En un contexto de polarización y redes sociales, el desafío ya no es solo recordar las huellas de la dictadura, sino defender lo que parecía consolidado.
A 50 años del golpe, la democracia como condición irrenunciable
Siempre los aniversarios con un número redondo generan una movilización más contundente y es bueno que eso pase. En estos tiempos donde impera un clima de extremos y fanatismos, debemos seguir defendiendo a la democracia como una condición necesaria absoluta.
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En estos días se hizo en la Rosario el primer Congreso sobre Historia de la última dictadura militar, organizado por la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades Artes de la Universidad Nacional de Rosario, al que vinieron investigadores e investigadoras de todo el país y de algunos países vecinos. Todo fue en un contexto muy complejo, de lucha para la universidad pública, llenando las aulas con una actividad académica y científica sobre un tema que es prioritario en una fecha y que tiene el significante de estos 50 años.
Hay muchas muestras especiales, en nuestro Museo de la Memoria, en espacios emblemáticos de la ciudad. Y tenemos la ceremonia de plantación de árboles el 24 de marzo en el Bosque de la Memoria, como la ciudad viene haciendo hace más de 20 años.
plantación árboles
En el Bosque de la Memoria de Rosario, cada 24 de marzo se plantan árboles
Lo que tiene de particular esta conmemoración, en el repaso de nuestra historia reciente, es el hecho de que nunca conmemoramos esta fecha en un clima de extremismo y fanatismo del calibre que estamos viviendo.
La democracia, de consenso a debate abierto
Recuerdo los 30 y los 40 años de conmemoración del golpe de 1976; fueron hitos. Siempre hubo un proceso en esos años marcados por debates políticos más intensos, pero probablemente hoy no alcance solo con generar más actividades, porque lo que está en debate es algo que muchos de nosotros creíamos completamente afianzado: la idea de la democracia como una condición necesaria.
Y lo que ha pasado en estos años es que la democracia es una condición necesaria absoluta, porque como bien decía el expresidente chileno Ricardo Lagos, la democracia es la diferencia entre la vida y la muerte en América Latina.
Soy de la generación que vivió la recuperación de la democracia en la adolescencia. En mi caso, sobre todo con mi papá, íbamos a los actos públicos que se recuperaron después de la dictadura. Y eso me marcó para siempre en la forma de entender la política, en el sentido de responsabilidad de sostener la memoria y en el compromiso de defender siempre la democracia.
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Museo de la Memoria de Rosario
Quizás nadie se hubiera imaginado que a 50 años de la dictadura y más de 40 de la recuperación democrática íbamos a estar discutiendo la necesidad de la democracia. Y aunque puede parecer paradojal, ese es el debate que hay que dar.
Un fenómeno global y el riesgo de banalización
No es un fenómeno nuestro. Nunca estos fenómenos son sólo nacionales. La particularidad de Argentina, en referencia al resto del continente y otros países del mundo, se centró en la firmeza de la consigna Memoria, Verdad y Justicia, que arrancó la condena de los responsables que cometieron crímenes de lesa humanidad y fueron juzgados por la ley democrática.
Es, sin embargo, una particularidad dentro de un contexto que tiene generalidades que a veces apabullan, porque lo que estamos viendo en este tiempo es, incluso, el uso deliberado en términos políticos del cuestionamiento de ese proceso.
Nos hemos acostumbrado a dar el debate en la lógica que el tiempo tecnológico plantea: los debates son cortos, las frases son muy contundentes. En 280 caracteres se concentran mensajes agresivos, de odio, de descalificación del otro.
Eso también es algo que debemos tener en cuenta: la banalización del debate político, la simplificación, lo único que alimenta es a los extremos. Y, lamentablemente, es un fenómeno global.
La recesión democrática es un fenómeno global.
Memoria, democracia y un mensaje hacia adelante
Pese a la alarma que generan ciertos hechos, ciertos discursos, hay que vivirlo con mucha serenidad. Y, sobre todo, con mucho optimismo también. La historia tiene sus flujos y reflujos y hoy estamos frente a un reflujo.
Ese es el valor de debatir sobre la historia política reciente, sobre la necesidad y también sobre las insuficiencias de la democracia, que sin dudas las tiene. Los problemas de la democracia, de todos modos, siempre se van a resolver con más democracia, con la fortaleza de todas nuestras instituciones, con decisiones plurales de memoria que le ganan a lo pasajero.
Ese es el mensaje que tenemos que transmitirle a nuestros hijos e hijas, a las generaciones que vienen, porque son las que el día de mañana van a seguir sosteniendo esta lucha.