ELECCIONES 2020

Biden al poder: grieta mata récord de votos y el enigma regional

El demócrata llega a la Casa Blanca aupado por una montaña de sufragios pero con el Congreso y la sociedad polarizados. La agenda que espera el Sur.

Luego de cuatro días de recuento de votos y de injustificadas denuncias de fraude por parte del presidente Donald Trump, este sábado se confirmó la victoria electoral del demócrata Joe Biden luego de conquistar el estado de Pensilvania y superar la barrera de los 270 electores. De esta manera, asumirá el próximo 20 de enero en Washington y se convertirá en el 46° presidente de los Estados Unidos. Por su parte, Trump será el primer presidente desde George Bush, en 1992, en no ser reelecto.

 

“América, me honra que me hayan elegido para dirigir nuestro gran país”, publicó Biden ya como presidente electo en su cuenta de Twitter donde prometió “ser un presidente para todos los estadounidenses”. Su victoria se esperaba desde el jueves, cuando pasó al frente en Pensilvania, Georgia y Arizona, pero, ante la falta de un organismo electoral que declare un ganador y la mesura de los medios, el anuncio se hizo esperar. Finalmente, todavía con el escrutinio sin finalizar, CNN, Fox y la agencia AP confirmaron su victoria. Al cierre de esta nota, Biden superaba el mínimo de 270 electores para ser presidente y llegaba hasta 279 al ganar Pensilvania y Nevada.

 

Biden alcanzaba los 74 millones de votos, conseguía el 50,5% del total y se convertía en el presidente más votado de la historia del país. Por su parte, Trump llegaba al 47,7%, con 70 millones de votos, y se convertía en el segundo candidato más votado de la historia. A pesar de estos números, el sistema electoral indirecto, que hace que no sea necesario ganar la elección popular sino el colegio electoral, hizo que la contienda se definiera por apenas 60 mil votos: los 34 mil de diferencia que obtenía en Pensilvania y los 25 mil con los que ganaba Nevada, los dos estados que inclinaron la balanza.

 

 

Una serie de récords rodean la victoria del exvicepresidente del gobierno de Barack Obama. Asumirá con 78 años y se convertirá en el mandatario más grande de la historia del país y su compañera de fórmula, Kamala Harris, será la primera mujer y la primera afroestadounidense en ocupar ese puesto. “Lo hicimos, Joe”, dijo Harris en una conversación telefónica con Biden publicada en su Twitter, donde se ve al servicio secreto custodiándola de lejos.

 

Por su parte, Trump recibió su derrota mientras jugaba al golf y, como ha hecho durante estos días, se negó a reconocer el resultado. Bajo el argumento de un supuesto fraude, del que no ha presentado ninguna prueba, emitió un comunicado donde aseguró que Biden se está “apresurando” en declararse ganador con la ayuda de los medios de comunicación que “no quieren que se sepa la verdad”. “Estas elecciones aún no han terminado”, afirmó y adelantó que no se dará por vencido. “No descansaré hasta que el pueblo tenga el recuento honesto de votos que merece y que demanda la democracia". advirtió. Su estrategia es judicializar el recuento, porque sostiene que Biden gana gracias al voto por adelantado y por correo, los cuales denuncia como “ilegales”.

 

 

 

CLAVES. La victoria de Biden se debe, en parte, al mismo motivo por el que ganó Trump en 2016: el Rust Belt (el cinturón del óxido). El demócrata recuperó Wisconsin, Michigan y Pensilvania, tres estados industriales que sufrieron el impacto de la relocalización de las empresas en los últimos años y que en 2016 se inclinaron a favor de Trump. Además, al cierre de esta publicación, Biden lideraba el recuento en Georgia y Arizona, dos estados en los que no gana un demócrata desde 1992, y esperaba una tendencia irreversible para confirmarlos y extender su ventaja hasta los 306 electores, el mismo número que Trump conquistó hace cuatro años.

 

A pesar de estas conquistas y del récord de votos, su victoria no es contundente. La elección se definió por pocos votos y el deseo demócrata de conquistar el Senado y obtener la mayoría en las dos cámaras legislativas deberá esperar hasta el ballotage de Georgia en enero para definir su composición. Además, tendrá que gobernar un país que vive la peor crisis sanitaria y económica en un siglo con una sociedad profundamente polarizada. Deberá tener en cuenta que Trump no perdió ni un solo voto en cuatro años, ni siquiera tras el mal manejo de la pandemia. Trump se irá, pero el trumpismo seguirá presente y le presentará una fuerte oposición. 

 


 

 

UNA CARA NUEVA EN LA REGIÓN. “Saludo a Joe Biden, próximo presidente, y a Kamala Harris, que será la primera vicepresidenta mujer de ese país”, publicó el presidente Alberto Fernández en Twitter. El retorno de Biden a Washington implica una cara nueva para la región y el reacomodamiento de la agenda bilateral. La principal diferencia que se podrá esperar para Latinoamérica pasa más por las formas que por los temas. Tanto para él como para Trump, las prioridades son detener el ascenso de China, resolver la crisis venezolana y controlar la inmigración centroamericana. La divergencia radica en el cómo lograrlo. Mientras Trump optó por un tono beligerante y menos multilateralista, Biden promete más diálogo y consenso y profundizar el trabajo en conjunto. Es decir, podría darle aire a un continente ahogado en crisis superpuestas.

 

Por su parte, en la Casa Rosada buscarán ampliar el espectro de las negociaciones bilaterales a asuntos no tratados con Trump, como la lucha contra el cambio climático, el desarrollo de la infraestructura y la defensa de los derechos humanos. La nueva administración será de vital importancia en la negociación con el FMI. En Balcarce 50 estarán atentos a su gabinete, porque el presidente de BlackRock, uno de los tenedores privados más grandes de la deuda renegociada, Larry Fink, es uno de sus posibles secretarios del Tesoro.

 

La victoria de Biden implica una nueva cara para Washington y para el mundo y, con ella, la llegada de una bocanada de aire fresco para sus desafíos internos y externos. Sus retos serán importantes, pero perdió las elecciones uno de los presidentes más beligerantes y violentos del mundo. Eso no es poco. 

 

 

 

Javier Milei. 
El exintendente de Santa Fe, Emilio Jatón y el exsecretario general Mariano Granato.

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