LA CARTA MAGNA

Adiós a la mayoría automática en la Legislatura de Santa Fe: cómo impactará en el diseño del poder

La Convención aprobó el reparto proporcional de escaños en la cámara baja. Reivindica la rosca y pacifica cierres de listas. El desafío de los operadores.

Tras más de 60 años, la Convención constituyente de Santa Fe modificó el método de reparto de escaños en la Cámara de Diputados y el ganador dejará de llevarse la mayoría y el cuórum propio. Las bancas, ahora, se distribuirán proporcionalmente, un cambio que repercute en el corazón del poder santafesino.

Cambio de escenario en Santa Fe

La última reforma constitucional en Santa Fe databa de 1962. Era otro mundo, harto dicho está. En aquella época, cuando las interrupciones institucionales eran asiduas, la corriente constitucional en auge proponía que los titulares de los poderes ejecutivos tuvieran gobernabilidad casi absoluta. Así se justificó que el ganador de las elecciones se llevase no sólo la mayor cantidad de escaños, algo razonable, sino los suficientes para tener la llave de la cámara baja: 28 de las 50 bancas.

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Maximiliano Pullaro consiguió avanzar con el proceso de reforma constitucional gracias a los votos que aportó el bloque de Omar Perotti.

Maximiliano Pullaro consiguió avanzar con el proceso de reforma constitucional gracias a los votos que aportó el bloque de Omar Perotti.

La medida iba atada al sistema de votación con lista sábana. En la misma boleta iba el candidato a la gobernación, su lista de candidatos -casi siempre varones- a diputados provinciales y su postulante al Senado provincial. El corte de boleta no era algo común ni masivo, por lo que el postulante que lograba ser elegido para el Sillón del Brigadier se aseguraba una Legislatura de su mismo color político en ambas cámaras.

Cuando la Bota adoptó la boleta única como método de votación, con una papeleta por cada categoría, esa armonía que buscaba dotar de gobernabilidad al titular del Ejecutivo se rompió. Como si fuese una partida de póker, la elección para elegir la composición de la cámara baja pasó a ser una especie de apuesta all in: o se aseguraba cuatro años de un Poder Legislativo propio, como le pasa a Maximiliano Pullaro, o se enfrentaba a un mandato tortuoso donde para aprobar un proyecto de ley implica lidiar con una oposición mayoritaria, como fue el caso de Omar Perotti.

Revindicación de la rosca

Esa anomalía se terminó. A partir de las próximas elecciones, gracias a la modificación que la Convención constituyente aprobó en la tarde de este miércoles, los 50 lugares de la cámara baja se repartirán proporcionalmente al resultado de la elección. Dejará de ser entonces un all in, una apuesta a todo o nada para quienes ocupen la Casa Gris. La reforma que tuvo luz verde, de alguna manera, modera las victorias y las derrotas y busca representar de manera más fidedigna la voluntad del electorado.

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Parafraseando a un baqueano del Congreso, el nuevo criterio de distribución de escaños reivindica la rosca. Es un desafío para la clase política, tan vilipendiada en esta época: construir consensos amplios, que sean heterogéneos en su composición partidaria. De ahora en más, será una obligación para cualquier oficialismo u oposición que quieran que un proyecto propio se transforme en ley. Ya no habrá más un espacio político que tenga la llave de la cámara baja, sino que se la repartirán entre todos.

Así las cosas, la oposición -especialmente los bloques más chicos- ganarán relevancia en el concierto legislativo. Simbólicamente, ahora cada voto vale un poco más. Es cierto: la reforma obliga a los gobiernos provinciales a negociar y, por lo tanto, a ceder más. Será la muñeca política de sus operadores la encargada de encontrar el punto de equilibrio en el que se ceda lo suficiente para lograr el objetivo, pero no tanto como para desnaturalizaro o, peor, desangrarse en la mesa de negociación. Ya no será más una mano a todo o nada. Serán varias por un botín menor.

El fin de las internas

Hay otros impactos de la reforma constitucional que asoman en el horizonte de manera indirecta. Por un lado, la enmienda facilitará el cierre de listas de aquellos sectores que contemplen la posibilidad de no ganar, ya que habrá más lugares para contener a la dirigencia. Un ejemplo: con reparto proporcional, hoy el peronismo tendría el doble de bancas en la cámara baja de las que obtuvo en 2023. De paso, se amplía la posibilidad de que una de esas bancas pueda ser ocupada por figuras desconocidas y jóvenes con poco recorrido político. Una oportunidad para la renovación generacional.

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El otro impacto es hipotético y puede darse puertas adentro de los espacios, especialmente del oficialismo: se fortalece la cohesión interna y se diluyen las peleas intestinas. Una disputa de ese estilo es más cara si, tras su resolución, hay que salir a buscar obligadamente voluntades ajenas, ya que se llega a la negociación con los adversarios sin una postura sólida, legitimada. Al fin y al cabo, es la aplicación práctica de aquella ley primera del Martín Fierro sobre los hermanos y sus peleas.

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