11|4|2021

Que se doble: el plan argentino para evitar que se rompa el Mercosur

05 de abril de 2021

05 de abril de 2021

Propondrá reducir el arancel externo sobre 1.193 insumos para la producción del bloque. ¿Crece el choque con Lacalle Pou? Bolsonaro, débil. La pelea de fondo.

El Gobierno argentino, en ejercicio de la presidencia pro tempore del Mercosur, convocó a una reunión virtual de cancilleres para el próximo jueves 22 en la que pondrá sobre la mesa una propuesta para atender uno de los reclamos más urgentes de Brasil y Uruguay y, de ese modo, despejar los temores a una ruptura del bloque: la reducción del arancel externo común (AEC).

 

En la última reunión virtual de presidentes, con motivo de la celebración de los 30 años de la firma del Tratado de Asunción, la crisis del club regional quedó a la vista de todos. El brasileño Jair Bolsonaro insistió con una reducción drástica del AEC y el uruguayo Luis Lacalle Pou, cerrando la pinza, planteó que debería tratarse la flexibilización de las reglas para negociar tratados de libre comercio (TLC), de modo de habilitar las tratativas individuales y no en bloque. Sin embargo, al hablar con poca prudencia del Mercosur como un "lastre" para su país, suscitó una reacción airada de Alberto Fernández, quien lo invitó a "bajarse del barco".

 

Con la sangre corriendo ya cerca del río, Argentina decidió apurar el tratamiento de la rebaja del AEC, algo que, en rigor, no implica un cambio de posición ya que eso estaba en discusión a nivel técnico. Además, lo hace con una propuesta destinada a reforzar el perfil productivo del Mercosur y no una apertura comercial irrestricta, como plantean esos dos socios.

 

Así, según dijo el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, "Argentina tiene armada una propuesta de reducción del Arancel Externo Común en un conjunto de bienes y productos que apuntan a consolidar la competitividad a través de bajar aranceles en insumos y no en bienes finales".

 

"Tenemos que continuar defendiendo una serie de sectores sensibles, el empleo, los procesos de agregación de valor, la incorporación de tecnologías... eso podemos hacerlo si entendemos que el mundo no está abierto" en el momento actual de pandemia, agregó.

 

Según supo Letra P, el país presentará a sus socios un plan para reducir a cero el AEC en un universo de 1.193 posiciones arancelarias vinculadas a insumos para la producción interna del bloque, lo que equivaldría a una reducción promedio del 10,5% sobre el nivel de protección general.

 

Brasil y Uruguay empujan una apertura mayor, que debería incluir bienes finales. La discusión seguirá siendo áspera.

 

La propuesta nacional está en línea con los planteos de los sectores industriales, de la propia Argentina, claro, pero también del de Brasil. Bolsonaro confronta con esa postura de la Confederaçao Nacional da Indústria (CNI), pero el momento de debilidad que atraviesa le impide ser tan agresivo al respecto como cuando amenazaba con retirar a su país del Mercosur.

 

Así, quien lleva la voz cantante de la disidencia es Lacalle Pou, a quien el gobierno de Fernández adjudica el deseo de mostrar algún logro concreto en materia de libre comercio en su frente interno.

 

La oferta argentina sobre el AEC está lejos de asegurar el fin de las tensiones sobre ese tema. A eso hay que sumar la pelea de fondo: la flexibilización de las negociaciones comerciales.

 

De conceder a esa pretensión oriental y brasileña, Argentina aceptaría la destrucción del Mercosur como proyecto de integración. En efecto, este dejaría de constituir una unión aduanera y retrocedería al estatus de zona de libre comercio, en la que cada uno de los estados miembros debería competir con los productos de los países con los que cada uno de aquellos cierre un TLC. En otras palabras, ninguna de las partes del Mercosur tendría entonces la reserva de mercado de la que hoy gozan.

 

El desafío pasa por encontrar un camino viable para todos. De hecho, el país ya accedió a sentar un precedente de flexibilización cuando aceptó que los miembros del Mercosur negociaran un TLC con Corea del Sur a diferentes velocidades. Esas gestiones, considera el gobierno argentino, se han empantanado incluso para sus promotores regionales más entusiastas debido a la resistencia de Seúl a abrir su mercado de alimentos y a las complicaciones que impone la pandemia.

 

"La flexibilización que se planteó (N. del R.: por parte de Lacalle Pou) no tiene el contenido ni la fórmula (…). Si uno plantea flexibilizar, tiene que decir cómo quiere flexibilizar. No se puede plantear que la flexibilización en sí misma contribuye a la competitividad de la región. Tampoco abrirse constituye un factor de competitividad", dijo Neme.

 

"Abrirse pasivamente supone destruir una parte de nuestro aparato productivo. Es una experiencia que tuvimos con (José Alfredo) Martínez de Hoz y con (Domingo) Cavallo. Las dos fueron negativas para nuestro proceso de industrialización", indicó el secretario de Relaciones Económicas de la Cancillería.

 

Para el Gobierno, "más que de abrirse al mundo, como planteaba Mauricio Macri, se trata de conectarse con el mundo", le dijo una fuente oficial a Letra P.

 

El canciller, Felipe Solá, reconoce que el Mercosur necesita modernizarse, pero insiste en que eso no puede significar la destrucción del aparato productivo doméstico. En ese sentido, moderó su postura respecto del tratado de libre comercio firmado en tiempos de Macri con la Unión Europea, cuya ratificación ahora estaría dispuesto a enviar al Congreso.

 

En efecto, aunque el acuerdo no le parece el ideal, considera que establece plazos de adecuación lo suficientemente amplios como para no dañar al país.

 

El problema, sin embargo, es que la contraparte pone excusas para no abrir –igual que Corea del Sur– su mercado a los alimentos sudamericanos, lo que prácticamente convierte a ese texto en papel mojado.

 

El gobierno uruguayo promete llegar a la reunión del 22 con una propuesta concreta de flexibilización. "Hay matices que se pueden discutir, no somos dogmáticos como algunos pretenden presentarnos", afirman en el Gobierno. Sin embargo, el estallido de la unión aduanera no entra en los planes de la Argentina.

 

Continuará…