28|2|2021

Balas que pican cerca

22 de enero de 2021

22 de enero de 2021

Sobre la hora, Javkin desactivó la bomba del sistema de transporte ante el apriete de las prestadoras y la presión gremial y vecinal. Puede fallar.

El intendente de Rosario Pablo Javkin encontró una salida provisoria para un conflicto de proporciones en el que tuvo que lidiar con la crisis y la presión empresarial y sindical, mientras sostenía una granada a punto de estallar. A cinco días de su implementación, el rediseño del transporte urbano de la ciudad quedó atrapado entre cuestionamientos y demandas ciudadanas. A modo de reacción, el oficialismo corrigió el esquema, amortiguó costos políticos y mandó a la cancha un modelo que, por su esencia de emergencia, tiene destino de prueba y error.

 

Cuando la cuarentena amagó quedarse por varios meses, Javkin advirtió el frente de tormenta: el sistema de transporte, que de por sí venía a los tumbos, explotaría por los aires. La recaudación de las prestadoras fue nula en el inicio de la pandemia y apenas llegó a un tercio del promedio habitual. Ningún subsidio compensó ese agujero. Estos números le estamparon el sello de inviable y aceleraron el pronóstico del intendente.    

 

Con un último tramo desgastante del 2020, 85 días de paro de choferes por demoras en el cobro de salarios, subsidios nacionales y provinciales cortos, e incertidumbre acerca de la llegada de la segunda ola de covid, se precipitó la necesidad de darle vuelta al sistema que, apenas dos años antes, el socialismo había licitado con pretensiones.

 

La tormenta perfecta

A ese aturdimiento general en el que se vio el intendente, se le sumaron las presiones de las dos prestadoras privadas del servicio que transmitieron su mensaje sin vueltas: cambio de esquema o partida. Un réquiem sobre la mesa. El sólo hecho de pensar una ciudad como Rosario sin colectivos, con reclamos ciudadanos en las calles y con 2000 despedidos, es una pesadilla para cualquier municipio. Semejante escenario incendiario a un año de haber asumido, hubiese sido un revés duro para Javkin.

 

“El espíritu fue poner el tema arriba de una mesa porque, si no, no había más colectivos. Había problemas de sueldo, de recaudación de las empresas, de subsidios”, sostuvo una fuente del oficialismo a Letra P. Probablemente, ese clima haya sido la matriz que derivó en un apurado esquema diseñado junto a las prestadoras, y que deparó en reclamos de algunos barrios populosos por dejarlos desconectados.

 

“Más que apuro fue la presión. Las empresas dejaron en claro que rescindían la licitación y le dejaban el tendal de despidos. Ese panorama hubiese sido caótico”, razonó una concejal aliada al oficialismo en contacto con Letra P. Absorber la mano de obra de dos empresas con la prestadora municipal es imposible. Mucho menos sin autonomía municipal que, entre otras cosas, permitiría crear impuestos. Un tema que Javkin empieza a poner en agenda. 

 

Los picadores de boleto

En el último tramo del año, la mendocina El cacique, que a los pocos meses de lograr la adjudicación del servicio empezó a dudar de su continuidad, presentó una nota planteando su situación crítica, agravada a mediados de año cuando tuvo que devolver 50 unidades a una automotriz al no poder afrontar el financiamiento. Finalmente, logró menores obligaciones en cuanto a unidades en circulación y por ahora no vuelve a la tierra del buen vino, donde pisa fuerte. 

 

En tanto, Rosariobus también puso el peso de su imperio automotor sobre la mesa como tantas otras veces para conseguir réditos. Esta vez buscó mantener las líneas más rentables y quitar o fusionar otras. Siguieron de cerca la ruidosa decisión del Concejo municipal de Rosario de otorgarle facultades al intendente para renegociar los contratos y hasta hubo reproches con el macrismo que no votó a favor. La Unión Tranviarios Automotor (UTA) de Rosario terminó sumando también a las pretensiones empresarias, como ha hecho en más de una oportunidad.

 

El rediseño salió pero tuvo que entrar a boxes. Este miércoles, el jefe municipal encabezó una conferencia de prensa junto a la secretaria de Movilidad, Eva Jokanovich, donde anunció algunos retoques en las líneas y recorridos que le plantearon los vecinos. Salió del laberinto, mostró apertura al reclamo ciudadano, y enmendó un esquema que se había cocinado vuelta y vuelta, pero que todavía estaba crudo.