07|5|2021

Vino frío: el líder portuario al que apuntó el macrismo y sepultó el peronismo

09 de abril de 2021

09 de abril de 2021

Herme Juárez recibió en las últimas semanas duros golpes que lo alejan cada vez más de las posiciones de poder del polo sojero santafesino.

Los días en los que Herme "Vino Caliente" Juárez ejercía con mano de hierro el liderazgo en el cordón industrial santafesino quedaron definitivamente en el pasado. Tras medio siglo de hegemonía, el hombre que supo ser el principal gremialista y empresario del polo portuario del sur de Santa Fe se transformó en el protagonista de Triste, solitario y final, la novela que Osvaldo Soriano publicó en 1974, como consecuencia de una estrategia de desgaste que inició el macrismo y terminó de consolidar el peronismo.

 

Aunque su detención en agosto de 2019 quedó como el hito central de su ocaso, el inicio de su caída debe buscarse a finales de 2016. En noviembre de ese año -tras la presión del exministro de Transporte Guillermo Dietrich, quien hizo suyo el reclamo del lobby exportador-, Juárez resolvió ajustar las tarifas de estiba un 30%. Luego de su arresto, los interventores que lo reemplazaron en la Cooperativa de Trabajadores Portuarios pesificaron el servicio y ya nada volvió a ser como antes. Esta semana (la misma en la que se cumple un mes del fallecimiento de su compañera de vida), la Justicia volvió a rechazarle un pedido para reincorporarse a la prestación de tareas.

 

En 2020, su defensa había logrado que le quitaran la pulsera electrónica y lo liberaran de los delitos de asociación ilícita y coacción. Amén que su situación procesal se encuentre aligerada, lo cierto es que el histórico caudillo aún se encuentra procesado por el delito de administración fraudulenta y lavado de activos de origen delictivo agravado por habitualidad. Tal condición fue una de las razones que esgrimió el juez federal de Rosario Marcelo Bailaque para no hacer lugar a la solicitud de reincorporación, en una resolución firmada el pasado lunes.

 

Otro de los argumentos tomados por Bailaque fue un informe del actual interventor de la cooperativa, Daniel Sorrequieta, quien llegó al puesto a principios de febrero por indicación del titular del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), Alexander Roig, del Movimiento Evita. En él, se desconoció el carácter de empleado de Juárez y se lo limitó a su rol de presidente del Consejo de Administración, un argumento que para la defensa es "políticamente intencionado".

 

Fuera de las discusiones del expediente, la única verdad es la realidad: hoy su poder de fuego es por demás limitado. Imposibilitado de ingresar a la cooperativa (que fue siempre la nave insignia de sus negocios), solo participa a través de su abogado en la comisión asesora del sindicato portuario, en la que reparte poder con el líder de la agrupación "Celeste y Blanca", el pastor evangelista Marcelo Vergara.

 

A un costado

Como cantó tantas veces Mercedes Sosa, todo cambia. Incluso en el hipotético caso de que Juárez regrese en su rol de gremialista, la actualidad del polo portuario dista mucho de los años en los que construyó su liderazgo. Hoy los sindicatos capaces de paralizar la actividad son otros, máxime después de que en octubre de 2020 aceiteros y recibidores firmaran un histórico acuerdo para trabajar juntos en las paritarias del sector.

 

En el caso de la cooperativa, por efecto de la pesificación de los servicios de estiba el flujo de fondos ya no es el mismo. "Pasó de ser un negocio millonario a uno de baja rentabilidad", graficó una de las empresas que pudo ingresar al juego cuando se rompió el monopolio de Juárez.

 

Atrás quedarán sus años de gloria, como cuando en 2010 paralizó durante diez días ocho terminales portuarias del complejo ubicado entre las localidades de Puerto General San Martín y Timbúes. También serán cosa del pasado la interminable lista de dirigentes dispuestos a fotografiarse con él. Es que, como contó oportunamente Letra P, su relación con los partidos tradicionales fue, cuanto menos, resbalosa: desde Carlos Reutemann hasta Hermes Binner, pasando por Omar Perotti o Miguel Pichetto, Herme tocó con todos.

 

El extenso auto de procesamiento de 2019 es un rico material para demostrar su "amplitud" ideológica. Allí se describió un sistema de negocios e intercambio de favores que involucraron a media docena de referentes políticos. Uno de los nombres que más se repitió fue el del senador por el departamento San Lorenzo Armando Traferri, a quien -según documentó la Justicia- la Cooperativa de Trabajadores Portuarios le contribuyó con 250 mil pesos a su última campaña. En un procedimiento similar quedó involucrada Isabel Castagnino, excandidata a intendente de Victoria (Entre Ríos) en la lista del gobernador Gustavo Bordet.

 

Su imperio también se apalancó en las relaciones con grandes compañías, como Grupo Vicentin. Un informe de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) mencionado en el documento judicial puso la lupa sobre el incremento patrimonial de Juárez en 2016, que, entendieron, se explicó "por el sustancial crecimiento de las ventas del negocio unipersonal de Herme Juárez". Algunos renglones más abajo, se mostró que el 93% de las ventas se facturaron a una única firma: Friar SA, perteneciente al conglomerado de empresas que amenazó con intervenir el gobierno nacional.

 

Una simple comparación bien sirve para graficar la pérdida de peso específico de “Vino Caliente”, apodo que acuñó de pequeño, porque así servía la bebida en la despensa de sus padres. Cuando el juez federal de Campana Adrián González Charvay lo procesó en la previa de las PASO que decretaron el fin del macrismo, el escrito que sustentó la medida constó de 269 fojas; la resolución de Bailaque, fechada el pasado lunes -en el que por segunda vez en 30 días le rechazó volver a la cooperativa-, tuvo apenas una. Medio siglo después de sus inicios como estibador, el vino se sirve más frío que nunca en el cordón industrial santafesino.