Tres años después de quedar grogui en la lona tras la derrota de Sergio Massa frente al ultraderechista Javier Milei en las presidenciales de 2023, el peronismo sigue en veremos, desunido y desorganizado, como exhibió sin pudor el sábado, cuando conmemoró el 17 de Octubre con tantos actos como corrientes internas pulsean por conducirlo.
A este estado de cosas, con el sector que lo lideró en las últimas dos décadas aferrado a la potencia electoral residual de Cristina Fernández de Kirchner -La Jefa presa-, llegó haciendo escala en la derrota de las elecciones legisativas de 2025, que lo encontró en plena implosión por la osadía de Axel Kicillof, ex hijo político predilecto de CFK, de desafiar, justamente, el liderazgo de la expresidenta.
O sea: tres años después del batacazo del outsider presuntamente impresentable, el peronismo no tiene conducción, menos un nombre que lo encolumne, todavía menos un plan para arruinarle la reelección al libertario y aun menos una propuesta para presentarle a un electorado que pide a gritos una palabra de esperanza.
En el mismo continente, pero en la otra punta, solo dos años después de quedar grogui en la lona tras la derrota de Kamala Harris frente al ultraderechista Donald Trump en las presidenciales de 2024, el Partido Demócrata de Estados Unidos se encamina a vencer al republicano en las legislativas del 3 de noviembre.
Si se confirmaran los pronósticos de las encuestas, la oposición estadounidense le arrabataría el control del Congreso al oficialismo, convertiría a la Casa Blanca en la residencia de un pato Donald rengo y pondría en marcha el proceso interno de selección de su aspirante a la presidencia en primarias que nadie discute, con altas chances de volver al poder en enero de 2029.
¿Por qué tanta diferencia entre las realidades de estos dos partidos que podrían emparentarse en ciertos parcidos, salvando las numerosas diferecias?
¿Qué hizo el Partido Demócrata?
¿Qué no hizo el peronismo?
El Partido Demócrata, del aturdimiento a la ofensiva
En una columna que publicó en El País, el consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí consideró que la recuperación demócrata se debe "en gran parte" al "alto rechazo a la Presidencia de Trump", pero aclaró que no es solo eso. La oposición está "haciendo su tarea" y la está "haciendo bien", señaló.
En ese sentido, mencionó la realización de "estudios interesantes" que dieron material para la elaboración de estrategias que le permitieron salir del aturdimiento y retomar la iniciativa, que dominaba Trump.
Elecciones 2027: gana o pierde Javier Milei
Consultado por Letra P, el consultor Gustavo Córdoba, de Zuban Córdoba y Asociados, aclaró que los escenarios son muy diferentes en un país y en el otro. Con todo, señaló que, si bien en Estados Unidos "la disputa central es por el control del Congreso", el electorado "está movilizado principalmente por preocupaciones de bolsillo y calidad de vida", por lo que "todo pasa por la economía" y eso hace de estas elecciones legislativas "más un plebiscito de la política económica que un resurgimiento de los rivales demócratas".
"En Argentina, pasa algo similar, pero quizás con mayor énfasis. Una reelección presidencial se trata siempre de un plebiscito sobre el plan económico del gobierno de turno. Si mejora la economía real de las familias argentinas, el actual oficialismo podrá ser reelecto y gobernar cuatro años más".
En esa línea de razonamiento, Córdoba consideró que eso le deja menos margen de maniobra a la oposición. "El peronismo podrá o no regresar al poder en 2027, pero casi nada dependerá de lo que haga en la previa de las presidenciales", evaluó.
También en diálogo con este medio, Lara Goyburu, directora ejecutiva de Management and Fit, apuntó que "los demócratas enfrentan ahora su elección de medio término, dos años después de perder con Trump", en tanto "el peronismo tuvo la suya en octubre de 2025, también dos años después de perder con Milei, y la perdió". Las elecciones presidenciales, diferenció, les exigen a las oposiciones "no solo un nombre, sino también una oferta", y "hoy el peronismo no tiene claro ninguna de las dos cosas".
"Los demócratas tampoco resolvieron su liderazgo para esta legislativa", remarcó y aclaró que solo "se reordenaron detrás de un solo tema, el costo de vida, que es donde el gobierno de Trump muestra más debilidad, y dejaron para después de noviembre las diferencias entre su ala progresista y la moderada".
El peronismo no conduce el descontento
En el peronismo, "la conversación pública está ocupada por la disputa sobre quién conduce, con muy poco sobre qué problemas propone resolver", a pesar de que la demanda por cambios "existe", señaló Goyburu y lo puso en números: "En nuestras mediciones, alrededor del 57,5% votaría por un cambio total de gobierno, frente a un 36,6% que aprueba la gestión de Milei". El problema es que "el descontento todavía no encuentra canal".
"Mientras el peronismo no procese su propio rechazo, el malestar con el Gobierno podría quedar sin destinatario", advirtió.