X

La vicepresidenta le da vía libre al jefe del bloque peronista para que mueva fuerzas celestes en el Senado. El pacto de paz concluirá cuando llegue el proyecto, si logra la aprobación en Diputados.

Por 11/03/2020 18:58

Si la batalla final por la legalización del aborto llegara a definirse en el Senado, la tensión entre verdes y celestes dentro del bloque del Frente de Todos (FdT) demandará un gran esfuerzo de convivencia, al menos hasta que llegue el momento de las definiciones. No será tarea fácil, porque en las 41 voluntades que integran al bloque oficialista gravitan algunos de los protagonistas más notorios de ambos sectores contrapuestos, como la vicepresidenta y titular del Senado, Cristina Fernández de Kirchner, y el presidente del bloque, el formoseño José Mayans.

El paraguas inicial para garantizar la convivencia entre ambas posiciones será la libertad de acción, una cláusula que el propio Mayans se encargó de confirmar apenas el presidente Alberto Fernández anunció, ante la Asamblea Legislativa, el envío de un nuevo proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. El senador no habló solamente del respeto a las posiciones divergentes, sino que también le puso su impronta personal y aseguró que si el proyecto se transforma en ley "el Estado está autorizando a matar a una persona". El bloque del PJ está encabezado por Mayans, considerado el principal senador "celeste", junto a la presidenta provisional de la Cámara, la santiagueña Claudia Abdala de Ledesma, pero la vicepresidencia partidaria está en manos de la mendocina Anabel Fernández Sagasti, impulsora de la legalización del aborto. 

 

 

Desde el bloque confiaron a Letra P que las palabras de Mayans no cayeron bien en el sector verde. Tampoco sorprendieron a las senadoras, que ya están trabajando para obtener el apoyo al nuevo proyecto. “Ya estaban preparadas para volver a escuchar su verborragia pública porque les dice lo mismo en persona, pero esta vez seremos mucho más cautelosas, no vamos a profundizar la grieta dentro del bloque”, confió una integrante del oficialismo que trabaja en reserva para contabilizar los votos a favor y en contra de un texto que, al cierre de esta nota, todavía no ingresó a la Cámara de Diputados.

 

 

La principal encargada de mantener el silenzio stampa es la vicepresidenta, que trabaja en la misma línea del jefe del Estado: evitar que se profundicen las divergencias y que el debate escale a puntos irreconciliables dentro del bloque. "Ambos se respetan y conocen sus posiciones, pero ella trabajará para sumar acuerdos y no para restar aliados, porque eso puede transformarse en un búmeran", resumieron desde su despacho ante las consultas de este medio. Esa cautela “no significa que Cristina no haga sus esfuerzos para obtener la sanción del proyecto”, aclararon desde otro rincón de la Cámara alta para justificar el bajo perfil que mantendrá al respecto. La firma del Presidente en el texto es una señal que sus senadores no podrán desconocer fácilmente, pero en la Casa Rosada ya anticiparon que no habrán llamados febriles en nombre de la verticalidad partidaria.

 

 

Así como el Presidente no intervendría en convencer o torcer posiciones, los gobernadores peronistas “pro vida” harían lo mismo, según anticipó ese portal. En el caso de la vicepresidenta la situación es diferente. “Será cuestión de tiempo”, aseguró un funcionario que dialoga a menudo con la titular del Senado sobre temas religiosos y especialmente sobre el aborto. “Todavía estamos en preliminares y vamos a dejar que cada uno se mueva como le parezca", explicó la fuente.

 

 

La cautela expectante y la contención encierran una razón estratégica: revertir los números adversos que sellaron la suerte del proyecto en 2018 y que podrían repetirse en esta nueva contienda legislativa. Entre susurros, algunos miembros del bloque admiten que la desventaja continúa pero trabajan para desgranarla. Hace dos años la iniciativa fracasó por 38 votos en contra, 31 a favor y dos abstenciones. La apuesta para la próxima disputa en el recinto apunta a reducir y dar vuelta esos siete votos de desventaja, pero el camino se presenta escarpado.

 

 

Los senadores verdes son tan transversales a cada bloque como sus colegas celestes. La muestra está en la reunión reservada que este miércoles encabezaron Mayans y su par de Juntos por el Cambio, la tucumana Silvia Elías de Pérez, con los pastores Osvaldo Carnival y Jorge Sennewald, dos de los vicepresidentes de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), que fueron invitados al Senado para coordinar posiciones con un grupo de oficialistas y opositores que trabajan sin pausa para evitar que el nuevo proyecto prospere. Ambos dirigentes evangélicos participaron la semana pasada de una reunión similar, pero con diputados celestes de la bancadas opositora y oficialista.

En la Cámara baja los representantes religiosos se preparan para una derrota “casi segura” y por eso aprietan los tiempos para hacer lobby en el Senado.