11|9|2022

30 de julio de 2022

30 de julio de 2022

Se espera que el Gobierno dé un giro de 180° en sus políticas económicas y alcance un consenso amplio para salir de la crisis. Los desafíos de Massa y el 2023.

Por estos días, los argentinos y las argentinas no podríamos decir si la primera mitad del año pasó rápido o en cámara lenta. Tal vez es el vértigo en el que nos sumerge la realidad política (y económica). Un vértigo que sufre la sociedad por el aumento casi diario de los precios, el dólar, la incertidumbre; y el de la política, en una carrera electoral, con varios anotados del oficialismo y de la oposición, que se muestra sin pudores. Una vez más, es necesario detenerse y tomar perspectiva de las cosas, aunque sin muchas sorpresas. 

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En el último año, la aprobación de la opinión pública del gobierno nacional pasó de 64% positiva a 72% negativa. En el mismo periodo, la percepción de la dirección en la que va el país, pasó de 46% positiva a 75% negativa y, actualmente, el 71% desconfía que el Presidente y su gobierno pueden sacar adelante la economía del país. En este contexto, no es de extrañar que la percepción mayoritaria sea que la situación institucional y democrática del país es muy frágil. Todos los indicadores sobre el funcionamiento de las instituciones y las valoraciones sobre la dirigencia política apuntan en el mismo sentido. 

 

Aún en este escenario, el 70% cree que Alberto Fernández debe terminar su mandato y un porcentaje similar opina que el presidente debe hacer un cambio total de gabinete. Una vez más, la ciudadanía da un baño de sentido común a una dirigencia sumergida en intrigas palaciegas. El mensaje no es nuevo, pero es claro: son necesarias medidas de cambio en el rumbo del gobierno y la economía, ¡rápido! Mientras tanto, el apego por el sistema democrático es firme y parece ser uno de los únicos consensos mayoritarios a los que hemos llegado los argentinos y argentinas, aun atravesados por la grieta.

 

¿Las nuevas designaciones cubrirán las expectativas de la sociedad? Por el momento, parece que los mercados han reaccionado positivamente. Los distintos sectores políticos se mantienen expectantes ante futuros anuncios de nuevas medidas. ¿Sergio Massa era la mejor opción? Era la única disponible. Es el único nombre dentro de la coalición gobernante con volumen político y diálogo con el Presidente y la vicepresidenta, con la oposición por su función en el Congreso, con amplios sectores del empresariado, organismos internacionales, movimientos sociales y sindicatos. ¿Son éstas garantías de éxito? Lo veremos. 

 

La tarea política que enfrenta es doble: amalgamar las diferencias internas del Frente de Todos y construir diálogo con todo el arco de las fuerzas políticas. Lo paradójico es que las escasas expectativas ciudadanas valorarán como positivo cualquier logro por pequeño que sea.  Hay muchos elementos que incidirán en su gestión. Por un lado, no hay reformas posibles sin un liderazgo político fuerte, con equipos de alta capacidad y un programa económico correctamente informado a toda la población. Por otro, y quizás el más importante, son los consensos necesarios para llevar adelante medidas, para muchos, antipáticas. El nuevo ministro va a necesitar hacer su mejor esfuerzo para pedir sacrificios a muchos sectores.  La principal tarea de un gobierno es generar consensos sobre sus propias medidas. 

 

La derivación política es significativa: corre del eje de protagonismo a Cristina y Alberto. Eso puede tener efectos en el próximo escenario electoral porque desactiva la polarización y le da aire a la “ancha avenida del medio”. El vértigo de los últimos meses puede incrementarse, ya no como desesperación por medidas indefinidas, sino como una aceleración. El gobierno y su nuevo superministro tendrán que tomar en las próximas semanas todas las acciones que procrastinaron en lo que va del 2022. Al año le quedan seis meses, pero no hay que engañarse: el inicio del mundial probablemente marque el fin del año político, lo que reduce todavía más el margen de acción.

 

Si los últimos seis meses se sintieron como un año, los próximos tres se sentirán como un semestre entero. Ese es el umbral de tiempo que hay para tomar decisiones y conseguir resultados.

 

Probablemente el vértigo sea el gran ordenador.