Hace dos días que empecé este artículo para Letra P. Lloviznaba, y me llegó un mensaje por wasap. Susana Maidana, periodista, me escribía de parte de Juan Rezzano, jefe de redacción, preguntándome si no quería publicar un artículo sobre la inteligencia artificial(IA). Me decía, además, que Juan le había comentado que ya tenía algo escrito.
Pensé. Sí. ¿Dónde estaba? Abrí la computadora y busqué entre los archivos recientes. Había algo. Un borrador.
En esas notas, comentaba la entrevista que le hicieron Peter Thiel en 2025, en el podcast Interestings Times de Ross Douthat, dónde, entre otras cosas, pone en duda la supervivencia de la humanidad. Está en YouTube bajo el título Peter Thiel y el anticristo. Después había otros apuntes.
La revista Le Grand Continent, dirigida por Giuliano Da Empoli, que bajo el título El poder en la sombra, publicada a fines del año pasado, aparece un artículo de Thiel, La educación de un libertario, una suerte de memoria roussoniana sobre sus primeras aspiraciones intelectuales como estudiante de filosofía en Stanford. Nota al pie. Peter Thiel remeda en este breve ensayo un texto fundamental de la cultura política norteamericana, La educación de Henry Adams, clave para entender la idiosincrasia del self made man.
Había apuntado una pregunta. ¿Los profetas del odio digital? ¿Qué había inspirado esa metáfora en el viejo Jauretche sino el golpe militar del 1955? ¿O, quizás más atrás, las pintadas que decían Viva el cáncer en alusión a la enfermedad de Evita que la llevaría a la muerte en 1952?
Las fugas hacia adelante
En esa entrevista Thiel explica el concepto de seasteading, como una de las tantas fugas hacia delante, auspiciado por el Seastanding Institute, fundado con el nieto de Milton Fridmann. ¿El objetivo? Colonizar el océano, explorar un espacio sin regulaciones creando comunidades autónomas en el medio del mar. Uno de los antecedentes de este proyecto es Próspera, la chárter city, ubicada en la isla de Roatan, frente a las costas de Honduras. Pensada como un territorio con sus propias leyes, el emprendimiento adelanta las cuestiones que se debaten desde hace un tiempo entre tecnofeudalismo y soberanía.
Según un artículo de Marco Cremaschi, publicado en la revista Nueva Sociedad, titulado Próspera. La ciudad empresa libertaria que tensiona la soberanía hondureña, los cibermillonarios quieren fundar sus propios países, en una fantasía que no tiene nada de sueños húmedos. ¿Por qué elegir esa pequeña isla de no más de 200 habitantes y llamarla Próspera? ¿Qué pensar de la obsesión de los libertarios por el lenguaje tautológicos? Suena a burla infantil. Una mezcla de Walt Disney y George Orwell. Hay algo de literalidad en Thiel que inquieta. ¿O acaso nombrar Palantir (“la piedra que ve lejos”, como aparece en la saga de El señor de los anillos) a su empresa tecnológica, no es demasiado explícito para una starup dedicada a la vigilancia militar? Javier Milei lo usó en la campaña: no hay plata. ¿Acaso no está cumpliendo a raja tabla con su promesa? Orwell decía que el objeto del discurso autoritario es restringir el pensamiento a través del lenguaje. La llamó neolengua.
La fantasía de escapar
Igualmente, el título de esa entrevista me seguía inquietando. Hace tiempo que estamos ante un revival místico. Donald Trump habla más de dios que de economía. En el cierre de campaña, Lula da Silva levantaba a Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil. ¿No hay nada más concreto que ofrecerle a los electores que sueños místicos? Cuando hace más de 500 años comenzó la modernidad, una de las calves fue la teoría de los dos reinos de Lutero. A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Hoy, los neoreaccionarios parecieran volver al medioevo. No es, entonces, paradójico que Thiel sea un fanático de la obra de Tolkien.
