19|10|2021

Es la economía, señores

28 de septiembre de 2021

28 de septiembre de 2021

La desigualdad estructural como base de la agenda de géneros. Por qué no se trata de una demanda de y para las minorías. 

El Gobierno apuesta a una recuperación económica con poca perspectiva de género. La agenda feminista, que incluye las conversaciones sobre el sistema de cuidados, el empleo informal y la deuda, aunque apunta a la base de la desigualdad, no se impone como urgente. Letra P habló con Verónica Gago y Luci Cavallero, autoras de Una lectura feminista de la deuda ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!, y con la economista Corina Rodríguez Enríquez sobre las narrativas que hablan de las demandas de los feminismos como demandas de las minorías y omiten que se trata de problemas transversales y de reclamos para las mayorías.

 

Es la economía, se dice sobre la derrota del Gobierno en las PASO, y la economía, parece, es una discusión de varones. La agenda de género en esta materia pasa a segundo plano y se transforma en “agenda de minorías” más vinculada al lenguaje inclusivo que a la necesidad de cambios estructurales para que la recuperación económica no deje afuera a las mujeres ni a los niños ni a las niñas.

 

A Rodríguez Enríquez le cuesta entender este razonamiento: “Si me preguntan cuál es la agenda de los feminismos, diría que es la agenda de la justicia y es la agenda de la sostenibilidad de la vida. Si pensamos en la sostenibilidad de la vida, es la vida de todas, de todos, de todes, del planeta, con lo cual no veo cómo puede concebirse como una agenda de minorías. Además, las batallas que vienen dando los feminismos tienen que ver con nudos básicos de reproducción de la desigualdad que nos afectan a las mujeres muy específicamente, pero que afectan a las mayorías. Justamente, si algo caracteriza a un sistema socioeconómico desigual es que la mayoría está privada de cosas que en algunos casos son esenciales para sostener la vida”.

 

Esa discusión, que sobrevuela en algunos despachos y se configuró en una narrativa por momentos dominante, tiene su origen, según Rodríguez Enríquez, en “una reacción de quienes sostienen los privilegios que se ven desafiados por la agenda de los feminismos y que son, justamente, las minorías en términos de distribución de ingreso y riqueza, las minorías en términos de identidades de género hegemónicas, que han gozado y siguen gozando de privilegios estructurados socialmente”.

 

Gago y Cavallero estudiaron el endeudamiento de los hogares durante la pandemia. Para la primera, con una caída de participación en el mercado formal, mayor trabajo reproductivo en los hogares y en los barrios y mayor endeudamiento doméstico para las mujeres e identidades feminizadas, que se intente desarticular esta agenda del debate sobre los derechos no tiene sentido. “El cupo laboral travesti trans unifica justamente, de manera muy clara, esas demandas y esas preocupaciones”, sostiene y agrega: “Ese es un punto muy particular de los feminismos en Argentina, donde las cuestiones sindical, del feminismo popular y de los feminismos territoriales tienen una presencia muy importante”.

 

En el mismo sentido, Cavallero cree que, “ante la pregunta de ‘por qué perdimos las elecciones’, aparecen estas lecturas, incluso de exponentes del propio campo popular, que además están conectadas con esta idea de que la sociedad se derechizó”. La conclusión aparece fácil, como si fuera dos más dos: “Si la sociedad se derechizó es porque está cansada de las minorías o de la resolución de problemas simbólicos versus condiciones materiales de los sectores populares”, explica Cavallero y amplía: “La culpa del feminismo aparece en este diagnóstico que para nosotras es errado, no hay una derechización. Por otro lado, lo que hace justamente es correr el eje de todo lo que la política está haciendo mal en relación a hacerse cargo de estas privaciones que tiene la mayoría de la población en relación a las condiciones materiales de existencia, además de borrar un proceso político”. 

 

Cavallero se refiere a la inserción de los feminismos populares en el feminismo transversal, una particularidad de la Argentina. “Por otro lado -sostiene-, es un chivo expiatorio fácil para correr el eje de la propia incapacidad de sectores de la política de resolver esas necesidades”. “Es una agenda que está presente, que se está haciendo lugar por aparecer, pero que claramente es lo primero que se descarta en un momento de dificultad”. Gago resume la maniobra discursiva en una frase: “Se pasó rápidamente de ser de esenciales a ser minoría”.

 

Gago y Cavallero estudiaron cómo el destino del endeudamiento externo se derrama como endeudamiento doméstico y cómo cambió ese endeudamiento de las familias y los hogares durante el macrismo –destinado a financiar alimentos, medicamentos y servicios básicos- a lo que se sumaron nuevas deudas: especialmente alquileres y datos de telefonía móvil. La precarización y la falta de empleo formal, además, provocan que ese endeudamiento doméstico sea muy complejo, porque son muchas las fuentes: con el prestamista del barrio, con la familia, con la tarjeta, endeudamiento para pagar deuda... La emergencia y la falta de recursos hacen que las deudas se pateen para adelante y se acumulan “como una bomba de tiempo”. “Esa especie de concatenación también organiza dinámicas de violencia”, cierra Gago.

 

¿Con o sin mujeres?

Esta gran mayoría conformada por mujeres, identidades feminizadas, niñas, niños y adolescentes empeoró sustancialmente su situación con la pandemia, más el arrastre de la crisis económica de los últimos años del macrismo. Los números de desempleo auguran una recuperación a los niveles de 2019, pero no es igual para todo el mundo. “Los sectores más privilegiados son los que se recuperan más aceleradamente y, por eso, la recuperación del empleo y de las condiciones laborales de las mujeres va a tardar más, si es que se llega a recuperar”, dice Rodríguez Enríquez.

 

La economista cree que leer el indicador de desempleo “así, a secas”, es “muy engañoso”, porque parte de la disminución del desempleo también tiene que ver con la disminución de la tasa de actividad. Se refiere a que hay menos personas en el mercado laboral y, por eso, menos proporción de personas desocupadas. “La menor cantidad de personas en el mercado laboral tiene que ver con un desincentivo a buscar empleo, justamente, porque las condiciones son adversas, las brechas persisten y a las mujeres y a las identidades feminizadas nos cuesta mucho más que a los varones y a la identidad de género hegemónica”, enfatiza.

 

Medidas como el reconocimiento de las tareas de cuidado para sumar años de aportes a la jubilación o el reciente Registradas, el programa de formalización del empleo de las trabajadoras de casas particulares, hablan de la necesidad de reformular el sistema de cuidados, la mayor barrera para la participación de las mujeres en la economía.

 

Para Cavallero, “en este marco de condicionamiento general que hay en la economía a partir del endeudamiento, la agenda que preocupa a los feminismos no tiene traducción presupuestaria”. La socióloga amplía: “Si leemos el presupuesto presentado, no hay ningún ítem que hable de que se van a remunerar tareas de cuidado o para avanzar en esa clave”.

 

Rodríguez Enríquez cree que la apuesta económica que impulsa un modelo de desarrollo basado en industrias tradicionales no incluye a las mujeres cuyos empleos se concentran en los servicios sociales, el sector en el que podrían tener más chances de incorporarse o reincorporarse al mercado laboral. “Si en vez de invertir en Vaca Muerta, el Gobierno decide invertir en infraestructura de cuidado, las condiciones para la recuperación serían otras y también las condiciones para el empleo de las mujeres”, concluye.