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El ministro de Seguridad de Kicillof volvió a la acción y a generar tensiones internas. La batalla contra la pandemia, su obsesión por el conurbano y el regreso armado a los operativos.

Por 03/04/2020 17:06

El ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, recibe a la periodista y conductora Viviana Canosa en la Base de Comando de Zona Sur de la policía, en Quilmes. Se suben a un helicóptero de la fuerza. Son más de las 11 de la noche y la aeronave sobrevuela el municipio del sur del conurbano. En vivo y en directo. Se recomienda mantener el distanciamiento social, pero funcionario y periodista están pegados, a cientos de metros de altura transmitiendo el vuelo. Después de unos minutos aterrizan y suben a un patrullero. La recorrida sigue por tierra. Se suma el jefe de Gabinete, Carlos Bianco. A Bianco se lo ve algo incómodo con la televisación del despliegue. A Berni no. El ministro de Seguridad se volvió actor protagónico de las acciones del gobierno provincial para combatir la pandemia del coronavirus y, como en su paso por el Ministerio de Seguridad de la Nación, las miradas vuelven a posarse sobre él.

“Tarde o temprano todos nos vamos a contagiar”, dice Berni en esa misma entrevista. Luego repite el concepto. Algunas declaraciones del ministro –que además es médico– no caen del todo bien en el Ejecutivo bonaerense. Todo, pese a que el ministro de Salud, Daniel Gollán, ya le explicó al gobernador Axel Kicillof que el plan es trabajar bajo la hipótesis del peor escenario en lo que hace a la curva de contagio del coronavirus. Pero la honestidad de Berni descoloca: la idea es tratar de llevarle tranquilidad a la población.

Desde que se declaró la cuarentena obligatoria, Berni empezó a tomar volumen. Como relató Letra P, el día 1 del aislamiento decretado por el presidente Alberto Fernández, el funcionario reunió a un centenar de efectivos en las escalinatas del ministerio de Seguridad en La Plata y bajó un mensaje de guerra para iniciar una batalla contra un enemigo invisible.

 

 

Aprovechó para ejecutar algunas decisiones que venía trabajando desde que juró como ministro. Por ejemplo, en el marco del coronavirus le sacó a los intendentes el control operacional de las fuerzas locales. Darle verticalidad a las policías locales bajo el mando del jefe de La Bonaerense es parte de un plan que durante febrero le había adelantado a algunos intendentes. Ahora lo llevó adelante.

También dispuso contar “con una reserva de hombres y mujeres” de la policía para que estén listos cuando se los requiera. Lo ejemplifica con un antecedente que se dio en la Ciudad de Buenos Aires. En Capital Federal, un efectivo dio positivo de COVID-19 y como estaba en funciones obligó a poner en cuarentena a otros 70 compañeros. Berni no se podría permitir un error así. “Hay 10 mil efectivos en reserva, van a ser convocados en la medida que sean necesarios”, dijo días atrás.

La principal atención y preocupación del ministro pasa por lo que sucede en el conurbano. Por eso hizo del Centro de Coordinación Estrategia de la Policía, ubicado en Puente 12, en La Matanza, uno de sus búnker en esta batalla invisible. Por ahí pasa Kicillof y la vicegobernadora Verónica Magario. Desde allí participa de videoconferencias y monitorea el despliegue de fuerzas en el territorio, controla cómo está el conurbano. Hay en total 10 bases operacionales en toda la provincia desde donde se ordena qué hacer.
 

 

Por estos días acompaña a Kicillof en (casi) todas las actividades. Desde la inauguración del sanatorio Antártida Argentina a una reunión con el presidente o con legisladores de la oposición como la de este jueves. “Muchos dicen que es el cogobernador”, bromea un diputado de Juntos por el Cambio.

La urgencia lo lleva al interior de la Provincia. En el distrito de Pergamino, en la Segunda sección electoral, un grupo de personas aprovecha el aislamiento e intenta saquear un supermercado chino. El suceso quedó registrado en las cámaras de seguridad. Clientes y los dueños del local se defienden y el episodio queda algo trunco. Se apuran los allanamientos y Berni es un policía más.

Se traslada al distrito que gobierna el macrista Javier Martínez y participa de los allanamientos.  Lleva su pistola en la cintura. Los efectivos irrumpen en una vivienda, recorren un barrio y detienen a nueve personas sospechosas. Berni vuelve a escena y relativiza el hecho de llevar su arma.

“Porto arma desde hace más de 30 años. Trabajo en zonas donde el arma es una herramienta más de trabajo y le doy el uso que tengo que darle”, explica. En una entrevista en Radio Mitre le preguntan qué pasaría si se complica un operativo y hubiera un enfrentamiento. Con timming militar responde: “Para eso estoy preparado”.