03|12|2022

Pablo Moyano, una voz inorgánica del kirchnerismo muteado

27 de septiembre de 2022

27 de septiembre de 2022

La profecía de la ruptura de la CGT y la paz raquítica del Frente de Todos. El cristinismo, socio del silencio del camionero.

El desplante que sufrió Pablo Moyano de sus compañeros de secretariado general de la CGT, que deliberadamente lo excluyeron de la reunión que mantuvieron el lunes a la noche con el presidente Alberto Fernández, fue el último acto de una obra sindical de final incierto, que arrastra y grafica las tensiones de la fallida (?) coalición de gobierno.

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Algunos dirigentes gremiales dicen, por lo bajo, que la decisión de marginar al camionero fue la posición de respaldo al Sindicato de Neumático que asumió “en favor de la lucha” del gremio que está bajo fuego mediático y empresario.

 

“Hay un Ministerio de Trabajo que después de cinco meses no puede resolver un conflicto tan importante y, bueno, pasó lo que pasó estos días”, dijo Moyano y le tiró el camión encima a Claudio Moroni, el ministro mimado por la CGT.

 

En un escenario interno de guerra fría, sellado con el desembarco de Sergio Massa en el Palacio de Hacienda, Moyano se convirtió en una suerte de electrón suelto que, en medio del silencio de la tropa cristinista, le viene marcando la cancha tanto a la interna de la central obrero como al propio gobierno.

 

Apenas hace algunas semanas, el líder camionero fue una de las caras visibles en el reclamo de un bono extraordinario para la clase trabajadora, una demanda que, aún sin resolución, tensionó al máximo la relación interna en la central sindical, donde Gordos e Independientes prefieren restringir los movimientos salariales a la negociación paritaria, mientras que Moyano, al igual que el kirchnerismo, plantea un escenario de complementariedad de los mecanismos de redistribución.  Así quedó plasmado en la decisión de Massa y de Cristina Kirchner de otorgar un bono permanente para el personal de las dos cámaras del Congreso.

 

Con todo, una eventual ruptura de la CGT, como la que podría concretarse en la tarde de este martes con un portazo de Moyano, estuvo entre las posibilidades desde el minuto uno de la elección del triunvirato que integran, además del camionero, Héctor Daer y Carlos Acuña. El día de la votación, en el lejano noviembre de 2021, no eran pocos los sindicalistas que apostaban por un final de una nueva fragmentación.

 

La puja distributiva, hasta ahora regresiva para los trabajadores y las trabajadoras, acrecentó las diferencias. Otra vez, Moyano operó en tándem con el kirchnerismo contra Moroni, un funcionario que los capos de la CGT se precian de haber colocado en ese cargo y que es objeto de cuestionamientos permanentes de sectores de la coalición oficialista.

 

Apenas hace dos meses, Camioneros se movilizó a la cartera laboral y al Ministerio de Salud para reclamar la prórroga del decreto que ordenaba tratar al Covid-19 como enfermedad laboral. Detrás de la movilización, también latía la pasividad de Moroni, su equipo y la CGT frente a la embestida mediática contra el gremio del transporte por los paros y los bloqueos que realizaron en diferentes provincias. En paralelo, fortaleció los vínculos con la Corriente Federal de los Trabajadores y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que dio un giro con la asunción de Abel Furlán al frente de su conducción.

 

Una pista sobre qué podría pasar si se terminara de romper la CGT podría ser la presencia del metalúrgico y el camionero en la asunción del dirigente del cuero, Walter Correa, al frente del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires.