De inmediato llegó la corrección: "República Federativa do Brasil", tal el nombre que quedó establecido para diferenciarlo del remedo norteamericano previo.
Puede que Bolsonaro, como le reprochó Lula en el debate inmediatamente anterior al balotaje, no conozca a fondo su país, pero sabe el nombre. El error, que no parece casual, lleva a una pregunta crucial: ¿quién escribió ese plan de acción, que apunta a un crescendo destinado a convertir a Brasil en una nueva Venezuela? ¿Podrían conseguir semejante cosa?
Un plan, de Brasilia a Caracas
Vale la pena repasar ese texto en busca de claves de lo que viene.
Bolsonaro se dirige "al pueblo brasileño y a la comunidad internacional", y agradece "al presidente Milei por la valentía, el sentido de justicia y la legalidad", "al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense" por acogerlo.
El ingreso del candidato derrotado a su país de refugio se basa en "motivos humanitarios" y rige por un año, aunque el jefe de la Casa Blanca, que ya habló sin pruebas de "amaño", prometió extender un visado para él, su esposa Fernanda y sus dos hijas.
Flávio Bolsonaro llega a Miami en el avión que partió de Puerto Iguazú con ayuda del gobierno argentino.
El comunicado bolsonarista denuncia la ocurrencia de "un fraude electoral ante mis ojos", perpetrado, según él, por el juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Cristiano Zanin, "exabogado de Lula", por haber extendido el plazo de votación durante dos horas en las urnas que aún no habían sido cerradas.
En ese plazo pudieron votar 35.000 ciudadanos más, presuntamente complicados por las trabas puestas por alcaldes bolsonaristas a la circulación de colectivos durante la jornada, pero la diferencia que le sacó Lula fue mucho, mucho mayor; 4,4 millones de votos. Este detalle llevó a los aliados y al propio Partido Liberal (PL) a reclamarle al hijo del expresidente preso por golpista —incluso antes de su fuga— que no persistiera en el ridículo y que abandonara su desconocimiento del resultado.
"Creo qué las encuestas habían mostrado una situación diferente, entonces él todavía está bajo el impacto de eso (...). Pero ni el PL ni yo podemos hacer esa afirmación [de que hubo fraude] porque no hay pruebas en ese sentido", lo tiró a Bolsonaro hijo debajo de un camión el senador Rogério Marinho, quien actuó como su coordinador de campaña y mano derecha.
Con todo, en la nota, Flávio habla sin ambigüedades de "fraude" y se basa en la "imposibilidad matemática" de que Lula "añadiera más de diez millones de votos entre la primera y la segunda vuelta". Su "prueba" es simplemente lo que él no alcanza a concebir.
Denunció, además, que "a lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político, económico y uso de la maquinaria pública a favor de la reelección".
Luego habla cinco veces de "régimen", palabra a la que añade expresiones como "dictatorial" y "de excepción", y de una "instrumentalización política de la Justicia en Brasil".
Califica de "persecución política" los juicios que se llevan adelante en su contra, entre otros motivos bastante fundamentados, por financiamiento de campaña con dinero extranjero, recepción de 12.5 millones de dólares en negro de un banquero preso por fraude y lavado de dinero a través de casas de apuestas.
Explica, con razón, que al huir de su país no pesaba sobre él ninguna orden de captura, pero considera la confiscación de sus pasaportes un preludio de un futuro seguro de prisión. Aunque ahora se sabe que la medida sobre esos documentos se fundamentaba con creces en la posibilidad de su salida de Brasil, para el presidenciable frustrado eso supuso la consumación de "un golpe de Estado".
Su punto fuerte es que el juez del Supremo que ordenó esa medida, Alexandre de Morães, está comprometido —tanto como él— en los chanchullos del banquero Daniel Vorcaro, y vincula esa ofensiva con su intención declarada de, en caso de acceder a la presidencia, abrir un juicio político contra ese y otros magistrados del alto tribunal.
"Quiero dejar claro: no hui de Brasil, salí por Brasil; salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, pues callado, preso y censurado, como está mi padre, no podría asumir ese liderazgo y quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por el Supremo, repleto de servidores del régimen", señaló.
Se comparó con otros notables que a lo largo de la historia debieron exiliarse, desde el brasileño Rui Barbosa hasta Charles de Gaulle, pasando por José Martí, y de inmediato fue a lo central:
- "En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que dejar el país por enfrentar a la dictadura chavista, y María Corina Machado, aun perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera".
Este es el nudo del panfleto.
¿Borrando con codo ajeno?
Otra vez, una mano extraña introdujo una pizca —sólo eso— de prudencia.
La primera versión del comunicado señalaba que "este es solo el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decir, no solo a mis 60 millones de electores, sino al pueblo brasileño, que yo soy el presidente electo y que los criminales que robaron la elección de Brasil son parte de una organización criminal que implementó una tiranía. A ustedes que anhelaban el cambio, les digo que no los voy a abandonar; seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación".
Tras la enmienda, donde decía "soy el presidente electo" quedó "soy el líder".
Luego prometió dirigirse "regularmente al pueblo" y liderar la oposición desde el autoexilio, pero no queda claro cuántos dirigentes que lo venían acompañando acatarán ahora sus designios.
"Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el día 25 de octubre. Sólo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día va a llegar", remató antes de invocar a Dios.
Las cartas de Lula da Silva
Una fuente del gobierno brasileño le dijo a Letra P que "ese intento nace muerto". "No somos un país pequeño. Ya nos amenazaron con las diez plagas de Egipto y nos impusieron un arancel del 50% durante meses para evitar el fallo judicial [N. del R.: contra Jair Bolsonaro por golpismo] de un Estado democrático. Estamos probados frente a esos embates", advirtió.
Al menos provisoriamente, algo de eso parece haber, al menos a juicio de los principales actores del mercado financiero, que este miércoles se movieron más atentos a las perspectivas económicas en el Lula 4.0 y al futuro de las cuentas públicas que al ruido político.
La bolsa de San Pablo cayó 2,71% por tercera rueda consecutiva, producto del inflador que le había puesto la especulación sobre una victoria de la derecha, pero el dólar encontró techo, bajó 0,19% y cerró a 5,34 reales.
La posibilidad de un recrudecimiento de las sanciones estadounidenses podría alterar ese estado de cosas. La fuente consultada por este medio admitió que "con esa gente [el trumpismo] nunca se sabe, pero no podemos preocuparnos por lo que no controlamos".
"Lo fundamental —siguió— es que todo el mundo sabe cuál es la verdad y ni siquiera la oposición en Brasil se sube a esto. El tipo [Flávio Bolsonaro] les mintió en la cara a sus aliados, a quienes les dijo que lideraría la oposición mientras estaba preparando su fuga. Y ahora emitió un comunicado que tuvo que modificar por orden de sus anfitriones".
¿Viste lo que dijo Trump?", me preguntó la fuente. "Sé que le dimos permiso [a Bolsonaro] para entrar al país, así que ya veremos. Pero yo no voy a involucrarme. Fue una elección muy extraña", fue y vino, aunque sin extremar la agresividad.
"El martes que viene, Trump va a tener que ocuparse de otra 'elección amañada' que le va a demandar más energía", estimó la fuente con sarcasmo.
"Si Flávio quiere ser un nuevo Guaidó, allá él. Para nosotros, este es un tiempo de prudencia", añadió.
En el Palacio del Planalto descuentan que la relación con Estados Unidos va a seguir tensa y esperan con atención el resultado de las midterms; creen que de ellas va a salir un Trump debilitado.
Además, ponen las expectativas en el encuentro que el republicano y Lula puedan concertar entre el 14 y el 15 de diciembre en Florida, en el contexto de una cumbre del Grupo de los 20.
Milei, dador voluntario de ingobernabilidad
Milei es la otra punta de la pinza que intenta venezuelizar a Brasil.
El Gobierno puede ampararse en que Bolsonaro ingresó al país, para abordar en Misiones el avión que lo llevó a su exilio, con documentos en regla. ¿De dónde salieron los 140.000 dólares cash que costearon ese vuelo privado?
La Justicia brasileña había ordenado la entrega de los pasaportes personal y diplomático —que posee por su condición de senador—, pero no tiene potestad para retirarle el italiano, al que accedió por herencia.
Sin embargo, lo ocurrido fue parte de un operativo coordinado desde Estados Unidos y seguido al detalle por Santiago Caputo, quien prefirió chapear antes que hacer lo que supone que debía con discreción.
Además, incluso en contra de reglamentaciones migratorias propias, el Gobierno facilitó la escala cuando la restricción para que Bolsonaro saliera de Brasil ya era conocida en todo el mundo. Así, se prestó a un juego que equivale a desconocer la institucionalidad de un país vecino, hermano y principalísimo socio comercial. Alguien deberá dar explicaciones por esos desatinos.
Ya desde antes de la elección, cuando de la nada habló de un posible fraude, Milei se prestó al rol de ariete de lo que vendría.
Para las extremas derechas, sólo hay dos opciones: el triunfo o el golpe. Habría que prestarle atención a la parte de todo eso que le podría tocar a la Argentina por venir.
Otra fuente consultada en Brasilia por Letra P señaló que "con Argentina la situación quedará como está ahora: sin acercamientos. Será resorte de Itamaraty decidir cuándo y cómo responder a los insultos de Milei".
Esa es la línea bajada por Lula y no se modificará ni siquiera si se produjera un cambio de canciller. El actual, Mauro Vieira, está dispuesto a continuar, pero hay un cierto movimiento en Itamaraty y en el propio Partido de los Trabajadores que ve con buenos ojos su reemplazo por el exministro y reciente candidato —frustrado— a la gobernación de San Pablo, Fernando Haddad.