09|9|2022

Sin Máximo no hay paraíso para el Plan Massa 2023

30 de julio de 2022

30 de julio de 2022

El sueño presidencial del tigrense, atado al poder de fuego del conurbano en manos de Kirchner vía Insaurralde. Refresh a la sociedad M&M de beneficios mutuos.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) El empoderamiento que por necesidad y urgencia le dio el Frente de Todos (FdT), que de la noche a la mañana lo convirtió en superministro plenipotenciario de un Gobierno que se arrastraba inexorablemente al abismo, deja a Sergio Massa más cerca que nunca de cumplir su sueño de llegar a la Casa Rosada, pero, al mismo tiempo, la opción de convertirse en el Alberto Fernández del peronismo versión 23 le origina una dependencia ingambeteable de Máximo Kirchner, su socio de la primera hora que espera sentado sobre la montaña de votos que aporta la liga de intendentes del conurbano que le responde. La primera condición sine qua non es enderezar -aunque sea un poco- el rumbo de la economía, sin lo cual no habrá nada para ninguno; la otra es garantizar que la sociedad M&M goce de buena salud. Sin Subcomandante, no hay paraíso para el Plan Massa 2023.

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Los números hablan por sí solos, sólo hay que revisar el poder de fuego de cada tribu. Massa cuenta con una decena de intendencias, pero la mayoría de estas son de bajo peso electoral. Sólo dos de ellas están ubicadas en el populoso conurbano bonaerense: San Fernando y Presidente Perón, en manos de Juan Andreotti y Blanca Cantero, respectivamente. El resto son del interior y juntas no llegan a sumar el 3% del electorado de la provincia).

 

Para cumplir su sueño presidencial, el flamante superministro necesita del poder de fuego de los votos de las grandes comunas ubicadas en la inmensidad del conurbano, una porción importante de las cuales se alinea bajo el mando de Kirchner y su alianza con el jefe de Gabinete bonaerense, Martín Insaurralde. El mandamás de Lomas de Zamora fue quien tendió el puente para el desembarco del hijo de la vicepresidenta en el Partido Justicialista (PJ). Esta alianza, soldada a los intereses por la confección de las listas para las elecciones de medio término y por la renovación de los PJ distritales, es la herramienta del diputado para condicionar sin querer queriendo a Massa.

 

Volviendo a los números: la conjunción de votos que otorga el poder territorial de las intendencias kirchneristas y peronistas K, más el caudal que aporta en ese territorio la marca CFK, es inigualable. Son al menos once intendencias y son, además, las más populosas. La Matanza, Lomas de Zamora, Quilmes, Almirante Brown y Merlo amontonan tres millones de votantes posibles.

 

El entendimiento entre Massa y Kirchner comenzó a gestarse tiempo antes de la campaña electoral y la alianza se selló, en primer término, en el armado de las listas para 2019. La relación se profundizó en los años que llevan conviviendo en la Cámara de Diputados, uno como presidente, el otro como jefe de bloque hasta el portazo post acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La alianza M&M fue ratificada en el cierre de listas para la elección legislativa de 2021 y ni las diferencias respecto al rechazo o acompañamiento al acuerdo con el Fondo y respecto a la normativa sancionada en Buenos Aires para permitir una reelección más a quienes conducen intendencias pudieron romperla.

 

Como sea, bajo la ola de apoyos nacida en tierras bonaerenses para empujar a Fernández a sumar a Supermassa a su gobierno, subyacen dudas e incomodidades en parte de una dirigencia atenta al poder descomunal entregado al tigrense, quien, a caballo de una remontada a la que todos deben contribuir para sobrevivir, podría intentar cambiar el pliego de bases y condiciones de la sociedad vigente, un reparto diferente de las acciones. A priori, parece poco probable que suceda, pero en política no se sabe y los políticos lo saben. Massa -el Frente Renovador que representa- deberá ganarse la confianza de la tropa pejotista más y menos K, que es, al fin de cuentas, la que junta los votos. Para muestra de ese poder baste recordar la remontada entre las primarias y las generales del año pasado.

 

La obviedad del respaldo del ala K al desembarco de Massa al gobierno -quien siguió de cerca esas horas frenéticas de jueves antes del nombramiento pudo advertir la estampida de dirigentes que corrían a sumarse al operativo clamor para evitar el offside, congestionando las redes sociales con mensajes de elogios a Supermassa- no tapa el silencio de la cúpula K que, como hizo con la llegada de Silvina Batakis, mantiene mutis por el foro. Al cierre de esta nota, la vicepresidenta Cristina Fernández no se había manifestado públicamente y tampoco lo habían hecho Kirchner, ningún referente de peso de La Cámpora, y Axel Kicillof.

 

El gobernador de Buenos Aires sigue la misma línea. Públicamente, nada respecto del superministro. La única definición a la que pudo acceder Letra P tras reiteradas consultas es que para el gobernador era “muy necesaria” la unificación de las áreas económicas bajo un único mando, más allá de los nombres.

 

Durante aquellas horas frenéticas de jueves, Kicillof se mantenía firme en su estrategia de mostrarse lejos de la rosca y abocado al trabajo cotidiano al frente de la gobernación. Durante todo el día participó de una extensa jornada de recorridas en el interior bonaerense por los municipios de Pellegrini, Salliqueló y Tres Lomas. Cada maestro con su librito y Kicillof, con su Plan 6x6, con el que confía ganar y quedarse cuatro años más gobernando el territorio que, por si las moscas, el peronismo viene alambrando desde hace tiempo.