemania (AfD) arrasaron este domingo en una elección local y quedaron por primera vez desde la era de Adolf Hitler en condiciones de gobernar un estado federado, en este caso el de Sajonia-Anhalt].

La sospecha de la sombra estadounidense detrás de la relanzada base naval integrada en Tierra del Fuego no es sólo cuestión de analistas y Fuerzas Armadas preocupadas, como escribió Guillermo Villarreal en Letra P. También China analiza esa hipótesis.

Que esa instalación nazca como binacional, como sugirió su encuentro de abril de 2024 en esa provincia con la entonces jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, parece poco probable. Semejante intento muy difícilmente pasaría el filtro del Congreso.

Javier Milei y Laura Richardson, en Tierra del Fuego.

Javier Milei y Laura Richardson, en Tierra del Fuego.

Sin embargo, eso no le impediría a la hiperpotencia poner un pie en una zona al parecer rica en un recurso estratégico como el petróleo y, más que eso, en la futura puerta a un paso transoceánico de enorme importancia estratégica en su disputa por la hegemonía global con Pekín.

No por nada la Estrategia de Seguridad Nacional desvelada en diciembre y su sustrato, la Doctrina Donroe, propone convertir al continente en una colección de lo que Juan Gabriel Tokatlian denomina neoprotectorados.

La provisión de equipos, tecnología de telecomunicaciones, dispositivos de vigilancia marítima, capacitación, información de inteligencia, logística y, fundamentalmente, el permiso de uso para buques y aviones serían los vehículos más probables de una interoperabilidad de hecho.

Tal situación extremaría la militarización del Atlántico sur, acaso agravando y no morigerando las consecuencias de la ocupación británica sobre las Islas Malvinas.

Que la instalación y, de hecho, la provincia más austral del país pase a estar en la mira de los sistemas misilísticos y nucleares de rivales de Estados Unidos como China y Rusia no debería, en tal caso, ser considerado una mera hipótesis.

No vaya a ser cosa que el brote nacionalista del Presidente –por sus antecedentes, otro caso de simple oportunismo electoralista, al menos hasta que demuestra lo contrario– engendre una Argentina todavía más frágil y dependiente.

Javier Milei ahora se disfraza del Gaucho Rivero, señala el autor. 
Javier Milei, en cadena nacional.

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