Massa mantiene un diálogo fluido con Cristina, a quien visita en San José 1111, y oficia como mediador en el conflicto con Kicillof. En el cristinismo hay quienes ya se animan a decir que se posiciona como el candidato con el que la exmandataria buscará sacar de la carrera por la Casa Rosada al gobernador. El massismo no se apura por subirse a ese tren. Dice que, al final del camino, habrá paz entre Kicillof y CFK. Hoy, parece imposible.
El peronismo y el dilema de las PASO
Más allá de las diferencias, tanto Massa como Cristina y Kicillof coinciden en que es necesario que el peronismo sostenga la existencia de las PASO como herramienta que les permita organizar la interna de la mejor manera posible. Puntean los posibles votos en el Congreso. A contramano, el gobierno de Milei se concentra en conseguir apoyos para eliminarlas y cree que puede lograrlo.
El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el subsecretario de Gestión Institucional, Lule Menem, son los encargados de desplegar ofertas para que los gobernadores aporten manos en el Congreso. Por ahora, no las consiguieron. La semana pasada hicieron correr la versión de que el toma y daca con las provincias podía incluir el regreso de las listas colectoras. A los mandatarios no les cierra.
Massa les dijo en privado a varios gobernadores que la Casa Rosada les está ofreciendo “un chupetín de madera”. Entiende que, desde que existe la boleta única de papel, la implementación de las colectoras no les ofrecería ningún beneficio. No sumarán votos propios. Se trata simplemente de tildar un casillero. Piensa que no se dejarán convencer tan fácil.
Kicillof también habló con varios de sus pares. La mayoría le dijo que no está de acuerdo con la eliminación de las PASO, pero el gobernador bonaerense desconfía. Sabe que a muchos mandatarios les basta con que la Casa Rosada no se meta en sus provincias. El Gobierno tiene más que colectoras para ofrecer. También puede prometer que, a cambio de los votos para la eliminación de las PASO, dividirá la oferta electoral propia para allanarles a los gobernadores el camino a la reelección.
La gran pregunta es si esa promesa será cumplida. En las provincias le pasan factura al Gobierno por los incumplimientos del pasado. Ahora, Menem y Santilli juran que será diferente. Promueven acuerdos amplios y se muestran dispuestos a ceder candidaturas, a contramano de lo que hicieron en 2025.
Kicillof advierte que Karina Milei no cumplirá y llama a sostener las PASO si quieren armar una oferta opositora competitiva. Santilli les pide a los gobernadores que aguanten hasta fin de año para definir su posicionamiento. Para entonces, el Gobierno cree que llegará la tan ansiada recuperación económica.
La llave económica
Massa y Kicillof comparten preocupaciones sobre el impacto fiscal del RIGI y el súper-RIGI y coinciden, también, en que la marcha de la economía será determinante para definir las chances del peronismo y el posicionamiento de los gobernadores. La mayoría de los mandatarios decidió desdoblar las elecciones provinciales y tendrá definido su destino en el primer semestre del año. Una vez terminado el proceso, decidirán su posicionamiento frente al Gobierno nacional.
Es simple. Los dialoguistas se subirán al barco violeta si Milei se mantiene competitivo. Por el contrario, trabajarán para la oposición si el deterioro libertario se sostiene. La mayoría de las encuestas muestran que hubo un freno en la caída del Gobierno que se ubica cerca de los 40 puntos. Massa dice que el número es mucho más bajo. La última encuesta de Inteligencia Analítica, que le reporta todo online, muestra al Presidente con una imagen positiva de 27,3% y una negativa de 62,9%.
Según ese sondeo, si las elecciones fueran hoy, un candidato del peronismo unido le ganaría a Milei en primera vuelta. Es la única encuesta que lo plantea en esos términos. Sin embargo, el antiperonismo pesa. Ningún candidato peronista tiene un triunfo asegurado en un eventual ballotage. Massa cree que al Gobierno solo le irá bien si se anima a quemar los manuales y mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores.
