09|10|2021

“Las travas venimos por todo porque no tenemos nada”

29 de junio de 2021

29 de junio de 2021

Es la primera funcionaria trans de la provincia de Buenos Aires. Prefiere la militancia en los movimientos sociales que en las organizaciones de la diversidad. 

Militante peronista y “evitista”, como se define, la marplatense Daniela Castro hoy es directora de Diversidad Sexual en el Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, la cartera que encabeza Estela Díaz en la provincia de Buenos Aires. Primera mujer trans de ese distrito en tener un DNI acorde a su identidad de género –con un amparo previo a la Ley-, Castro no es una recién llegada a la política: viene abriéndose paso desde hace muchos años adentro y afuera del Frente Patria Grande. Con su DNI de 2011, se presentó como candidata a concejala en Mar del Plata y como candidata a senadora provincial por la Quinta sección electoral en 2017. Su tránsito por la función pública tampoco es novedad: fue la primera trans en ocupar un cargo jerárquico cuando estuvo al frente de la filial Mar del Plata de la secretaría de Derechos Humanos, en tiempos en que Guido Carlotto estaba al frente del área provincial. También tuvo militancia sindical en la CTA: ingresó como empleada administrativa y llegó a ser dirigente de la mesa regional.

 

Este recorrido define su manera de transitar la política: “Elegí hacerlo como una referente política, no como una activista trans, que no es lo mismo. Muchas compañeras se definen de esa manera y para mí es ciento por ciento respetable. Las mujeres, principalmente las mujeres trans, tenemos un plus que nos hace pelearla siempre un poco más que el resto. Pero, cuando yo era muy chica y empecé a militar y a observar a los distintos sectores más humildes, que estaban en la pobreza, en la marginación, en las barriadas, gente que vivía de la economía popular, me sentí ciento por ciento igual, no entendí que hubiera diferencias”, relata en diálogo con Letra P y ejemplifica: “A mí la Policía me perseguía igual que a los pibes en los barrios, por su aspecto, por su gorra, por su tribu, por cómo vivían, porque se juntaban en la esquina a tomar una cerveza; me perseguían igual que ellos, solo por ser portadora de un género que no era aceptado. Me costaba conseguir un trabajo tanto como a las personas que militaban en un comedor barrial, porque no había forma de sostener la olla”.

 

En ese contexto, Castro se relacionó con sectores que no tenían que ver directamente con las disidencias y hoy es referente nacional de un movimiento social que no trabaja sólo con temas vinculados con la diversidad. “Entendí que lo que yo quería era militar y revertir esas situaciones para el conjunto de la sociedad y que, por decantación, iba a hacer cosas indiscutiblemente por mi población también”, explica.

 

-¿Cómo impacta la sanción de la ley nacional de cupo laboral travesti-trans?

 

-En principio, genera una felicidad inmensa frente a la necesidad imperiosa de que fuera una ley nacional. Nosotras estamos implementando la ley de la provincia, que tiene las mismas características que la nacional. La Provincia marcó un precedente, pero se necesitaba a nivel federal. Este tipo de leyes son reparatorias, vienen a reparar tanto daño cometido, tanto alejamiento histórico.

 

-¿Qué piensa de la necesidad del cupo travesti-trans en la política?

 

-No existe el cupo travesti-trans en la política sino la paridad de género, que todavía sigue utilizándose de forma machista y atravesada por el patriarcado. Hacer política, siendo mujer y encima siendo mujer trans, tiene un plus indiscutible que hace que la tenga que remar mucho más que cualquiera, inclusive mucho más que cualquier mujer también. No sé si llegaremos al momento en el que haya un cupo dentro de las listas electorales, no sé si ese sería un objetivo, pero venimos ganándonos espacio. Nuestras voces son necesarias en todos los sectores y aun más en los sectores en los que la decisión política prevalece y modifica la vida de la gente.

 

-Las mujeres reclaman también el acceso a la rosca. Para las travestis y trans debe ser más difícil…

 

-Lo he visto difícil como movimiento social. A los movimientos sociales siempre nos ha costado estar en las roscas y participar de decisiones que sean trascendentales para estos sectores, pero hoy la política entiende que tienen que ser parte, que sin nosotros y nosotras ya no es posible ganar elecciones. No es fácil formar parte de las verdaderas roscas donde se define y se cocina. Sigue siendo difícil, pero ya no es imposible.

 

-¿Por qué diferencia su militancia de la del activismo trans?

 

-No sé si quiero marcar la diferencia, sólo entiendo que existe. El activismo en el marco del colectivo LGTB se dedica únicamente a esa militancia y a esas roscas y a esas internas. Tiene otro tipo de códigos, de manejos. Es diferente en algunos aspectos y yo entendí que la política pasaba por otro lado. Fue a partir de eso que decidí ser una militante y una referente social y no una activista.

 

La búsqueda de Tehuel

-Como funcionaria participa en la búsqueda del joven trans Tehuel de la Torre, desaparecido desde el 11 de marzo, cuando salió de su casa a buscar trabajo. ¿Qué se sabe de esa desaparición? ¿Qué falla en la búsqueda?

 

-Hoy sólo puedo decir que hace dos días volví a juntarme con la mamá y la hermana y familiares de Tehuel en su casa en San Vicente. No es la primera vez que lo hago, porque en el Ministerio tenemos seguimiento de la causa; estamos en contacto permanente con la fiscal, con el abogado de la familia, con los dos sectores de la familia, porque los papás de Tehuel estaban separados. No me gusta hacerlo partidario. Sí hacerme cargo de lo que corresponde. Pero también hay que tener en cuenta que, esa tarde, Tehuel salió a buscar trabaj: le habían prometido que le iban a dar un trabajo, después de tantas otras veces que se lo habían dicho, y el cupo laboral travesti trans en la provincia de Buenos Aires se votó como ley en el año 2015. Dos meses después, Diana Sacayán fue asesinada. Esa ley de cupo nunca jamás se reglamentó durante los siguientes cuatro años, garantizando de esa manera mucha más desidia, mucho más olvido, muchas más muertes, mucho menos acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, porque las compañeras y los compañeros no tenían trabajo. Si Tehuel hubiese tenido la oportunidad de que el gobierno, en manos de la exgobernadora María Eugenia Vidal, hubiese firmado esa ley de cupo, tal vez hoy la realidad sería distinta.

 

-Usted dice que las travas están haciendo historia. ¿Qué viene ahora?

 

-Estamos avanzando mucho por caminos que estuvieron ciento por ciento cerrados, durante mucho tiempo. Después y durante el proyecto de ley, ya ahora Ley nacional de Cupo, hubo muchas personas que me preguntaban ¿y ahora qué? ¿Qué viene después de esto? ¿Hay algo más? ¿Falta algo? Y yo decía; "Las travas venimos por todo, vamos absolutamente por todo". Que no se malinterprete: venimos por todo porque no tenemos nada, porque somos un sector de la sociedad que no tuvo derecho a absolutamente nada, pero a nada de nada. A un documento que nos identificara, a un trabajo, a la vivienda, a la dignidad... porque venimos de una sociedad que nos paraba en una esquina, porque entendía que para lo único que podíamos servir era para eso y a la vez nos tiraba abajo de la alfombra para que no se viera. Entonces, hoy que los tiempos políticos nos muestran que podemos ser parte, que podemos tomar decisiones y que, por sobre todas las cosas, podemos revertir las vidas de todas las generaciones que han venido, digo "venimos por todo”.