ESPECIAL | MEDIOS

La polarización, los medios y la pandemia

Entrado el tercer mes de convivencia con el COVID-19, la política retoma la confrontación como estrategia de salida. Cómo se juega en las pantallas.

La pandemia por SARS-CoV-2 acaparó la atención mediática a nivel mundial como ningún acontecimiento de la historia reciente. La diseminación de una enfermedad que frenó la economía mundial y afectó directa o indirectamente a miles de millones de ciudadanos al mismo tiempo contiene todos los atributos necesarios para alcanzar un nivel máximo de mediatización. En primer lugar, por su magnitud y escala global. En segundo, por la inusitada disponibilidad, en este contexto, de medios y plataformas para la propagación de información.

 

Sin embargo, el proceso de mediatización se transformó con el correr de los días. Si en un comienzo predominó en los medios un encuadre sanitarista, basado en una retórica del cuidado y de la protección de la vida propuesto por el gobierno nacional, la discusión económica y política fue ganando un lugar en las agendas a partir de iniciativas exógenas y endógenas. Entre las primeras, la aparición espasmódica y confrontativa de los principales líderes opositores en redes sociales, programas de radio y TV disputó la agenda con un gobierno que había mostrado prestancia en su dominio. La publicación de partes diarios del Ministerio de Salud, los numerosos reportajes exclusivos del presidente en medios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y la organización estratégica de anuncios de los diferentes ministerios le aportaron al Ejecutivo visibilidad y manejo de la situación y el discurso. 

 

Con el correr de los días, la acumulación de hastío social, sumada a la progresiva liberación de actividades en buena parte del país, ubicó la discusión en un nuevo contexto eminentemente económico sobre el que el Gobierno se vio obligado de retomar la iniciativa política y mediática.

 

 

La selección, omisión y jerarquización de acontecimientos que formarán parte de las agendas de los medios incluyen un proceso de tematización. Este consiste en dotar a los hechos de cierta contextualización y profundización. El fin es integrarlos en un contexto político, social y económico y enmarcarlos dentro de una serie de esquemas interpretativos que se ofrecen para su recepción. Esta tarea se apoya en un sustrato ideológico que se inscribe tanto en lo que se selecciona como en lo que se omite. La selección de hechos noticiables los convierte en temas de actualidad.

 

Hoy, la perspectiva económica de la pandemia es retomada incluso por el propio gobierno, lo que amplifica el dominio de este encuadre sobre el total de la cobertura. En efecto, luego de las acusaciones por las consecuencias económicas de la extensión del ASPO en el AMBA y, sobre todo, a partir de algunas manifestaciones anticuarentena que inscribieron la discusión en la reivindicación de “las libertades individuales”, como bien lo señaló Nadia Koziner en Letra P, el Gobierno pareció retomar la iniciativa política y, por qué no, la confrontación. 

 

 

 

Algunos hitos resultan elocuentes en ese camino de polarización “administrada”. Las acusaciones del Presidente a María Eugenia Vidal por la “pesada herencia” del sistema sanitario de la provincia de Buenos Aires o las declaraciones del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sobre un hipotético desastre de una gestión macrista de la pandemia, constituyen tan solo ejemplos de un fuego cruzado que emerge como elemento novedoso. Ambas definiciones le permitieron al Gobierno retomar la iniciativa política y volver a marcar la cancha mediática. A eso se sumó el despliegue territorial del Presidente en “zonas blancas” de COVID-19.

 

El cuadro se cierra con la decisión anunciada por Alberto Fernández de expropiación de una de las mayores cerealeras del país, la vaciada Vicentin, un hito al que Juntos por el Cambio y varios medios afines no tardaron en encuadrar como la “bolchevización” albertista.

 

 

 

En un mundo convulsionado por una pandemia a la que, a ciencia cierta, nadie puede ponerle fecha de caducidad, el Gobierno y la oposición saben que recuperar la iniciativa política constituye el desafío del momento. Esa lucha se juega en varios ámbitos y, entre ellos, la arena mediática es fundamental.

 

En esta etapa, la política vuelve a ubicarse en el centro de la escena. Allí, la polarización se redefine en un nuevo contexto social: el de un mundo y un país que deben recuperarse de una de sus horas más críticas y que obliga a un profundo planteo de las lógicas de producción y del rol estatal sobre todos los ámbitos de la vida. Allí, la discusión mediática también invita a redefiniciones radicales. No sólo de sus agendas, sino, fundamentalmente, de su función social, en un contexto en que, producto del descrédito en el que cayeron empresas mediáticas y periodistas, la sociedad les reclama responsabilidad y calidad informativa como un aporte esencial para tiempos de zozobra.

 

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