14|10|2021

La Iglesia y el nuevo gabinete: no hay Manzur que le venga bien

24 de septiembre de 2021

24 de septiembre de 2021

A pesar de su militancia católica y celeste, el tucumano no es santo de la devoción bergoglista y tampoco para el Opus es tropa propia.

Con el pie izquierdo, más bien el derecho. Así, de la mano de Cristina Fernández de Kirchner, llegó Juan Manzur a la Jefatura de Gabinete de Alberto Fernández. Pese a su militancia celeste extrema y al bloqueo de la instrumentación del aborto legal y la Educación Sexual Integral en Tucumán, por lo que se ha ganado el repudio de la marea verde, el nuevo funcionario nacional es visto con reparos en ambientes eclesiásticos, donde también su pasado lo condena.

 

En sus años de gestión, tanto como vicegobernador de José Alperovich como al frente del Poder Ejecutivo provincial, Manzur cosechó una excelente relación con Alfredo Zecca, quien fue arzobispo de Tucumán entre septiembre de 2011 y junio de 2017, cuando el papa Francisco lo degradó a obispo y lo jubiló anticipadamente en medio de intrigas palaciegas y versiones encontradas sobre los motivos reales de su salida.

 

Zecca es el prelado que desobedeció al pontífice al aceptar, en septiembre de 2013, un convenio de 15 millones de pesos con la administración de CFK para la “puesta en valor” y “embellecimiento” de la catedral tucumana en momentos en que Jorge Bergoglio les había sugerido a los integrantes de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) que evitaran recibir dinero del kirchnerismo gobernante. 

 

Las imágenes de la firma de aquel trámite administrativo ya había causado escozor en el Vaticano: alrededor de la mesa para la rúbrica estaban sentados el entonces arzobispo Zecca, el gobernador Alperovich -Manzur era entonces vicegobernador- y el exsubsecretario de Obras Públicas José López, justamente el funcionario que tres años después fue filmado, detenido y acusado por ocultar bolsos con nueve millones de dólares en un convento de General Rodríguez.

 

La relación de Manzur y Zecca con el episcopado vernáculo y, particularmente, con Bergoglio quedó totalmente rota a raíz del caso Juan Viroche, el sacerdote que en octubre de 2016 apareció muerto en una parroquia de la localidad tucumana de La Florida tras haber denunciando vínculos del poder provincial con las mafias del narcotráfico y la trata de personas para explotación sexual. Tanto en Roma como en Buenos Aires le cuestionaron al gobernador y al arzobispo “no haber cuidado” del cura y también sus “desmanejos” frente a la tragedia; más allá de que cuatro años después se ordenó cerrar la causa, descartando un crimen mafioso y dando lugar a la hipótesis de un suicidio. 

 

En la Iglesia también le reprochan a Manzur, según pudo constatar Letra P de fuentes eclesiásticas, los aparentes “dibujos” a los datos de desnutrición infantil, la “escandalosa” pobreza en una provincia con gobernantes y funcionarios “ricos” y el uso “discrecional” del dinero del erario público, incluido una “ayuda económica” de 880.000 pesos, a pagar en cuatro cuotas, que por decreto el mandatario destinó en octubre de 2017 al obispado de Concepción, la otra jurisdicción eclesiástica en el territorio provincial, cuyo otorgamiento en plena crisis hizo mucho ruido en la comunidad católica tucumana.

 

Las jinetas celestes de Manzur tampoco son bendecidas por el Opus Dei, dado que se niega cualquier grado de pertenencia del funcionario nacional a esa organización religiosa de línea ultraconservadora y lo hace de un modo contundente; como rotunda fue su confirmación de que Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia y asesor del papa, sí estaba en sus filas en calidad de “cooperador”. “Manzur no es del Opus Dei y tampoco tiene una particular relación con esa obra de la Iglesia”, respondieron a Letra P fuentes de la institución católica.

 

Un gesto y la grieta de la fe

La asunción de los nuevos ministros también dejó tela religiosa para cortar, en particular por el gesto del flamante responsable de la cartera de educativa, Jaime Perczyk, quien desplazó con su mano la Biblia y optó por jurar solamente por la Constitución Nacional, como es una de las modalidades de práctica.

 

En ambientes religiosos, el ademán del flamante ministro se leyó como “despectivo” del libro sagrado y llevó a no pocos a preguntarse si el hecho constituye el inicio de “otra grieta”, la que divida a los argentinos por la fe en un país que se ha caracterizado históricamente por su coexistencia interreligiosa; valor reconocido en todo el mundo.

 

En sectores académicos, en cambio, se interpretó el gesto de Perczyk como una postura clara sobre la religión y sobre la separación entre Iglesia y Estado, que desde ya hace un tiempo se milita con el pañuelo naranja.

 

Más allá de las lecturas, la imagen de la jura de Perczyk se hizo viral en las redes sociales y obligó al neofuncionario nacional a esbozar un pedido de disculpas. “No quiero faltarle el respeto a nadie, soy respetuoso de toda las creencias y también de las mías”, dijo para dar por cerrado, de momento, el debate.