SANTA FE EN LLAMAS

Un clásico del clásico: el fútbol pone a prueba a Perotti

El Central - Newell's alerta al gobierno, que no quiere sumar más episodios de violencia urbana. El antecedente de Colón-Unión, barras y la suerte del ministro.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) Cada vez que el clásico de la ciudad entre Rosario Central y Newell’s se aproxima, el gobierno provincial pinta de rojo el calendario. El duelo entre ambos equipos rosarinos, al igual que los santafesinos Colón y Unión, pone la preocupación y el alerta operativo al máximo. Este año hubo episodios complejos en algunos partidos en Santa Fe en los que el Ministerio de Seguridad pisó en falso y quedó expuesto en un tema que tenía medianamente controlado. Sumar complicaciones en el fútbol significa darle combustible a la violencia urbana, el tema más complejo para la gestión del gobernador Omar Perotti.

 

El partido que se jugará este jueves en el estadio de Rosario Central fue marcado con especial atención por las autoridades provinciales, además, por ser el despliegue de seguridad más grande de la gestión. “En Rosario, el clásico es muy intenso. La sociedad lo toma de manera muy intensa. Trabajé en operativos de River y Boca y no es así. Esta intensidad no la vi en ningún punto del país”, sostuvo Marcos Romero, director provincial de Eventos Deportivos dependiente del Ministerio de Seguridad, a Letra P

 

Romero marca una diferencia entre el clásico rosarino y el de la capital provincial. Mientras en Rosario, en este momento, no hay problemas internos en las hinchadas, en Santa Fe se picó hacia el interior de la barra de Colón. La violencia se sintió fuerte antes del partido ante Peñarol por la Copa Libertadores: dos policías y un hincha uruguayo terminaron heridos de bala e internados en el hospital Cullen. Se le sumó el tiro por la espalda que recibió un integrante de una facción de la barra en el festejo por el aniversario de la obtención de la Copa de la Liga. 

 

Por lo tanto, el clásico santafesino es catalogado como de altísimo riesgo. Sin embargo, la complejidad de la violencia en Rosario no le saca atención al encuentro local. La pasión se exacerba tanto en la previa, con banderazos de apoyo, como después del partido con incontables enfrentamientos, desmadres y vandalismo en bares, barrios o cualquier lugar público. Estos episodios son potenciales riesgos con los que cuenta el operativo de mil efectivos, 700 en el estadio y el resto, patrullando las calles. De hecho, hubo renuncias de funcionarios de alto cargo en más de una oportunidad. 

 

Esta semana, el ministro de Seguridad provincial, Jorge Lagna, bajó la orden a las fuerzas policiales y funcionarios para que estén al 100%. Perotti no descuidó el tema, según confiaron en el gobierno. La preocupación es alta, no por el operativo, el cual califican de adecuado, pero entienden que hay reacciones de los simpatizantes difíciles de prevenir y son, justamente, las que pueden opacar el fútbol. El pedido de Lagna también tiene un costado personal luego de quedar cuestionado tras los incidentes mencionados de Colón y por marchas y contramarchas en la sanción del estadio sabalero. 

 

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