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CUESTIÓN DE PISOS

Inflación y encuestas, las alertas que no dejan dormir a Javier Milei

El Presidente necesita que el IPC rompa hacia abajo la barrera maldita del dos y pico y que el malestar no corroa su hinchada fiel. Por qué la tiene difícil.

Javier Milei mira con inquietud dos relojes en su tablero de control: el de la inflación y el de las encuestas. La desesperación se resume en el concepto del piso: el del IPC, que debe perforar cuanto antes el del maldito "dos y pico", y el de un núcleo duro ciudadano que necesita preservar del desencanto.

Lo primero se vincula con la tarea de Toto Caputo, quien ya se ausentó de dos reuniones de mesa política –en uno de esos casos estaba en Estados Unidos– tras la molestia que le causó la filtración de su reclamo de un ordenamiento político del Gobierno imprescindible para que el mercado internacional termine de comprar la idea de sustentabilidad del modelo.

Con Toto Caputo, ¡todo bien!

Ese diagnóstico, que supone un acuerdo legislativo y un pacto de no agresión electoral con gobernadores afines, fue cruzado por Karina Milei, cosa que fragiliza al ministro de Economía en la interna del poder y requirió una difusión de fotos por parte de Presidencia de la Nación tan prolija que sirvió más como confirmación del cruce que como desmentida.

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Todo piola. Las fotos difundidas por el Gobierno de Javier Milei y Karina Milei con Toto Caputo, el "gigante" que no consigue domar la inflación.

Lo segundo, en tanto, se relaciona con toda una dinámica de gobierno que incluye lo económico, pero excede lo inflacionario para enredarse en cuestiones de calidad de vida en franco deterioro.

También se vincula con lo político, desde el yunque de Manuel Adorni y la reiteración de escándalos de corrupción –nuevas revelaciones sobre los viajes del jefe de Gabinete, las tarjetas corporativas de Nucleoléctrica y la sugerencia de sobresueldos que realizó Santiago Fioritti en Clarín – hasta los avances antiliberales del Presidente contra la libertad de expresión.

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El piso indeseable de la inflación

Aunque el Gobierno sostenga que toda la tarea fiscal y monetaria contra el aumento constante de los precios ya está hecha y que sólo se trata de sentarse a esperar que, como dice Milei, "converja con la internacional", Caputo no debería cruzarse de brazos y limitarse al dañino ajuste perpetuo, como sugirió que lo haría, por falta de herramientas de gestión, en la reunión de alto nivel antes mencionada.

Adorni había señalado, ya en agosto de 2024, que para el Gobierno "la inflación es un tema que, desde lo técnico, está terminado". No fue así.

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Toto Caputo y Manuel Adorni.

El IPC de marzo, de 3,4%, fue una calamidad que no hizo más que agravar un rasgo constitutivo de la política oficial: el persistente y deliberado atraso de los salarios, usados como ancla insana.

Abril estaría, todo lo indica, debajo del 2,5%, lo que le permitiría al Gobierno afirmar que el sendero de la desinflación ha sido retomado. Sin embargo, es posible que eso sea solamente un autoengaño, por dos factores:

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La estimación de la inflación de abril.

- Esa narrativa se asemejaría a la de las personas con sobrepeso que suben cinco kilos más en vacaciones y que luego, al retomar su ritmo de vida habitual, regresan al registro anterior en la balanza. Eso no es adelgazar.

- El guarismo esperado para abril no haría más que ratificar la velocidad crucero del fenómeno que viene de largo y que asimismo seguiría por un buen rato, según los pronósticos del top ten de las consultoras más eficaces del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el Banco Central, un grupo selecto que subestimó el dato de marzo.

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Las expectativas de inflación que mide el Banco Central.

"Pulverizar" la Inflación

Mientras la actividad registró desde marzo un rebote que se siente más en las estadísticas que en la calle, está de más recordar las urgencias de Milei y su ministro de Economía "gigante" en esta materia. Llevar la inflación a niveles internacionalmente aceptables –por debajo del 10% anual para empezar a hablar– es el núcleo del contrato electoral entre la extrema derecha y la mayoría social que la encumbró en 2023. Además, involucra un aspecto crucial de la legitimidad de Milei como poseedor de un saber económico. Bastante complejo le resultará, en ese sentido, explicar cómo pudo haberle errado por un campo a su presagio de que el IPC comenzaría "con cero más tardar en agosto".

Si el tipo de cambio no diera sorpresas –todo indica que no las daría, por lo pronto en los meses virtuosos de la soja– y no se produjera otro shock externo o disrupción fuerte en el mercado energético, la inflación debería en algún momento del año perforar el piso del 2%, pero de ahí al "cero coma" hay una enorme diferencia, básicamente porque esos procesos llevan más tiempo que lo que sugieren los dogmas de Milei y porque la inercia sigue mandando.

Toto Caputo y el dogma del ajuste

Mayo será una nueva aventura, por las siguientes razones:

El piso del 2% para la inflación será duro –la realidad, al fin y al cabo–, y Milei y Caputo deberán admitirlo tras el efímero grito de triunfo que lanzarán el jueves 14 cuando se conozca el dato del mes pasado.

La incógnita del piso social de Javier Milei

El otro piso que acecha al Gobierno –en este caso, con la necesidad imperiosa de no agujerearlo– es el de su núcleo duro de respaldo social.

Con su caída reciente y todo, Milei sigue siendo competitivo. Tanto, que la intención de voto lo ubica todavía en terreno de posible triunfo en primera vuelta. Además, el voto gorila, ese 40% tradicional, se activará conforme avance la compleja pero inevitable reorganización del peronismo.

La última encuesta de Zuban Córdoba ratificó lo que otras vienen señalando sobre el deterioro oficialista.

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Es demasiado pronto para darlo como un hecho perdurable, pero la curva delineada por el seguimiento de la aprobación al Gobierno realizado por esa consultora parece señalar que el mileísmo se estacionó sobre ese sustrato rígido, toda vez que la misma se amesetó entre marzo y el mes pasado.

Sin embargo, el futuro de la economía probará hasta qué punto ese subsuelo es verdaderamente un mínimo para el oficialismo, lo que supondría una línea de resistencia no desdeñable.

¿Aguantará los trapos en torno al 35% de respaldo o la malaria de las empresas y negocios que cierran, los salarios y jubilaciones que no se recuperan, la informalidad laboral que reemplaza cada vez más al trabajo de calidad y el crecimiento de la Argentina primaria que no derrama?

Para el opoficialismo aludio más arribaMauricio Macri, radicales con y sin peluca, gobernadores ultraflexibles…–, las hojas del calendario vuelan una a una y pronto lo harán más velozmente.

¿Y si Milei terminara extraviando el virtual monopolio del voto antiperonista?

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