28|2|2021

CFK, del salto al verde a la mochila del último paso

16 de diciembre de 2020

16 de diciembre de 2020

Como presidenta, no puso el tema en agenda. En 2018 cambió su mirada y hoy juega fuerte por la legalización. Los mensajes internos y la clave de la boleta 2019.

Cuando le tocó hablar, aquel 8 de agosto de 2018, la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner ya sabía que la legalización del aborto, que llegaba con la aprobación de la Cámara de Diputados, quedaría trunca en el Senado. Lo que no sabía es que dos años después le tocaría conducir, ahora desde la presidencia del cuerpo, la discusión de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). “Esta ley no va a salir esta noche, pero quiero decirles a todos y a todas que no será este año, será el año que viene o el otro”, dijo ese miércoles, hace dos años, durante su discurso. No estaba haciendo futurología ni pronósticos, expresaba lo que en ese momento se respiraba en la calle. La sanción de la ley era cuestión de tiempo. Es cuestión de tiempo.

 

Cristina correspondió ese giro conceptual, que la llevó de no mover ni una pieza como presidenta para legalizar el aborto a votar a favor en 2018, con su tarea como presidenta del Senado. Entre esos movimientos hubo dos urgentes. Uno, designar a Anabel Fernández Sagasti y María de los Ángeles Sacnun como sus espadas para el poroteo y la rosca en búsqueda de votos, ausencias o abstenciones, según corresponda, para garantizar esta vez el éxito del proyecto. El otro fue el giro a comisiones: tras la experiencia con Gabriela Michetti, que hasta intentó meter en la discusión a la de Presupuesto, la vicepresidenta puso al mando de la discusión a la Banca de la Mujer, una comisión absolutamente excepcional, con más cantidad de miembros que el resto y compuesta por la totalidad de las senadoras con mandato vigente.

 

Con esos dos movimientos la búsqueda fue neutralizar obstáculos celestes. Empoderando a Fernández Sagasti –cada vez más empoderada en el día a día del bloque del Frente de Todos (FdT)- y a Sacnun el objetivo era, primordialmente, limitar el poder de fuego del presidente de su propia bancada, José Mayans, un legislador ultracatólico y lobista antiaborto que opera a cielo abierto contra la ley que mandó el gobierno que él mismo tiene que representar en el Senado.

 

En la distribución de comisiones, lo que hizo Cristina fue evitar que el bastoneo del debate caiga en Mario Fiad, senador radical por Jujuy y presidente de la comisión de Salud, que ya votó contra la legalización del aborto en 2018 y lo mismo hará el 29 de diciembre, cuando le toque volver a manifestarse sobre la IVE.

 

 

 

Hubo planteos sobre esa decisión y no llegaron desde trincheras enemigas. Dalmacio Mera, senador del FdT por Catamarca, presentó una carta dirigida a la propia Cristina Fernández en protesta por su decisión de poner a la Banca de la Mujer en la cabecera del plenario de comisiones. Dicho de otro modo: cuestionó una decisión de su jefa política dentro del Congreso y de una de las cabezas de la coalición a la que representa.

 

A Mera no le salió gratis esta –al menos para sus compañeros y compañeras de bloque- imprevista jugada. Así se lo hicieron saber y, al parecer, el catamarqueño cayó en la gravedad de la autoridad que había cuestionado. “Siempre hay posibilidades de modificar mi voto, sino uno no se sentaría a escuchar las diferentes posiciones”, declaró un día después a FutuRock, abriendo una esperanza que igualmente el universo feminista no alimenta.

 

Hay otro rol, aunque indirecto, que Cristina juega. En el oficialismo entienden que los márgenes para pedir gestos de celestes propios es una tarea a realizar, aunque con bajas chances de éxito, pero que distinto es el caso de quienes ingresaron al Senado en 2019. En su caso, sean verdes o celestes, llegaron gracias a la boleta encabezada por la fórmula Fernández-Fernández, que ganó las elecciones avisando que impulsaría la ley del aborto. El mismísimo presidente Alberto Fernández anunció, durante la campaña, su voluntad de avanzar hacia la legalización de la IVE.

 

Dejando de lado cualquier argumento sanitario, legal o religioso, las espadas de CFK invocan su figura y la del Presidente para recordarles que llegaron a donde están como parte de una fuerza que avisó que el aborto legal era una de sus prioridades. Lo sabían y aceptaron integrar esa boleta igual, por lo que un voto en contra es un voto contra la fórmula que los llevó al Senado.

 

El viaje interior

Cristina también vivirá su propia paradoja. Como presidenta y durante ocho años, la legalización del aborto ni siquiera se evaluó como un ítem en su agenda. Hasta la llegada del proyecto al Senado, en 2018, se respiraban dudas sobre cómo votaría. A esa altura, el compromiso político de su hijo, Máximo Kirchner, como diputado nacional y de su hija Florencia como militante feminista era un condicionante claro.

 

La propia vicepresidenta lo explicó durante su discurso, hace dos años. Algunos dicen que fue mi hija, una militante feminista, la que me hizo cambiar de opinión. No, no fue mi hija”, argumentó, aunque sí admitió que Florencia le “abrió la cabeza” en cuanto a “abordar la cuestión feminista desde un lugar diferente al que uno lo había visto”.

 

 

Tramo del discurso de CFK, en agosto de 2018.

 

El contexto histórico, el contexto familiar pero, también, un giro en su propia percepción ponen hoy a Cristina al mando de un debate que ni siquiera consideró cuando era presidenta. “Tenemos que entender –y sobre todo también desde mi propio movimiento político– que vamos a tener que incorporar la cuestión feminista a lo nacional y popular que caracterizó al peronismo durante décadas”, esgrimió en ese discurso del 8 de agosto de 2018. Esa incorporación, en su caso, empezó como un viaje interior.