14|1|2022

Tras el cisma por la foto con Carrió, Larreta recompone con la UCR

05 de noviembre de 2020

05 de noviembre de 2020

Hubo furia radical. Sus referentes entendieron que la línea por Rafecas fue una “imposición” de la CC. El juego en tándem con Negri. Paz macrista.

La foto de Elisa Carrió, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta en Exaltación de la Cruz generó un cisma en Juntos por el Cambio que llevó varios días desandar. La imagen, con múltiples mensajes internos, generó urticaria en Mauricio Macri, pero también en la Unión Cívica Radical (UCR). A Macri le confirmó el enojo y la alquimia de la exdiputada con Rodríguez Larreta, pero el radicalismo puso el grito en el cielo porque el jefe de Gobierno y la exgobernadora se comprometieron con la postura de Carrió en torno al pliego de Daniel Rafecas para la Procuración General de la Nación y sentaron posición pública sin, sostienen en el partido centenario, un diálogo previo.

 

El fin de la pelea se decretó el miércoles durante la reunión virtual de la Mesa Nacional del partido amarillo, donde hubo intercambio de pareceres pero las tribus arribaron a una postura común: apagar el incendio congelando la discusión por Rafecas. “Es una interna del Gobierno”, replican en JxC y fundamentan con los cruces entre la ministra de Justicia, Marcela Losardo, y el diputado nacional Leopoldo Moreau sobre el candidato a conducir el Ministerio Público Fiscal. Bajo esa lógica, la coalición opositora resolvió evitar el tema hasta que el gobierno de Alberto Fernández lo ponga sobre la mesa en el Senado.

 

 

Sin embargo, para llegar a ese acuerdo transcurrieron varios días y muchas conversaciones. La cúpula del radicalismo destiló furia porque la foto buscó revestir de un manto de homogeneidad opositora en torno a la estrategia de Carrió sobre el pliego de Rafecas. Faltaban horas de discusión interna, Macri  ya se había cruzado con Carrió y la líder de la Coalición Cívica gestionó el apoyo de Rodríguez Larreta y Vidal para imponerse ante la UCR y el expresidente.

 

El radicalismo masculló bronca porque Carrió movió primero y dejó trascender una postura presuntamente común que no era tal. Ese enojo viajó hacia el celular de Rodríguez Larreta en cuestión de horas. El jefe de Gobierno pasó buena parte del fin de semana para subsanar la molestia generada. A Carrió no se le movió un pelo, festejó haber centralizado la agenda de JxC y, en su tirria constante con la UCR, tomó como un triunfo el enojo radical.

 

 

 

Rodríguez Larreta conversó con el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo; con el jefe del bloque de la UCR en Diputados, Mario Negri; con el senador Martín Lousteau y con Ernesto Sanz. Ante todos ellos, ensayó un mea culpa, defendió su postura y empezó a allanar el camino para el congelamiento del tema, bajo el interés de sofocar el temblor. En paralelo, Negri destinó horas en llamados con Macri y Carrió para apaciguar ánimos.

 

La bronca de los radicales con Carrió es de antaño, pero tiene un antecedente cercano. Durante la gestión Macri, la líder de la CC solía adelantar posturas generales del Gobierno sin que estuviera cerrado el acuerdo con la UCR. En varias ocasiones, se les anticipaba y luego el radicalismo debía involucrarse en el debate con la agenda de Carrió ya instalada en la arena pública.