La otra propuesta de fuga de Thiel es el espacio. Marte. ¿Por qué? El fondo de la cuestión es entender que el “estancamiento”, otro de los conceptos claves del creador de PayPal, está ralentizando las potencialidades del salto digital. Hay que avanzar por fuera de las regulaciones estaduales impuestas por la política zombi de los comunistas, dice Thiel en un tramo de la entrevista.
La política de la alimaña
Anoto. Izquierda zombi.
¿Qué ideas están detrás de estos adjetivos? Recuerdo el cuento de Kafka. ¿En qué dice que se había convertido Gregorio Samsa? ¿Una cucaracha? ¿Un insecto? Abro la IA. Pregunto. ¿Qué palabra utilizó Kafka para describir al monstruo en que se convierte Gregorio Samsa? Insecto, me dice la máquina. ¿Y la palabra alemana? Ungeziefer, alimaña, impuro.
¿Suena exagerado? No creo. Lo dice Milei a toda hora por todos los canales y medios del mundo. Inmundo, basura, por lo general, a los periodistas. El profeta de la economía aceleracionista en un país bananero habla como un agente de la Gestapo. Argentina. Marte es dos cosas. La extraterritorialidad que permite la fuga de la cárcel de las naciones y la utopía de refundar el mundo, otro sueño húmedo de estos dioses tecnológicos. ¿No resulta inquietante que estos multimillonarios quieran escapar? ¿Qué están viendo en Palantir allá adelante que no nos cuentan? Hay en el fondo una idea de superioridad que se presenta detrás de la revolución técnica pero que ya ni esconden con pantallas de altruismo al estilo Bill Gates. Ya lo había anticipado Philip Dick en sus novelas. Las elites colonizan otros territorios porque la tierra se ha vuelto inhabitable. Está en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Los tres estigmas de Palmer Eldrige. No había presagiado Kafka el nazismo en La metamorfosis como sugirió Ricardo Piglia en Respiración Artificial.
Vuelvo a la entrevista.
La singularidad, la tercera fuga. La promesa incumplida del cristianismo. La eternidad. Thiel dice que hay que volver a la primera modernidad cuando la ciencia asumía sin tantos cuidados los riesgos. Bacon. ¿No se hacen experimentos de biotecnología con fines de prolongación de la vida fuera de los protocolos científicos y normas éticas de investigación en Próspera? Me pregunto de inmediato si los riesgos los va a poner él, por ejemplo, con sus hijas nacidas por subrogación.
Busco datos sobre ellas en internet. ¡Qué raro! No hay ninguna información. Después pienso que Peter Thiel debe tener toda mi vida escaneada. Cuando Shoshana Zuboff habló en La era del capitalismo de la vigilancia, del Poder Instrumentario, el concepto sonaba naif. Algo novelesco. ¿Pero estaba errada? Ella señaló, entonces, que el emprendedorismo digital había avanzado sobre terra incognita, desregulada. Hoy aquella observación se queda corta. ¿Cómo hacemos para que las plataformas nos devuelvan las imágenes que pusimos en sus redes? ¿Cómo hacemos para que ante las próximas elecciones la gente no consulte a la IA a quién votar? ¿Cómo hacemos para que nuestra voluntad no quede capturada por las pantallas como les sucede hoy a millones de niños y adolescentes en todo el mundo?
Los nuevos dueños del futuro
Cuando Martín Heidegger habló del final de la filosofía, entendido como el acabamiento de la metafísica, y señaló a la cibernética como la ciencia fundamental, no sé si imaginó también que sería el fin de los filósofos. Ahora son estos entrepreneurs de la economía digital los pensadores del siglo XXI, los que están diseñando el mundo. El problema, por lo que escuchamos en las palabras de Thiel, es que no entremos en sus sueños.
Cierro la nota. Afuera ya no llueve. Copio el texto y la mando a la máquina. Por las dudas, para revisar la ortografía. Me devuelve algunas observaciones. Entre las importantes, me dice que ungeziefer, se traduce como “criatura impura”. Y le pregunto: ¿La mando ahora o la dejo descansar unos días?