Si quieres que algo sea hecho, nombra a un responsable; si quieres que algo no funcione, crea una comisión. La máxima, que se le suele adjudicar a Juan Domingo Perón, pero también a Napoleón, podría ser el peor augurio para el gobierno de Javier Milei, que vuelve a prenderle velas a su mesa política para intentar ordenar, precisamente, la política. Por un error no forzado, la victoria con sabor a derrota del proyecto de inviolablidad de la propiedad privada en el Senado, esta semana se formó una tormenta perfecta que pasó de verde a amarillo casi todas las luces del tablero de control.
El posteo de Tini Stoessel con "la Patria no se vende", que coronó el éxito de una campaña antiextranjerización de tierras más potente que la supuesta campaña antiargentina; la represión fuera del Congreso y la pérdida del control de la calle; la doble marcha atrás con la derogación de la ley de tierras (después de 20 borradores); el 2,9% de inflación porteña; la solapada crítica de la Iglesia autóctona a la "libertad" económica, días después de anunciar la llegada de León XVI prevista para noviembre; los gobernadores potencialmente aliados para 2027 que grabaron videos mostrando los dientes; y, por sobre todas las cosas, una oposición que se mostró unida, fueron los ingredientes de un combo ¿letal? para un Gobierno que tomó nota de lo ocurrido.
A diferencia del Milei modelo 2024, el que despotricaba contra la casta y al que no le importaba perder en el Congreso agitando la bandera del principio de revelación, el Milei 2026 abrazó el pragmatismo porque aspira a ser reelecto y ahora habla de "la alta política" porque la estigmatización detrás del concepto de "casta" se la llevó Manuel Adorni a su casa... a alguna de ellas.
Algo nuevo, algo viejo
Si bien no siempre lo viejo funciona -huellas de El Eternauta-, a la Casa Rosada no le queda otra. "El Presidente de la Nación tomó la decisión de conformar una mesa política nacional. La misma será presidida por él y estará conformada por: Karina Milei, Guillermo Francos, Patricia Bullrich, Santiago Caputo, Martín Menem y yo”, escribió el eyectado vocero investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Fue el 8 de septiembre, 11 meses atrás, después de que La Libertad Avanza perdiera las elecciones bonaerenses contra el peronismo.
Sin Adorni ni Francos, la mesa política actual está conformada por nueve personas sin contar a Milei (se sumaron Diego Santilli, Toto Caputo, Ignacio Devitt, Fabián Fernández y Lule Menem), que se juntan cada martes. La reunión de la semana que viene promete ser para alquilar balcones, con una previa de pase de facturas subterránea. Una conducción colegiada inédita para el verticalismo mileísta en el que Javier se encarga de la economía y Karina, de la política.
Apunten contra Federico Sturzenegger
El coro de críticas a Federico Sturzenegger, ideólogo del proyecto de ley que esta semana se llevó todas las miradas y de otras desregulaciones que milita Milei, se repite en el Senado y en Balcarce 50. El traspié de esta semana forjaría la "claúsula Coloso": a partir de la semana próxima, la mesa política decidirá qué proyectos son impulsados en el Congreso, adelantaron fuentes oficiales. "Se terminó la era de los librepensadores", prometió un integrante, creyendo desconocer que Sturzenegger piensa algo distinto a Milei. Pero este es otro Milei, el que busca la reelección.
Mientras la oposición aliada le lloraba a la Casa Rosada que la extranjerización era invotable, más desde el fervor nacionalista producto del trapo "Las Malvinas son argentinas" de la Selección en el Mundial, la autocrítica oficial pasa por otro lado. El sector de Santiago Caputo lo llevó al plano de la batalla cultural y hasta se miraron en el incómodo espejo de Luiz Inácio Lula da Silva (porque Brasil permite la compra del 25% de tierras por parte de extranjeros). El problema de la ley no fue la ley, fue un tema de mala praxis por el cual se perdió el debate público (en las redes sociales).
"Nadie la defendió porque no se charló en la mesa política cómo defenderla. A partir de ahora, eso no ocurrirá más", prometieron en un despacho, donde pusieron en un cajón el resto del paquete desregulador de Stuzenegger que Milei promocionó como "la revolución de los seguros" y que incluye cambios en la industria del libro, en el tráfico marítimo y hasta en el sistema financiero.
En el Ministerio de Desregulación avisan que siguen trabajando como hasta ahora, a la espera de la reunión de la mesa política. Lo cierto es que ni siquiera los retazos que quedaron de la iniciativa de inviolabilidad tienen garantía de volverse ley en Diputados, tras el ajustado número en la cámara alta. La militancia libertaria ni siquiera atinó a construir la narrativa de una victoria pírrica, después de no haber podido voltear justo dos leyes K (la de tierras y la del manejo del fuego, de Máximo Kirchner).
En soledad quedó Bullrich cantando loas a "la rosca", esa práctica que Milei dice despreciar.
Negociar, desde la debilidad
"Más allá de la ley, que era una porquería, el problema fue que le diste a la oposición un techo común en el que todos pudieron cobijarse", graficó un funcionario. Siguiendo la metáfora: también se resguardaron de la lluvia mandatarios aliados, que avisaron que su tropa legislativa no votaría la extranjerización, si bien cuando se firmó el dictamen no dijeron ni mu.
En el oficialismo sospechan que para las votaciones clave que se vengan, en especial la eliminación de las PASO, esos votos acaban de subir de precio. Un ala del Gobierno abre el paraguas y afirma que tal vez sea mejor mantenerlas, pensando en que fomenten el voto miedo si en las primarias el PJ logra una buena performance. Lo que septiembre del año pasado fue para octubre en la provincia que gobierna Axel Kicillof: después de perder, Milei ganó y se olvidó por unos meses de la mesa política que había creado.
La actualidad es otra. "Ya veníamos en una posición de debilidad, con la parálisis por el tema Adorni y la baja en las encuestas", lamentó una fuente oficial. Un sector del Gobierno busca aprovechar el momento para convencer a Karina Milei de lo contrario a lo que le aconsejan los Menem: firmar ya los preacuerdos distritales 2027 con un puñado de gobernadores para formar un frente antiperonista y, con el resto, sellar algún tipo de pacto de competencia leal, a cambio de la promesa de acompañamiento legislativo.
Este sector patea las reformas mileístas para después de la reelección. Falta que Milei la consiga.