23|6|2022

Los desafíos del MAS sin Evo: triple crisis en una región conservadora

08 de noviembre de 2020

08 de noviembre de 2020

Con la asunción del presidente Arce, el país andino recuperó la democracia. Alberto Fernández, el amigo fiel. De EE.UU. a Venezuela, la meta del consenso.

Luego de un año del golpe de Estado que derrocó a Evo Morales, este domingo Bolivia recuperó la democracia tras la asunción del nuevo presidente, Luis Arce Catacora, y del vicepresidente, David Choquehuanca. De esta manera, el Movimiento Al Socialismo (MAS) volvió al Palacio Quemado tras ganar las elecciones de octubre con el 55,10% de los votos y gobernará hasta 2025. De la ceremonia participó el presidente argentino, Alberto Fernández, en lo que fue su primer viaje por la región de su administración.

 

“Iniciamos una nueva etapa en nuestra historia y queremos hacerlo con un gobierno que sea para todos y todas sin discriminación para reconstruir nuestra patria en unidad y paz”, dijo Arce en su primer discurso como presidente, en el que no pudo contener las lágrimas de la emoción. El exministro de Economía de Morales aseguró que asume en un contexto difícil para el país, luego de un gobierno de facto que “sembró muerte y discriminación” y en una actualidad en la que confluyen la crisis sanitaria de la pandemia y la crisis económica. “Queremos ser recordados como el gobierno por el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la paz y la justicia social”, declaró.

 

 

Será la primera vez que el MAS, el partido fundado por Evo Morales a fines de la década del ´80, gobierne sin su figura estelar. Arce fue uno de sus ministros más importantes durante una década, puesto que dejó únicamente para tratarse un cáncer que superó, y es el ideólogo del modelo económico que logró el período de mayor crecimiento y estabilidad de la historia nacional. Por su parte, Choquehuanca es un líder indígena aymara y campesino del norte de La Paz cercano a los bases sociales y a los sectores más populares. Minutos después de la jura, Morales despegó desde Buenos Aires con destino a Jujuy para reingresar este lunes a su país natal, donde será recibido por una caravana que lo llevará hasta Cochabamba.

 

El gobierno no tendrá tiempo para acomodarse y no disfrutará de la primavera electoral. El país sufre una triple crisis que deberá enfrentar desde el primer momento. Por un lado la sanitaria, producto de la pandemia de Covid-19, que colapsó al sistema sanitario y que provocó que decenas de personas mueran en las calles del país. Por otro lado, la económica, producto de una serie de medidas tomadas por el gobierno de Jeanine Añez y profundizada por la pandemia. En el segundo trimestre del año, el Producto Bruto Interno (PBI) se desplomó un 11,1%: no es casualidad que la economía haya sido uno de los principales temas del discurso inaugural. Por último, una profunda polarización que ha emergido con fuerza desde el golpe de Estado. Muestra de ello es que todavía hay sectores que denuncian un supuesto “fraude” en los comicios de octubre y demandan un nuevo golpe de Estado y que la oposición de Comunidad Ciudadana (CC), la segunda fuerza electoral, se retiró de la Asamblea Legislativa Plurinacional cuando los nuevos mandatarios comenzaron a hablar.

 

El nuevo binomio del MAS es consciente de estos desafíos y así lo hizo saber durante la asunción. “La población votó por la paz y la estabilidad, por la esperanza y la dignidad, por el reencuentro de todos y todas”, aseguró Arce. Por su parte, Choquehuanca, en un discurso con un claro tono indigenista y en defensa del medioambiente, utilizó una metáfora para evidenciar el objetivo del nuevo gobierno: “El condor levanta vuelo solo cuando su ala derecha está en perfecto equilibiro con su ala izquierda”.

 

 

 

La promesa de alcanzar una presidencia dialoguista y de consenso también quedó en evidencia en la política exterior del nuevo gobierno. De la ceremonia participó una delegación estadounidense, país con el que Evo Morales cortó relaciones en 2008; el canciller de Irán, Mohamad Yavad Zarif; el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, y el presidente argentino, Alberto Fernández. “Nuestra voluntad es la de trabajar por un mundo multipolar en el que no exista la supremacía de ninguna superpotencia”, aseguró Arce y adelantó que buscará una “integración Sur-Sur en un mundo globalizado en la que no se impongan designios del Norte”.   

 

La promesa de alcanzar una presidencia dialoguista y de consenso quedó en evidencia en la ceremonia de asunción: participaron una delegación estadounidense, pero también los cancilleres de Irán y Venezuela.

ALIADOS. El viaje a Bolivia fue la primera salida de Alberto Fernández desde el inicio de la pandemia y el primero por América del Sur desde su asunción. Tenía más de un motivo para hacerlo. Con el nuevo mandatario boliviano, comparte visiones económicas, políticas y sociales en una región adversa políticamente para su gobierno y consigue un primer aliado con el que forjar una relación bilateral. En febrero recibió a Arce en la Casa Rosada, durante la campaña boliviana mantuvieron un encuentro por Zoom y Fernández fue el segundo mandatario del mundo en saludarlo en la ceremonia protocolar desarrollada en la Casa Grande del Pueblo. La gira presidencial terminará este lunes, cuando despida a Evo Morales antes de que el expresidente reingrese a Bolivia.

 

El gobierno argentino fue uno de los pocos que no reconoció al gobierno de facto de Añez y durante estos meses esperó con ansias el triunfo en las urnas del MAS. Con la asunción del nuevo gobierno, la relación bilateral, congelada desde el golpe de Estado, encontrará un impulso fundamental para alcanzar objetivos comunes. Uno de los primeros será designar a un embajador en La Paz y, entre las coincidencias bilaterales, se encuentran la búsqueda de una solución pacífica y negociada de la crisis venezolana, la explotación conjunta y estatal de las reservas de litio, la profundización de la cooperación aeroespacial y la reconstrucción de un foro multilateral regional como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

 

Con la asunción de Arce, Bolivia recuperó la democracia. Atrás quedará un gobierno de facto que no recibió ningún voto como una etapa oscura de la historia andina. Se inaugura una nueva era con desafíos graves e importantes, pero será, finalmente, una nueva etapa democrática.