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Acuerdo por la deuda: ¡Santas bendiciones, Alberto!

El respaldo sin estridencias de los credos locales. Católicos en línea con Bergoglio y los papas anteriores. El mensaje evangélico. Ahora, la deuda interna.

El respaldo sin estridencias de los credos locales. Católicos en línea con Bergoglio y los papas anteriores. El mensaje evangélico. Ahora, la deuda interna.

Por 06/08/2020 10:53

Lo importante parece cerrado, ahora hay que enfocarse en lo urgente: la deuda interna. Palabras más, palabras menos, la frase resume el sentir de las religiones ante el acuerdo alcanzado entre el gobierno argentino y los acreedores de la deuda pública.

No hubo pronunciamientos estridentes de los líderes eclesiásticos, pero sí una bendición implícita por lo que significa haber logrado reestructurar la deuda externa en un contexto de crisis severa y en medio de la pandemia. Tampoco, una referencia a la letra chica del acuerdo, que técnicamente convalida la deuda “odiosa” heredada de la administración macrista.

Los referentes de los credos consultados por Letra P fueron cautos y consideraron que esto recién empieza. No obstante, coincidieron en que el acuerdo puede tener un impacto fuerte de cara al futuro, a la reconstrucción económico social de un país con un “tendal” de pobres y desocupados por la crisis del coronavirus.

 

 

Desde el inicio de las negociaciones, la Conferencia Episcopal Argentina respaldó la postura de la Casa Rosada frente a los acreedores privados, siguiendo la línea del papa Francisco (y también del presidente Alberto Fernández) en cuando a que hay que honrar las deudas, pero no a costa del hambre del pueblo.

Ahora, con el acuerdo cerrado, los obispos católicos plantearon -ante la consulta- que no había nada nuevo por decir, pero sugirieron releer los pronunciamientos sobre el tema deuda hechos este año.

La fuente eclesiástica hacía referencia al comunicado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, que preside el jesuita Jorge Lugones, en el que la Iglesia pedía priorizar la atención de las deudas sociales y afianzar un “modelo” económico que ponga el eje en esas urgencias. También aludía a la exhortación del jefe del episcopado, Oscar Ojea, a poner el foco en lo que se viene: “La pospandemia del hambre y la desocupación”.

 

 

La reestructuración de la deuda con los bonistas concebida por el Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán, fue especialmente bendecida desde la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA). “Luego de siete meses de ardua negociación y atravesando el furor de una pandemia y un descalabro económico global, nuestro gobierno logró un importantísimo acuerdo con los principales acreedores de la deuda pública emitida bajo ley extranjera”, evaluó Christian Hooft, vicepresidente de Relaciones Internas de la mayor organización evangélica del país.

El referente evangélico valoró que el “beneficioso” canje de bonos se haya fundamentado en el “principio de sustentabilidad” de la deuda y estimó que permitirá al país crecer “sin el agobio financiero y el ajuste económico feroz”.

“Este alivio para las finanzas del país ayuda a despejar un factor de inestabilidad económica y genera una bocanada de aire fresco a fin de levantar las expectativas de crecimiento futuro”, pronosticó Hooft.

 

 

Alberto Fernández ya había conseguido una “manito” del papa en uno de los momentos calientes de la renegociación con los bonistas. Fue en febrero, cuando Bergoglio enfatizó que las deudas no se pueden pagar con “sacrificios insoportables” en un seminario en el Vaticano del que participó la directora del FMI, Kristalina Georgieva, y también Guzmán.

El mandatario argentino respondió en consecuencia y le agradeció aquella ayuda “silenciosa” de su compatriota en la carta que el pontífice recibió, en respuesta a otra misiva suya, por la fiesta patria del 25 de Mayo.

Pero no fue el único “mensaje celestial” que los residentes de Balcarce 50 recibieron desde el Vaticano en medio de las arduas negociaciones con los bonistas. A principios de julio, el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, Ivan Jurkovic, relanzó el pedido papal de reducir o condonar la deuda de los países más pobres y sostuvo que hacerlo tendrá un gran impacto en las economías devastadas por la crisis del coronavirus.

Georgieva es la misma funcionaria del organismo internacional de crédito que este martes expresó su beneplácito por el acuerdo de la administración albertista con acreedores privados para canjear una parte de la deuda externa, estimada en más de 66.000 millones de dólares.

"Felicito al presidente Alberto Fernández, al ministro (de Economía) Martín Guzmán, y a los principales grupos de acreedores de Argentina por el acuerdo de principio sobre la deuda. Un paso muy significativo. Espero un desenlace exitoso en interés de todos", escribió la directora del FMI en su cuenta de Twitter.

 

 

UN TEMA RECURRENTE. La cancelación de la deuda de los países más pobres es un tema recurrente en la prédica de los últimos papas, vinculado al equilibrio financiero mundial y al obstáculo grave para el desarrollo humano integral, económicamente viable y socialmente equitativo.

En 1967, Pablo VI abordó la cuestión en una encíclica sobre el progreso de los pueblos. “El verdadero desarrollo es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas", subrayó.

En 1991, en otra encíclica social, Juan Pablo II exhortó a "encontrar los medios de aliviar, aplazar o incluso extinguir la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a su subsistencia y a su progreso".

En 2005, en un mensaje a la FAO, Benedicto XVI afirmó que “el auténtico desarrollo mundial, organizado e integral, deseable por todos, exige más bien conocer de manera objetiva las situaciones humanas, discernir las auténticas causas de la miseria, y ofrecer respuestas concretas, teniendo por prioridad una formación adecuada de las personas y comunidades”.

Francisco retomó la prédica de sus antecesores, pero con énfasis en la defensa del derecho a las 3T (techo, trabajo y tierra) y críticas a la "cultura del descarte". Es recordado su discurso de 2015 ante la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, donde pidió a los organismos financieros internacionales “velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios".