CARLOS HORACIO MEIRA

El exmilitar que juega de los dos lados del mostrador de la dictadura

Fue parte de las Fuerzas Armadas durante el terrorismo de Estado. Enjuiciado por secuestros y torturas, fue absuelto. Ahora es abogado defensor de represores.

Para Carlos Horacio Meira, su cliente “siempre actuó de uniforme reglamentario” y “bajo órdenes legales impartidas por sus superiores”. Prefiere llamar “mi defendido” a Francisco Novotny, un militar retirado que estuvo a cargo de los detenidos “de la subversión” en la comisaría de Ramos Mejía durante la última dictadura cívico militar y que, tras ser reconocido por un sobreviviente, la Justicia Federal está juzgando por primera vez por su participación en crímenes de lesa humanidad. Meira, su abogado, sabe de eso: es camarada en la fuerza y también fue enjuiciado por secuestros, torturas y desapariciones.

 

Durante los primeros años de la última dictadura, Novotny fue teniente primero y auxiliar del Grupo de Operaciones de la Compañía Comando y Servicios en el Grupo de Artillería 1 (GA1), unidad del Ejército de la que dependía la comisaría de Ramos Mejía –al igual que la dependencia de la Federal que funcionó en Villa Insuperable- y que se conoció como el centro clandestino Sheraton. El juicio que tramita cada lunes ante el Tribunal Oral Federal número 1 de la Ciudad de Buenos Aires y que transmite en vivo el medio popular La Retaguardia, es la primera experiencia de Novotny como acusado en juicios de lesa humanidad. El experimentado, en cambio, es su abogado defensor: Meira. 

 

En la última audiencia, Meira expuso su alegato en defensa de Novotny, quien según su consideración “siempre actuó de uniforme reglamentario, jamás actuó de forma encubierta, siempre cumplió órdenes legales impartidas por sus superiores”. Entre esas órdenes, la defensa esgrimió acciones “para impedir la libre circulación de elementos terroristas” y “proteger a la población de posibles atentados”. “Operativos por derecha”, aclaró. 

 

Héctor Ratto, trabajador de Mercedes Benz secuestrado y torturado durante la dictadura, reconoció fotográficamente a Novotny, el defendido de Meira, como uno de los militares a cargo de la comisaría de Ramos Mejía, uno de los lugares donde estuvo cautivo ilegalmente. Para el abogado defensor, la comisaría “no fue” un centro clandestino. “Ahí hubo gente detenida, no secuestrada. Recibían visitas, les habilitaron las comunicaciones”, diferenció, y justificó: “Sí, pasaron hambre y frío. No es más de lo que viven todos los detenidos en otras comisarías, antes y ahora”. Meira solicitó la nulidad del reconocimiento fotográfico a su cliente y pidió al TOF que absuelva a Novotny. 

 

De militar a abogado

Meira se retiró del Ejército con el grado de capitán en 1982. El periodista Adrián Camerano en un artículo publicado en el sitio cordobés La Nueva Mañana reconstruyó su camino en la fuerza, que comenzó a mediados de los 60 en el Colegio Militar, en Buenos Aires. Entre fines de 1975 y fines de 1979, Meira revistó en el Grupo de Artillería 141 José de la Quintana, ubicado en el barrio de San Isidro, en el departamento de Santa María, Córdoba. Casi que se cruzó con Novotny, quien hasta fines del 75 fue oficial de inteligencia de ese cuerpo. ¿Se conocían?

 

Aquella dependencia militar cordobesa es hoy parte del proyecto de agricultura familiar Refugio Libertad y está señalizado como sitio de memoria. Los testimonios, mayormente de exconscriptos, revelan que allí funcionaba un centro clandestino donde estuvieron detenidos ilegalmente militantes y colimbas durante la última dictadura y que, en los años previos al golpe, el lugar fue escenario de torturas, abusos sexuales y asesinatos.

 

Tras su retiro, Meira se puso a estudiar Abogacía. Ejerció el Derecho durante toda la época de impunidad que habilitaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final; y lo siguió haciendo cuando los juicios de lesa humanidad cobraron ritmo, con un objetivo especial: defender a sus camaradas enjuiciados por sus aportes al genocidio. Comenzó con Alfredo Arrillaga, uno de los máximos responsables de la represión desatada en Mar del Plata durante el terrorismo de Estado, y no le fue bien: primera perpetua para su defendido. Siguió trabajando para la impunidad de represores que actuaron en La Cueva, en la misma ciudad balnearia; en Olavarría, en Neuquén y Córdoba. Incluso ejercicio su propia defensa.

 

Meira fue uno de los 18 acusados en el juicio de lesa humanidad que se desarrolló en Córdoba en base a los hechos investigados en la causa denominada Diedrichs-Herrera, que repasó los secuestros de 43 personas de las que solo nueve sobrevivieron. Fue su primero y, hasta el momento, único proceso judicial como acusado. Entre junio de 2020 y febrero de 2021, Meira se autodefendió de las acusaciones por el secuestro y las torturas que padecieron María del Carmen Pietri y Adrián Ferreyra a fines de marzo de 1976. El matrimonio fue detenido en Cruz del Eje, Córdoba, por una patota de civil mientras intentaban escapar de una cacería militar y fueron llevados a la comisaría local. Según el relato que Pietri aportó a la causa, y luego reiteró ante el tribunal que llevó adelante el juicio, Meira intervino en el interrogatorio al que sometieron a Ferreyra y luego habló con ella, que había sido liberada por estar embarazada.

 

Pietri asegura que Meira fue quien le dijo que habían sido detenidos por ser militantes de Montoneros y le anticipó que, “si Adrián no tenía responsabilidad, iba a ser dejado en libertad”. El represor y hoy abogado intentó tranquilizarla, según relata la mujer, precisándole que a su pareja lo llevarían a La Calera. En la audiencia de noviembre de 2020, Pietri mostró el documento de identidad de su pareja, el mismo que le entregaron a su suegra días después de su secuestro. Del joven nunca más supieron nada. Sin embargo, Meira resultó absuelto en el debate judicial, luego del pedido del fiscal Maximiliano Hairabedián. Ferreyra está desaparecido; Pietri falleció semanas atrás.

 

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