09|5|2022

El camino del profeta offshore al sueño realizado de la CELAC propia

07 de enero de 2022

07 de enero de 2022

Alberto Fernández asumió la presidencia del foro que reúne a los países de Latinoamérica y el Caribe. La rosca previa. ¿Punta de lanza del nuevo progresismo?

El respaldo interno que le impiden alcanzar la inflación rebelde, la caída de los ingresos populares, los errores propios y los forzados por la interna del Frente de Todos y los tropiezos con el FMI es posible puertas afuera del país: Alberto Fernández estaba convencido de que, ahora sí, podría lograr la presidencia pro tempore para 2022 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que realizó su cumbre de cancilleres este jueves y este viernes en Buenos Aires. Las previas fueron horas de rosca frenética.

 

Puesta en marcha en 2010, la CELAC es nada menos que una "OEA latinoamericana", dado que se diferencia de aquella organización en que excluye a Estados Unidos y sus condicionamientos, además del delegado de la Casa Blanca Luis Almagro y de Canadá, muchas veces visto como un apéndice diplomático de Washington. A su cabeza se puso el presidente argentino.

 

La pretensión era de larga data y mucho trabajó por ella el excanciller Felipe Solá. De hecho, eso pretendía cerrar cuando viajaba a México en septiembre para una reunión del foro, tránsito en el que se le anunció que la embestida del cristinismo sobre el gabinete encontraba en él una de sus mayores víctimas. Lógicamente, la gestión quedó abortada, la decisión sobre la presidencia pro tempore, congelada y la tarea, a cargo del nuevo canciller, Santiago Cafiero.

 

El gobierno de México en general y su canciller, Marcelo Ebrard –amigo de la Argentina y precandidato para la presidencial de 2024– en particular fueron los grandes impulsores de que Fernández sucediera en esa posición a Andrés Manuel López Obrador.

 

Además, sumó en el último tiempo una diplomacia argentina muy activa que, dada la actual abundancia de vacunas, incluyó donaciones de más de tres millones de dosis a países como Bolivia, Dominica, Santa Lucía, Granada y San Vicente y las Granadinas, además de otros de Asia y África.

 

Justamente, uno de los países beneficiarios, San Vicente y las Granadinas, declinó su postulación a la presidencia de la CELAC. No todo fue vacuna, sin embargo. También influyó positivamente la presión de otros países caribeños por el rol reciente de la Argentina en las misiones de Cascos Blancos en Cuba y Haití.

 

Por último, resultaron clave las gestiones reservadas de Cafiero, limando asperezas recientes con Uruguay, Paraguay y Chile, así como con países externos al Cono Sur, para salvar los escollos de un método de selección que impone unanimidad: un solo voto en contra podía echar abajo cualquier pretensión, algo que no pudo ser destacrado hasta último momento.

 

El nombre de ese riesgo era Nicaragua, cuyo régimen sandinista resentía las idas y vueltas argentinas sobre sus violaciones a los derechos humanos y electorales, que incluyeron condenas a nivel de la ONU y un ambiguo comunicado respecto de la validez de los últimos comicios que refrendaron al eterno Daniel Ortega.

 

Una fuente conocedora de esas gestiones le había adelantado a Letra P que, "en charlas privadas", los nicaragüenses dijeron que acompañarían. Así fue.

 

Uno de los motivos que estimuló el optimismo fue que la representación de Managua fue encabezada por el canciller Denis Moncada, el hombre que dio su palabra oficiosa de que no entorpecería el objetivo nacional.

 

Es habitual que todos los presidentes busquen convertirse en "profetas offshore" cuando los problemas domésticos comienzan a hacerse acuciantes y las encuestas les dan la espalda. En esa tónica, en la Casa Rosada destacan la importancia y la utilidad de que la Argentina sea, durante este año, cabeza del principal foro regional, sobre todo en momentos en que su lugar en el mundo está tan cruzado por el drama de la deuda eterna y las imposiciones de países centrales en el FMI para, como dijo Martín Guzmán, aplicar un ajuste real del gasto público.

 

La cumbre de cancilleres comenzó este jueves con una cena en el CCK presidida por Fernández, como jefe de Estado del país anfitrión. Esa fue ocasión de acelerar la rosca para, además de avanzar en temas clave como la pospandemia y en medidas para fomentar la equidad distributiva, atar posibles cabos sueltos para la obtención de la presidencia pro tempore de cara a la reunión plenaria del viernes en el Palacio San Martín. Allí predominaba la confianza, pero no se descartaba que alguna sorpresa de último momento impidiera cerrar con éxito esa gestión. No sucedió.

 

La argentina fue la única candidatura sostenida hasta el final. México entregó la titularidad que ejerció el año pasado y el brasileño Jair Bolsonaro se bajó hace 12 meses de un foro que sospecha "comunista".

 

El de Brasil es un caso que ocupa un lugar predominante en el radar de la diplomacia nacional. La posibilidad –fuerte a esta altura– de que Luiz Inácio da Silva venza a Bolsonaro en las elecciones de octubre próximo reforzaría el eje progresista en la región, que acaba de reforzarse con el reciente triunfo de Gabriel Boric en Chile.

 

Logrado su cometido, Fernández encarará la importante agenda internacional de los próximos meses como cabeza del principal bloque latinoamericano. En primer lugar, a no ser que el covid-19 meta la cola de nuevo, el mes que viene concurrirá a Pekín por invitación del gobierno de Xi Jinping para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, un gesto valorado por China en el contexto del boicot de Estados Unidos y otros países de su órbita, que permitirán la participación de sus atletas pero no a título oficial. Luego, el 11 de marzo, tiene previsto concurrir a la asunción de Boric.