CÍRCULO ROJO

Las aseguradoras suben al Consejo Agroindustrial detrás de un negocio millonario

Lobby de la cámara que las nuclea para explotar coberturas contra riesgos grandes. Macri y la sequía de 2018, el ejemplo para que el Estado abra la billetera.

La industria del seguro vio en el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) la ventana para impulsar un negocio millonario que persigue desde hace años pero no logra enlazar. Se trata de los seguros agrícolas contra riesgos catastróficos, aquellos eventos climáticos masivos, como una sequía, que pueden generar pérdidas enormes o totales, no sólo para los productores, sino para la economía real y, por ende, para los gobiernos de turno. 

 

Hace apenas diez días, Aseguradoras del Interior de la República Argentina (ADIRA) logró sumarse a la extensa lista de más de 60 asociaciones con que el CAA se robustece y pretende ser intelocutor del campo con el Gobierno. ADIRA representa más del 25% de la producción del mercado argentino y el 60% del seguro agrícola tradicional a partir de sus asociados de peso: Grupo Asegurador Sancor, Grupo Asegurador La Segunda, Grupo Asegurador San Cristóbal, Cooperación Seguros, Previnca SA, Asociación Mutual Dan, NSA y Segurometal.

 

Más allá de tener visibilidad con el potencial asegurado, las firmas quieren tener llegada y estar en contacto con las entidades de peso y las cadenas de valor: insertarse aún más en el Círculo Rojo. “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”, sintetiza, en diálogo con Letra P, Julián García, director ejecutivo de ADIRA, para graficar lo complejo de tener llegada a la Casa Rosada para una cámara empresaria del interior del país.

 

En su intento de aprobar una ley de aumento de exportaciones y rebaja impositiva, el Consejo Agroindustrial se transformó en una plataforma virtuosa para que las diferentes actividades asociadas tuvieran una mesa de discusión y diálogo directo con funcionarios. “Cumplimos 40 años y queremos posicionar a ADIRA y tratar de integrarnos en distintas entidades económicas”, explica el ejecutivo.

 

El negocio

El seguro más difundido en el agro es la cobertura contra granizo, que respalda la disminución del rendimiento por ese evento climático, pero las grandes aseguradoras pretenden explotar los seguros paramétricos sobre riesgos catastróficos o sistémicos. Se trata de riesgos muy grandes en los que incluso se debe contar con una espalda de reaseguro correspondiente.

 

Una sequía es el ejemplo más claro que puede enfrentar el productor y perderlo todo, o reducir la producción total del país, como sucedió este año en un millón de toneladas de soja, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). A diferencia de otros riesgos como una inundación, la sequía es democrática: les pega a todos por igual. 

 

“La seca” es la mayor pesadilla de los productores y también de los gobiernos. La cerealera Vicentin empuñó la sequía de 2018 para justificar, en parte, el default por 1.400 millones de dólares que explotó a fines de 2019. Mauricio Macri vio cómo los brotes verdes en el primer semestre de aquel año se le secaban, literalmente. “La mayor sequía de los últimos 50 años”, usó como latiguillo el macrismo para justificar la “tormenta perfecta” que, con un año y medio de antelación, anunciaba el comienzo del fin de la experiencia amarilla en la Casa Rosada.

 

Aquel fenómeno climático hizo perder exportaciones por al menos 8.000 millones de dólares y las consecuente reducción en la recaudación vía retenciones. 

 

Ese punto es un nervio que quiere tocar ADIRA para que los gobiernos se involucren. “Con un seguro se cubre al productor, que no corta su cadena de valor y pago, paga las cuotas de la maquinaria, los sueldos y los impuestos y se beneficia el Estado, porque no tiene que lanzar condonaciones, moratorias o líneas de crédito ni declarar zonas de emergencia”, fundamenta García para convencer a las autoridades.

 

La torta

Pero todavía ese nicho debe armarse. Para darle arranque al negocio, la estrategia es lograr masividad, dado que, sin una gran escala de asegurados, es imposible responder a semejante riesgo. Una vez lograda esa expansión, se podrá establecer un valor de la prima y desarrollar un fondo para responder, porque hoy en día una cobertura semejante es imposible de pagar para el asegurado. 

 

Según García, el Estado permitiría la masividad del seguro a través de un subsidio o apoyo económico para que el costo de las pólizas sea factible para todos los productores, sobre todo para los medianos y pequeños. “El Estado tiene muchos costos si hay una catástrofe”, repite en lo que será el slogan de la demanda.

 

En Santa Fe, Omar Perotti tiene una estrecha relación con la industria del seguro, puntualmente con Sancor Seguros. El gobernador y sus funcionarios de área se han mostrado a favor de este tipo de coberturas, por ejemplo al ponerlo como condición sine qua non para acceder a una bonificación de tasa en una línea de créditos del Banco Nación.

 

Para darle todo el impulso a un negocio millonario que aún no se puede cuantifivcar, ya diseñaron una Mesa sobre Riesgo Agropecuario dentro de la CAA. Exprimirán al máximo esa silla: pedirán una regulación por la carga impositiva. Aprovechando la inercia del pedido del CAA por una rebaja en la presión de impuestos, ADIRA va a ir por su tajada.

 

Martín Yeza y Gabriel Vega luego de la asamblea del PRO.
El gobernador Maximiliano Pullaro junto al ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini (izq.), el secretario de Desarrollo Industrial, Guillermo Beccani en la reunión con mineras. 

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