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La rebelión del lavagnismo albertista inorgánico, un golpe para Massa

La jugada de cuatro diputados de no dar cuórum para la reforma jubilatoria de los jueces esconde un tironeo con el presidente de la Cámara, que debió maniobrar con Scioli en el borde de la legalidad.

Por 27/02/2020 18:28

Con su decisión de no ayudar al Gobierno a reunir el cuórum para habilitar la sesión de este jueves, cuatro diputados lavagnistas sublevados no pudieron impedir el tratamiento de la reforma jubilatoria del Poder Judicial, pero su objetivo no era ese, sino uno más pedestre y subterráneo: dejarle en claro al presidente de la Cámara baja, Sergio Massa, que no serán dóciles a pesar de los valiosos cargos -y su consecuente fortuna en contratos para sus tropas- que el Gobierno les abrió a importantes figuras del espacio que lidera el exministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, que, como precisó Letra P, coló soldados en rincones preciados del esquema de poder albertista.

“No puede llevarnos a empujones”. Tal es la bajada al criollo que una fuente del lavagnismo parlamentario le hizo a este portal para allanar lo que antes habían explicado con más elegancia en un comunicado. "Nuestro interbloque (Federal) ha sido absolutamente excluido de este debate, privándosenos incluso de participar de la Comisión de Previsión Social, que por composición del cuerpo nos corresponde. La modificación al sistema previsional del Poder Judicial es un tema emblemático, en el que era absolutamente necesario la búsqueda de acuerdos y consensos", decía el escrito.

 

APROBADO. La Cámara de Diputados aprobó y envió al Senado el proyecto de ley de reforma de las jubilaciones de privilegio de la Justicia y del servicio exterior, en una sesión especial que se realizó con la ausencia del interbloque de Juntos por el Cambio. La iniciativa obtuvo el voto positivo de 128 diputados y dos abstenciones, tuvo un rápido tratamiento en particular y podría tratarse este viernes en la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado.

 

 

La rebelión del medio sorprendió por el grado de involucramiento que alcanzó el lavagnismo en el gobierno de Alberto Fernández. Se trata de una participación inorgánica porque el espacio no integra el Frente de Todos -ni en el plano partidario ni en el ámbito parlamentario- y Roberto Lavagna esquivó su designación como titular del Consejo Económico y Social, pero es una participación de facto: Marco Lavagna dirige el INDEC; Rodolfo Gil -mano derecha del excandidato en sandalias- fue beneficiado con la embajada en Portugal; Carlos Hourbeigt y Zenon Biagosch integran el directorio del Banco Central y Matías Tombolini fue nombrado vicepresidente del Banco Nación. Nada mal para los hombres de un dirigente que se ofreció ante el electorado como la alternativa a la grieta que encarnaban Fernández y Mauricio Macri.

Acaso el archivo sirva para explicar la tensión y haya que recurrir al refranero popular para entender que donde hubo fuego, rencores quedan. Porque al lavagnismo y al massismo el pasado los enfrenta: Massa y Lavagna se sacaron chispas en la incandescente interna del tan pomposo como efímero proyecto del Peronismo Federal, el espacio de la avenida del medio que fundaron el exintendente de Tigre, el cordobés Juan Schiaretti, el salteño Juan Manuel Urtubey y el rionegrino Miguel Pichetto y con el que el exministro de Economía histeriqueó hasta que lo presionaron para que fuera a internas.

La negativa del economista, que pretendía ser ungido por aclamación, fue el principio del fin: Massa terminó con los Fernández y Pichetto con Macri, Schiaretti bancando por omisión a su amigo el entonces presidente y Lavagna, con Urtubey, sosteniendo un proyecto que terminó demasiado angosto.

 

 

EL G18. Como detalló Letra P, en la Cámara de Diputados hay un grupo de bloques minoritarios que juegan de líberos y, en la dinámica de la polarización entre las dos grandes bancadas (FdT y Juntos por el Cambio), sacan músculo y operan de árbitros porque sus votos son imprescindibles para que el Gobierno alcance el número mágico de las 129 voluntades requeridas para dar inicio a las sesiones y aprobar los proyectos que requieren mayoría simple.

En ese conglomerado se anotan Consenso Federal (Graciela Camaño, Jorge SarghiniAlejandro Rodríguez), Córdoba Federal (Paulo Cassinerio, Carlos Gutiérrez, Alejandra Vigo y Claudia Márquez), Unidad Federal para el Desarrollo (Pablo Miguel Ansaloni, Antonio Carambia y José Luis Ramón), el bloque Justicialista (Eduardo Bucca y Andrés Zottos), el Frente de la Concordia Misionero (Flavia MoralesDiego Sartori y Ricardo Wellbach), Juntos Somos Rio Negro (Luis Di Giacomo), Partido por la Justicia Social de Tucumán (Beatriz Luisa Ávila) y Partido Propuesta Salteña (Virginia Cornejo). Los lavagnistas Camaño, Sarghini, Rodríguez y Bucca no bajaron al recinto para dar cuórum.

La bronca es con Massa, que, se quejan los fieles del exministro, juega con otros bloques del G18 y los “ningunea” a ellos.

La operación de los cuatros jinetes del lavagnismo librepensador obligó a Massa a jugar al fleje para que la sesión no naufragara: tuvo que sentar en su banca a Daniel Scioli, ya aceptado por el gobierno de Jair Bolsonaro como embajador argentino en Brasil. "Todavía el cuerpo no aceptó la renuncia del diputado. Mientras esto no ocurra, sigue siendo diputado", maniobró el presidente, en terreno jabonoso.