07|5|2021

Tradición, familia y presupuesto

17 de abril de 2021

17 de abril de 2021

Celeste y de estirpe peronista, dejó la intendencia de Concordia por la gestión nacional. Obras, rosca y apellido para pelear por suceder a Bordet en 2023.

Cuando Enrique Tomás Cresto decidió dejar el sillón de intendente de Concordia a comienzos de 2020, al mes y medio de haber asumido su segundo mandato, el peronismo entrerriano quedó descolocado. No era para menos. El intendente reelegido con el 57% de los votos dejaba el territorio para sumarse a la gestión nacional como director del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enosha). Sin embargo, su sueño de suceder a Gustavo Bordet en 2023 y llegar a la Casa Gris que ocupó su abuelo hace 50 años sigue intacto.

 

Pese a pilotear un organismo nacional que requiere trajinar itinerarios por todo el país, Cresto no descuida Entre Ríos una sola semana. De hecho, junto a su hermana Mayda, diputada nacional, recorre la provincia a diario, anuncia obras y mantiene reuniones de gestión. Asumió con un presupuesto de 5 mil millones de pesos, pero este año tiene $47 mil millones para ejecutar. La semana anterior estuvo en la apertura de los sobres licitatorios para el recambio de 70 kilómetros de cañerías de la red de abastecimiento de agua a ejecutarse en el casco céntrico de la ciudad de Diamante. Es una obra de 855 millones de pesos. Este jueves estuvo en el acto por el inicio de la pavimentación de la ruta 20 en el departamento Villaguay. El director de Vialidad Nacional, Gustavo Arrieta, tuvo palabras elogiosas delante de buena parte del gobierno entrerriano. Horas después se trasladó a Colón, donde firmó con el intendente vecinalista José Luis Walser el acta de inicio de las obras de remodelación de la red de agua por 27 millones de pesos.

 

Sus diferencias con el gobernador no son explícitas ni públicas. Se cuida. No sabe si Bordet, que no tiene reelección, va a llegar al final del mandato con la fuerza suficiente para designar a un candidato para sucederlo, pero está seguro que si quiere vetar a alguien, tendrá el hándicap para hacerlo.

 

La rosca de Cresto es a dos bandas. En el ámbito nacional mantiene una buena relación con el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a quien lo une una relación política y un vínculo personal de años. El ministro coordinador está casado con Josefina Chávez, oriunda de Concordia. En mayo de 2019, cuando Cristina Kirchner dio a conocer la fórmula presidencial del Frente de Todos, Cresto no tardó en postear en las redes una foto con Cafiero y Alberto Fernández. 

 

Cresto piensa volver a Entre Ríos antes de 2023, para no quedar afuera de fotos y mesas políticas. Su objetivo es pelear para ser el próximo gobernador entrerriano. No tiene una mesa chica, pero está convencido de algo que repite como un mantra: “Para ser intendente, te tiene que querer la gente. Para ser gobernador, los dirigentes”. Con esa certeza, se hace un lugar para hablar con todos.

 

Su apellido está fuertemente ligado al peronismo provincial. Como contracara aparece su terruño, Concordia, ciudad que desde la recuperación de la democracia ya dio tres gobernadores: Jorge Busti, Sergio Urribarri y Bordet. En algunos círculos ven agotada la posibilidad de un cuarto.

 

Concordia ocupa el segundo lugar en el ranking nacional de pobreza que mide el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), con el 49,5%, sólo superada por los partidos del Gran Buenos Aires con el 51%. Para Cresto, la culpa de esa cifra es "el injusto sistema de medición" del organismo, que "toma 30 ciudades de las cuales 23 son capitales de provincia y dentro de ese grupo compara a Concordia”, argumenta.

 

Estirpe

En 2007, con 32 años, acompañó al entonces intendente de Paraná Julio Solanas para enfrentar por la gobernación a Urribarri, que había sido ungido por Busti. Por ese entonces el kirchnerismo ya era una maquinaria electoral y perdieron por una buena diferencia. Kirchner amagó a jugar a dos puntas pero terminó inclinándose por la propuesta oficialista solo con hacer silencio y no bendecir a nadie. 

 

Poco después, cuando estalló el conflicto con el campo, el concordiense deshojó la margarita y se inclinó por el reclamo de las entidades agrarias. Tras la muerte de Kirchner en 2010, Urribarri lo sumó a la gestión. Desde entonces, no sacó los pies del plato peronista. En más de una oportunidad, Cresto salió a bancar al exgobernador, incluso en sus peores momentos, cuando la dirigencia prefería esquivarlo en una foto por las causas judiciales que pesan sobre él y de las que Letra P dio cuenta.

 

 

En su álbum, Cresto también sumó una foto con Cristina Kirchner cuando la expresidenta asumió la banca en el Senado en 2017 y el peronismo de “la avenida del medio” planteaba armar una propuesta sin la letra K. Ese pragmatismo lo ha dejado en off side ante un PJ entrerriano bastante ortodoxo. 

 

En 2018 quiso declarar a Concordia como ciudad “provida” por decreto, en el marco del debate sobre la legalización del aborto. Con Fernández como presidente e impulsor de esa iniciativa se llamó a silencio. Aseguran que si a su hermana le hubiera tocado definir en el Congreso una votación pareja, hubiera votado verde. No fue necesario.   

 

En 2011 Cresto se convirtió en senador por el Departamento Concordia y presidió el bloque del PJ. En 2015 se convirtió en intendente. La política viene de familia. Es hijo del dos veces intendente de Concordia y exsenador provincial, Juan Carlos Cresto. Su madre ya fallecida, Laura Martínez Pass, fue senadora nacional entre 2003 y 2007. Lo que más subraya, no obstante, es que su abuelo homónimo fue elegido gobernador en 1973 y derrocado por el golpe del ’76.

 

Ese pasado familiar ligado al peronismo lo suele etiquetar como tradicional o conservador, sin embargo Enrique Cresto siempre estuvo predispuesto a acomodarse a cualquier agenda política. De licencia en la intendencia de Concordia, en Entre Ríos lo espera la rosca más temprano que tarde, para empezar a mirar más en detalle el 2023.