La batalla de las intendencias

Elecciones en Marcos Juárez: el cambio también puede ser cordobesista

La ciudad históricamente antiperonista eligió a un exfuncionario de Llaryora para romper la continuidad. Gestión, sellos ocultos y las lecciones hacia 2027.

Germán Font será el nuevo intendente de Marcos Juárez. La ciudad históricamente vecinalista y luego macrista -antiperonista, sin eufemismos- expresó este domingo su pedido de cambio con el voto a un joven exfuncionario del gobierno de Martín Llaryora. Constituye un hecho inédito, cuyas particularidades puedes usarse para leer el indescifrable humor electoral rumbo a 2027.

Desde la restauración de la democracia, y en especial desde 1999 a esta parte, el PJ intentó de todo para hacer base en un enclave estratégico de la pampa gringa de Córdoba. Jamás lo logró hasta este domingo.

Martín Llaryora, el otro ganador en Marcos Juárez

Una de las explicaciones conecta directamente con la estrategia que le permitió a José Manuel de la Sota, Juan Schiaretti y Llaryora gobernar esta provincia: esconder la cepa peronista -en el Panal eligen definirse como columna de un proyecto transversal, amplio- y capitalizar el descontento vecinal con una categoría de la que se fue adueñando con el paso de las décadas, el hacer.

Se sirvió de otro viejo recurso cordobesista: la atomización opositora. Seis de las siete listas en competencia, sin sellos a la vista, fueron encabezadas por dirigentes con paso por el PRO, el Partido Libertario, La Libertad Avanza o Encuentro Vecinal de Aurelio García Elorrio. El triunfo con el 46% de los votos y 26 puntos de distancia sobre Pedro Dellarossa es una mala noticia para todos los listados, que hicieron del ahora ex kilómetro cero del cambio su base para elecciones provinciales y nacionales.

Llaryora contendrá los fervores de una cucarda que jamás pudieron ponerse sus antecesores en el cargo y no se subió al escenario de las celebraciones para evitar disonancias. Al peronismo le dio rienda suelta, porque un festejo no se le niega a nadie: Schiaretti, la senadora Alejandra Vigo, el intendente capitalino Daniel Passerini festejaron en las redes sociales. La vicegobernadora Myrian Prunotto y altos funcionarios llegaron a la casona del festejo de Font.

Llaryora siguió el libreto institucional para completar el combo. Felicitó a su exintegrante del Ministerio de Bioagroindustria y lo invitó a su despacho para empezar a buscar soluciones para la ciudad que del vecianlismo pasó al macrismo y dará en adelante una oportunidad a este cordobesismo open mind.

Marcos Juárez cambió otra vez

El comportamiento del electorado marcosjuarense que, especialmente desde 2014, se mira como un anticipo de los humores electorales, se animó este domingo al cambio drástico si se tiene en cuenta que siempre rechazó a candidatos con origen en el PJ.

Ese traspaso no puede desvincularse de un factor estrictamente local como el desgaste de sus referencias vecinalistas y macristas. Igualmente se observa la misma tendencia en cada una de las 427 elecciones municipales de esta provincia. Si la comunidad está conforme y aprueba por encima del 60% la gestión de su autoridad municipal, la continuidad no se discute. Por debajo de ese número, empieza la zona de peligro y la balanza se termina inclinando conforme a los acuerdos de las fuerzas retadoras.

Así fue turno electoral tras turno electoral tallándose un perfil electoral complejo que llegó a votar en un 54% a Cristina Fernández de Kirchner y en más de un 70% a Mauricio Macri o a Javier Milei. Luis Juez y Rodrigo de Loredo lograron un millón de votos en elecciones intermedias y Schiaretti y Llaryora ganaban a su turno en la provincia. No es excepción encontrarse en Córdoba con gobiernos ideológicamente distintos en los tres niveles del Estado.

Es la gestión, estúpido

El triunfo de Font anima al llaryorismo, porque ganó un municipio esquivo y porque Juez puso la cara para evitar que el gobernador igualmente festejara si ganaba el exintendente Dellarossa, hasta hace unos meses ministro de Producción en el gabinete provincial. También, porque “es la gestión, estúpido”.

La intendenta macrista Sara Majorel antepuso su interna con Dellarossa y no aprovechó la ventanilla directa que se le abría con el gobierno provincial. La interna amarilla la dejó atrapada entre quienes querían un salto directo a La Libertad Avanza, aquellos que querían que la sede porteña siguiera digitando y quienes buscaban una identidad local e independiente. El contexto que afecta a todos los municipios por igual también ejerció su injusta tiranía.

La sociedad marcosjuarense hizo cargo con su voto a Dellarossa, a quien metió en el pelotón de responsables. Al resultar ganador un peronista de una manera escandalosa, no puede argumentarse directamente que le reprocharon su salto al cordobesismo como tantos otros amarillos en 2023.

Las encuestas fueron lapidarias con la contadora. Con la gestión desaprobada, el sentimiento de cambio empezó a reflejarse de manera contundente.

Cambio, la palabra maldita y sus lecciones

Una situación similar se vive en la provincia. Encuestadoras de distinto pelaje marcan ese clima de cambio que dirigentes con aspiraciones como el libertario Gabriel Bornoroni, De Loredo o Juez militan con fervor.

En la mesa chica de Llaryora, que ponderan su animalidad en las campañas, se han fijado como objetivo -y el círculo empieza a cerrar- llegar al 60% de aprobación de la gestión. La gente, en simultáneo, sigue valorando la administración activa del Estado.

Hacer proyecciones hacia 2027 con Marcos Juárez es un defecto incorregible de una elección aislada del resto y en la antesala de la ronda ejecutiva en la provincia y los municipios, pero deja elementos que pueden servir para todas las canteras:

  • Acotar la discusión a la jurisdicción que importa asoma como primer acierto. Dellarossa rompió con esa regla que él redactó para esta campaña, en su rol de referente y favorito, cuando sumó “a título personal” a Juez, a Macri y Patricia Bullrich una semana antes del cierre de campaña. La agenda fue vecinal: no se discutió el plan provincial o nacional.
  • Esconder las marcas electorales y los padrinazgos se planteó desde este medio como una estrategia válida para buscar entrarle a una sociedad cansada de caciques, promesas, viejas prácticas políticas y problemas crónicos.
  • La unidad hace la fuerza. La atomización de la centroderecha en seis listas de siete fue el sello distintivo y su ancla. La unidad del peronismo, en este caso, la clave. El festejo de llaryoristas como Gustavo Brandán, con schiarettistas como Sergio Busso y massistas como Agustín González en el búnker de Font fue un claro mensaje a la interna del PJ.
    El peronismo unido detrás de la candidatura de Germán Font, nuevo intendente de Marcos Juárez

    El peronismo unido detrás de la candidatura de Germán Font, nuevo intendente de Marcos Juárez

  • El electorado se anima a los saltos. La irrupción de Milei, un outsider, demostró que la gente ya no le teme a los giros copernicanos. Esta vez ocurrió en una sociedad conservadora como la marcosjuarense decidió un golpe de timón e hizo algo que parecía impensado como el triunfo libertario: que un peronista, en un armado amplio, gobierne por primera vez en su historia la ciudad cabecera de un departamento con un producto geográfico bruto per cápita un 29% por encima del promedio provincial.

Cambio sigue siendo la palabra clave. Aunque esta vez, la arrebató el cordobesismo con cara nueva, pero difícilmente pueda volver a usarla en 2027. Ironías del destino en una ciudad que rompe esquemas y que dejará a más de un precandidato pensando.

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