El crecimiento del tránsito pesado hacia Vaca Muerta está modificando el escenario vial de La Pampa. El incremento de camiones que atraviesan el territorio provincial, sumado al deterioro de corredores nacionales por la falta de inversión del gobierno nacional, genera una presión creciente sobre rutas provinciales que originalmente no fueron diseñadas para soportar de manera permanente ese volumen y tipo de cargas.
La situación obliga al gobierno de Sergio Ziliotto a incrementar de manera sostenida los recursos destinados al mantenimiento y rehabilitación de pavimentos, a través de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV).
No es un fenómeno menor ni una cuestión exclusivamente técnica. Detrás del deterioro de una ruta hay una decisión sobre quién se hace cargo de sostener la infraestructura que permite que la producción circule. Y en La Pampa, cada vez más, esa responsabilidad termina recayendo sobre las arcas provinciales.
Muchos camiones que se dirigen hacia Vaca Muerta, particularmente los vinculados al transporte de arena, encuentran rutas nacionales deterioradas y buscan alternativas en la red provincial. Eso genera una exigencia estructural para la cual muchas de nuestras rutas no fueron concebidas.
El fenómeno tiene una consecuencia directa sobre la planificación vial ya que la provincia debe intervenir con mayor frecuencia y destinar cada vez más recursos para mantener niveles adecuados de transitabilidad y seguridad. No estamos hablando solamente de reparar un pavimento: estamos frente a un cambio en las condiciones de uso de determinados corredores y tenemos que adaptar nuestra infraestructura a esa nueva realidad.
El impacto del abandono de las rutas nacionales
El crecimiento del tránsito sobre la red pampeana no puede analizarse de manera aislada de la situación que atraviesan las rutas nacionales. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, La Pampa viene reclamando por el deterioro de corredores estratégicos y por la paralización de la inversión en infraestructura vial.
La decisión de la Nación de retirarse de la obra pública tiene consecuencias concretas. Cuando una ruta nacional pierde condiciones de transitabilidad, el transporte busca otros caminos. Parte de ese tránsito termina sobre las rutas provinciales y el costo de sostener esas vías recae sobre los recursos de La Pampa.
En ese escenario, el gobernador Ziliotto planteó en reiteradas oportunidades la disposición de la provincia para hacerse cargo de las rutas nacionales dentro del territorio pampeano, pero con los recursos correspondientes, entre ellos los provenientes del impuesto a los combustibles que tienen asignación para infraestructura vial.
La provincia tiene la decisión de cuidar y mantener las rutas porque sabemos lo que significan para el desarrollo y, fundamentalmente, para la seguridad de las personas. El planteo del gobernador es muy claro: estamos dispuestos a hacernos cargo, pero Nación debe transferir también los recursos que legalmente corresponden.
No vamos a ser cómplices de la malversación de fondos que hace Nación con recursos que tienen una finalidad concreta y que hoy no está cumpliendo. El impuesto a los combustibles genera fondos que deben volver a las rutas. Si esos recursos se cobran, tienen que utilizarse para aquello para lo que fueron creados.
Es inaceptale que La Pampa tenga que poner cada vez más recursos propios para absorber las consecuencias del deterioro de las rutas nacionales mientras la Nación recauda fondos específicos y no los devuelve en infraestructura. Hay una responsabilidad que el gobierno de Milei debe asumir.
Una red provincial que debe adaptarse
Frente a este escenario, la estrategia pampeana combina mantenimiento permanente, rehabilitación de pavimentos, señalización, refuerzos estructurales y nuevas soluciones de seguridad vial. Uno de los proyectos que marca ese cambio de concepción es la denominada “ruta segura” prevista sobre la Ruta Provincial 1, en el tramo comprendido entre la Ruta Nacional 5 y Macachín.
La iniciativa incorpora carriles de sobrepaso en sectores específicos, refuerzos estructurales y reparaciones sobre los sectores deteriorados. También prevé herramientas tecnológicas para el control de cargas, entre ellas sistemas de pesaje dinámico, con el objetivo de reducir el impacto que genera el exceso de peso sobre el pavimento y mejorar las condiciones de circulación.
La infraestructura tiene que evolucionar junto con las nuevas demandas. Si tenemos corredores que reciben cada vez más transporte de cargas, debemos pensar rutas preparadas para ese tránsito, incorporar tecnología, mejorar los controles y generar condiciones más seguras para todos los usuarios.
La planificación alcanza además otros corredores provinciales. En la Ruta Provincial 13, que integra la denominada “Ruta de la Cría”, se desarrollan intervenciones destinadas a mejorar las condiciones de circulación y seguridad; mientras que la Ruta Provincial 20, conocida como Ruta del Desierto, constituye otro de los ejes estratégicos por su conexión regional y el intenso tránsito de cargas y turistas que recibe.
Las rutas integran a la sociedad
La discusión sobre la infraestructura vial excede el estado del pavimento y debe vincularse con el derecho de las personas a desplazarse de manera segura. Una ruta en buenas condiciones significa producción, comercio y turismo, pero también permite llegar a una escuela, acceder a un centro de salud, trasladarse entre localidades o simplemente ejercer el derecho a circular con seguridad. Las rutas integran territorial y socialmente a La Pampa.
La seguridad vial es una responsabilidad del Estado. Por eso nuestra decisión es seguir invirtiendo, planificando y cuidando la red provincial. Una provincia que quiere desarrollarse necesita corredores que acompañen su producción, pero fundamentalmente necesita rutas que den garantías y protección a las personas que las utilizan.