Kicillof también analiza que “la ventana de diálogo con la sociedad” para el peronismo se abrirá en la medida que la economía siga teniendo los desfasajes que padece hoy, con un crecimiento que convive con el deterioro de casi todos los indicadores, salarios, industria y desempleo. La expansión económica apalancada en el agro y la minería que no derrama sobre otros sectores.
Aún con números complicados, al peronismo no le resulta fácil la conversación, tras la experiencia del gobierno del Frente de Todos, que dejó una inflación acumulada de más de 900% en cuatro años. Massa dice antes sus colaboradores que eso encontrará una explicación concreta: “La heladera”. Es decir, el deterioro en las condiciones reales de vida desde 2023 hasta ahora.
La clave de la provincia de Buenos Aires
La decisión de Kicillof de desdoblar las elecciones en 2025 en la provincia de Buenos Aires fue uno de los detonantes en la pelea con Cristina, que dijo que se trataba de un grave error político que le costó al peronismo la derrota en la elección nacional de octubre, tras haber conseguido un triunfo abrumador el 7 de septiembre.
En aquella oportunidad, Kicillof atendió el reclamo de los intendentes y explicó que era prácticamente imposible para la provincia organizar elecciones concurrentes con las nacionales por cuestiones de espacio físico y logística. En la provincia se vota con la boleta partidaria tradicional, mientras que en la Nación se implementó la boleta única de papel. Por eso, dijo el mandatario, llamó a elecciones anticipadas.
El gobernador se enfrentará al mismo dilema en 2027. El desdoblamiento bonaerense dependerá, en gran medida, de lo que suceda con las PASO nacionales. La ley 14.086, que regula las primarias en la provincia, adhiere la fecha de celebración local a la nacional. Si Milei consiguiera los votos para la derogación de las primarias en el Congreso, las PASO bonaerenses caerían automáticamente.
Ahí se abriría, entonces, la posibilidad de fijar un nuevo desdoblamiento para las elecciones generales. Los intendentes están deseosos por repetir la experiencia, aunque en el gobierno provincial aseguran que todavía no lo hicieron explícito. Como parte de la interna, el massismo y el cristinismo ya meten fichas de advertencia a los jefes comunales. “Axel los va a cagar y ahora va a unificar”, les advierten.
Sergio Massa con intendentes y legisladores del peronismo que quieren suceder a Axel Kicillof
El manual de la política tradicional indica que la unificación de las elecciones beneficiaría al candidato a presidente del peronismo, que tendría a los 84 intendentes de Unión por la Patria militando, a la vez, la boleta municipal y la nacional. Ese esfuerzo suele ser efectivo cuando se hace una sola vez y se apaga cuando la elección se desdobla porque una vez que los intendentes se aseguraron el triunfo en sus distritos, se desentienden de la discusión nacional. Sobran ejemplos como el de 2025. Massa también tiene algún reproche sobre el supuesto abandono territorial de parte de intendentes y gobernadores en el ballotage 2023.
Kicillof no tiene una decisión tomada. “La elección nacional no se gana solo con la provincia de Buenos Aires. Si pensamos eso, no aprendimos nada de las últimas derrotas. También se necesitan los votos de Córdoba, de Santa Fe, de Mendoza. Todas las provincias votan en otra fecha y vamos a necesitar que todos trabajen igual. Cuando tenés un buen candidato, la gente va y vota”, dicen en La Plata. Para muestra, citan ejemplos que desmienten la teoría. Si fuera solo por el territorio bonaerense, aducen, Massa y Daniel Scioli debieron haber ganado las elecciones a presidente de 2023 y 2015, respectivamente, algo que no sucedió.
Entre las definiciones resta saber, todavía, quién será el candidato a gobernador del peronismo. Hay varios anotados en la carrera, como los intendentes Federico Otermin (Lomas de Zamora), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Mariel Fernández (Moreno), Julio Alak (La Plata), Federico Achaval (Pilar), el recién renunciado Jorge Ferraresi (Avellaneda), y el ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis.
Pero esa definición dependerá, también, de la negociación por la candidatura presidencial, hoy empantanada en la interna que intentan conducir Kicillof y Massa, también posibles competidores cuando el peronismo se siente a tomar decisiones. Habrá que esperar hasta marzo.