14|1|2023

La industria que se deja mimar, pero no atrapar

03 de diciembre de 2022

03 de diciembre de 2022

La maquinaria agrícola tiene años de bonanza, pero también demandas porque ve un 2023 gris. El lobby por una ley que rompe la grieta. Las internas en el sector.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) El sector de la maquinaria agrícola se tomó todos los anabólicos juntos, pero éstos empiezan a faltarle y corre el riesgo de desinflarse. Tras la pandemia, se presentó como el primer resorte productivo a nivel nacional y, de hecho, el presidente Alberto Fernández empuñó los logros para mostrar un índice positivo. Sin embargo, el sector ve cómo todo aquel músculo se le empieza a ir y levanta la mano pidiendo ayuda antes de empeorar.

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El presidente de la Cámara Argentina Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), Eduardo Borri, reconoce que llegaron a un nivel alto de actividad a partir de 2021 por medidas del Gobierno, como créditos subsidiados y sustitución de importaciones, y por otras en las que no tuvo participación, como el buen precio de los commodities. Pero también señala la injerencia del Estado en algunas cuestiones que complican la actividad, como la suba de la tasa de interés. 

 

Ese movimiento generó la falta actual de crédito, un recurrente reclamo del sector, que, según Cafma, incidió en la caída de las ventas en los últimos meses en el orden del 60 y 80% después de dos años de mucha bonanza y facturación por las nubes. Por ahora no lo sienten porque hoy están produciendo lo que vendieron hace seis meses, pero advierten que no esquivarán el problema el año que viene si no aparecen medidas.   

 

Ponen como ejemplo que en marzo, en Expoagro, donde se vendieron muchos fierros, la tasa estaba al 30%, y, ahora, la de referencia se sitúa en cerca del 80% nominal, “que es alta, por más que termine siendo negativa”. Mientras tanto, sigue el ruido interno en el sector porque hay empresas con espalda que lanzan líneas de financiamiento propio aunque a tasas más altas, algo que choca con los intereses de Cafma. Por eso se aferran al programa Crédito Argentino que lanzó el ministro de Economía, Sergio Massa, con un fondeo de $500.000 millones que en el caso de la maquinaria agrícola, subsidiará en 30 puntos las tasas actuales. Un anabólico interesante, pero que igualmente quieren ver para terminar de creer. 

 

Otro anabólico que se puede sumar a la lista del sector es el dólar atrasado. El cepo se transforma en fortaleza porque sus clientes, es decir, el agro, invierte en maquinaria para refugiarse en bienes durables en dólares (una cosechadora cuesta 600 mil dólares al oficial). Pero también el tema dólar le puede jugar una mala pasada: el ajedrez que hace el Gobierno con las importaciones pueden complicar el suministro para la producción. 

 

Rubros tradicionales del sector industrial miran de reojo a la maquinaria agrícola por poseer beneficios y ser pujantes, pero igual demandan. Se quejan de lleno, sostienen, palabras más, palabras menos. Borri pasa en limpio la postura del sector: “Decimos las cosas que los gobiernos hacen bien pero tenemos que ser desafiantes con las cosas que hacen mal. No creemos que haya que compensar. Nosotros queremos ganar todos los partidos”. Presión bien arriba.

 

El auxilio y el lobby

Todo el arco político sabe la importancia de lo pujante del sector, sobre todo en Santa Fe, donde está el clúster más grande de latinoamérica. Un tema que cierra la grieta. El diputado Roberto Mirabella y el senador radical Dionisio Scarpin, ambos santafesinos, trabajan en un proyecto de ley junto al sector en la comisión de Industria con régimen específico de promoción para dirigir el crédito a la compra de insumos y que sea el 100% de componentes argentino y no al 70% como ahora.

 

Por eso quieren alambrar a la zona núcleo que posee el 90% de los fabricantes de maquinaria agrícola del país, y puntualmente Santa Fe donde hay 530 de las 1200 plantas del sector, y catalogarla como la capital. “Hay que definir qué es una maquinaria agrícola de fabricación nacional y diferenciarla de la importada, a los fines de promover la industria argentina”, sostuvo en su momento Mirabella.

 

No es un punto menor, porque la cámara de fabricantes nacionales cuestiona la cantidad de máquinas importadas que entran al país en el último tiempo y le caen al Gobierno por no controlar. De hecho, Massa mencionó en la 28° Conferencia de la Unión Industrial Argentina los abusos de importaciones y puso como ejemplo los que ingresan aviones privados, pero la tortuga parece escapársele al propio Gobierno, creen los industriales. “¿Hay dólares para traer la máquina importada pero no para nosotros traer los insumos y producir?", dice Borri. Toda una falta de fineza de Economía que no tardan en señalarla. 

 

El choque de intereses es con quienes importan las máquinas e incluso con las fabricantes multinacionales que están en el país y se nuclean en la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores y otros Equipamientos Agrícolas e Industriales (AFAT) como las brasileras Jacto y Agrale, las norteamericanas Agco y John Deere, entre otras. Los fabricantes nacionales destacan que mientras algunas de esas firmas multinacionales han suspendido personal por la falta de insumos para producir, las asociadas a Cafma no. 

 

Se trata de un sector al que los gobiernos buscan cuidar, incluso por sobre otros, pero que no logran atrapar como propio. Claro que hay ideología y hasta diferencias de visión política de los dos lados de la grieta, pero que no se imponen cuando se habla de negocios. El año que viene se someterá a un fuerte lobby y puja por la letra del texto que de a poco va ganando terreno en el Congreso.