El peronismo de Córdoba se prueba el traje de árbitro para 2027
Desconfía de un gran frente opositor y relativiza a Kicillof como alternativa. Con Milei aún competitivo, apuesta a quedar en el medio y definir el ballotage.
Martín Llaryora, Juan Schiaretti y Daniel Passerini
Schiaretti y Llaryora, ¿árbitros en el '27?
“Estamos de acuerdo con que hace falta una alianza opositora. La permanencia en el poder de Javier Milei se explica porque no hay nada del otro lado”. El peronismo de Córdoba, con Martín Llaryora a la cabeza, no desentona con el cliché de cada año preelectoral, pero tampoco con el propio. No busca liderar la oposición, quiere decidir quién gana.
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El apoyo a una eventual candidatura presidencial de Axel Kicillof se diluye en las conversaciones off the record con la dirigencia cordobesista, que está atenta a todas las danzas, pero reconoce que es momento de esperar a que cambie la canción.
“El gobernador bonaerense es la segunda marca de la Coca-Cola”, dijeron en una mesa que reunió a sindicalistas, diputados y asesores celebrada en Buenos Aires. “La receta original la reservó Cristina Fernández de Kirchner. Si no pueden garantizar un triunfo con ella, menos será con otro”, resumió el sentido de la frase un cordobesista testigo de la charla.
El frente de frentes con Axel Kicillof
Desde ese sector del peronismo del interior menos creen aún que un rejunte opositor mejore la perspectiva nacional de Kicillof. Son críticos de la movida que encabezan Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot, que todos reconocen como parte de diálogos iniciales rumbo a 2027 y que se expresó bajo la idea de un frente que defina su suerte con una gran PASO de la oposición, en la que pusieron el nombre del banquero Jorge Brito.
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Emilio Monzó y Miguel Pichetto.
En el cordobesismo esas construcciones son vistas como un ejercicio ajeno. Afirman que no es una cuestión de nombres, sino de formatos. “Aplican un manual de las inferiores de la política. Son cortesanos, no tienen territorio, pero practican bien la política”, los retratan. No quieren diluirse en ese esquema, prefieren pararse afuera y condicionar.
Agregan una observación de campo, que encierra autocrítica, cuando dicen que el peronismo perdió la empatía y la conexión con la gente. Advierten que el “puntero”, ese referente del barrio, que vive ahí y que lleva la ayuda en momentos difíciles, hoy es visto por la gente como parte de la casta.
El termómetro del PJ de Martín Llaryora
“No tenemos el termómetro bien puesto”, resumen. Detrás de esas frases usadas para limar la movida opositora -de la que forma parte Natalia de la Sota, que mantiene encuentros por el país con dirigencia que alguna vez fue cercana a Sergio Massa- se esconde una percepción que justificó -siempre- el juego del cordobesismo en el plano nacional.
Hay una masa crítica que votó a Milei, hoy lo sufre y lo dice abiertamente, pero que volvería a votarlo si al frente tiene al “tren lleno de monstruos”, como lo definen en una parte del PJ cordobés.
Un análisis similar se desprende de la última encuesta nacional de Delfos, la consultora cordobesa que trabaja para el oficialismo provincial y que dirige Luis Dall’Aglio. El estudio de abril, indica el consultor, muestra que Milei entra en un momento político más delicado que una simple baja de imagen.
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“El problema ya no es solo cuánto apoyo conserva, sino qué tipo de vínculo le queda con la sociedad. Aun así, el oficialismo conserva un núcleo duro consistente y un electorado blando potencialmente reactivable bajo ciertas condiciones”, indicó.
La primera tendencia que observan es la consolidación de un piso duro de rechazo. La imagen negativa de la gestión se instala por encima de 60 puntos y la aprobación cae a 32%, mientras la actitud de “aguante” se reduce a 31%. En paralelo, 68% se ubica entre quienes se sienten defraudados o quienes nunca tuvieron expectativas en Milei. Esto sugiere que el oficialismo conserva un núcleo firme, pero pierde capacidad de contención sobre votantes más instrumentales o pacientes.
"Kicillof no crece tanto, el que se desploma es Milei", advierten en la consultora, que hoy registra al gobernador bonaerense por encima del Presidente si hubiera que votar este domingo. Sin embargo, sostienen que es una dimensión más para el análisis, que falta más de un año para la elección y alertan sobre el rol del 5% de indecisos y del 8% reactivo a los extremos, sin contar lo que podría cosechar Schiaretti.
A su juego lo llamaron desde Córdoba
Allí es donde el cordobesismo hace su juego. Efectivamente creen que podrán tallar en el ballotage jugando al medio. En este informe citado, Schiaretti conserva su capital electoral con 3,5%.
No hay que perder de vista que Llaryora buscará su reelección, que debe ir llevando al electorado a la confrontación de modelos que en los escenarios de disputas electorales locales mostraron sobrada efectividad. No al vicio las elecciones de medio término son encaradas con olor a derrota cantada.
“No va más el Braden o Perón”, dicen, otra vez, descartando cualquier engendro opositor. Llaryora podría jugar en el peronismo si la situación con Milei llega a un punto de tensión que involucre no sólo recursos, sino también la política. De hecho, alguna vez su entorno lo deslizó y mantiene vínculos vivos con el espectro kirchnerista.
Volvemos a una etapa anterior a las elecciones de 2025 cuando el cordobesismo empezó a escalar la tensión, aunque sólo en el plano discursivo. Llaryora critica puntos concretos del plan -antes eras retenciones y plan para la industria, hoy es la discapacidad, PAMI y el financiamiento universitario- y el intendente de la capital, Daniel Passerini, ya habla abiertamente de que Milei no será ungido con la reelección.
Plantear esa hipótesis machea de lleno con el rol de árbitro nacional en el que el PJ local se siente cómodo, probablemente porque es la situación única a la que puede aspirar. No es casual que insista con la necesidad de mantener el eje San-Cor con el pullarismo fuerte en el Congreso y active nombres de eventuales presidenciables del espacio: el propio Schiaretti, los gobernadores de Provincias Unidas y el radical Gustavo Valdés.
Malas noticias para Kicillof, salvo que Milei elija caminar terras mediterráneas con un candidato a la gobernación. De ese lado violeta, todo parece indicar, que no es prioridad.