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El eterno carreteo de Perotti

Planteó las emergencias como única manera de mover una gestión que no despega. Confrontó con el socialismo hasta que, obligado, se abrió al consenso. El capital político, en manos de la Legislatura.

Por 02/02/2020 10:11

A 50 días de haberse iniciado, la gobernación de Omar Perotti parece continuar en el carreteo previo al despegue. Lo que parece atarlo es su propio discurso, que se enfocó en poner mojones en una dimensión casi determinante: sin su Presupuesto o emergencias, no hay gestión. Así, confinó sus días en la mirada de la escasez que, de por sí, achica el nivel de expectativas y de crédito.

Desde el comienzo, decidió no soltar la frustrada y tensa transición con el socialismo. Con las semanas la convirtió en una confrontación constante que tampoco encontró moderación en la otra parte. Se arrastraron los resabios de la pelea que tocó techo con el contrapunto de la discusión por el Presupuesto 2020, finalmente elaborado por el gobierno saliente en una maniobra de pases de facturas y recelos.

 

 

La revoltosa aprobación de aquel texto evidenció una característica que venía sobrevolando los días previos a la asunción del nuevo gobierno: el fuego interno. El Senado convalidó el Presupuesto enviado, haciéndole un favor inesperado al socialismo y marcándole la cancha al gobernador. Perotti tuvo que mediar en persona y aplacar el poder de un grupo de senadores peronistas encabezados por Armando Traferri. El fuego se apagó, pero nadie asegura que las brasas no vuelvan a prenderse.

“Nos subieron al ring desde el primer momento”, graficó en diálogo con Letra P el diputado socialista y ladero del exgobernador Joaquín Blanco. “Se encerraron en la pelea con el socialismo y no les termina sumando”, sostuvieron desde Juntos por el Cambio. La seguridad y las finanzas fueron los focos.

FRENTES. La primera ficha la movió el gobernador el día de su asunción, pero luego mantuvo llamativamente un perfil oculto y de poco alcance público. La denuncia de un “pacto directo o indirecto de gobernabilidad con el crimen” que arrojó Perotti en su discurso en la Asamblea Legislativa con un saliente Miguel Lifschitz a su lado fue toda una muestra de por dónde movería el tono acusatorio.

El nombramiento de Marcelo Sain en Seguridad movió el avispero en una materia que, en la campaña, prometió no reprobar, sobre todo en contraste con la mala experiencia socialista. La resistencia interna a un académico lanzado que prometió modificar radicalmente la estructura policial no dio paz.
 

 

Primero por la ola de crímenes en el inicio de año y, luego, por la lengua picante del propio ministro, que terminó dinamitando puentes políticos y legislativos para las emergencias, cuando la estrategia empezó a virar hacia el consenso. El malestar y la marca personal llegó hacia el centro del gabinete demasiado temprano.

Por otra parte, las críticas a las finanzas que dejó el Frente Progresista adquirieron espesor. La discusión por la caja y la deuda flotante tomó carrera desde el revés legislativo a fin de año, cuando Perotti creyó que podría obtener las emergencias sin hacer más que exigirlas. De ahí en más, el proyecto se transformó en una obstinada tarea que se sostiene hasta la actualidad. Volverá a jugar la carta en busca de mayor margen de maniobra en distintas áreas.

En esas primeras rondas legislativas, el Frente Progresista se opuso casi sin ceder y, cuando apareció una ventana de acercamiento, a mediados de enero, encontró la excusa en las declaraciones de Sain señaladas anteriormente.

Pero la falta de resultados generó cambios. El nuevo proyecto que envió en los últimos dos días a los bloques bajó un tono la confrontación, dado que las responsabilidades no se orientaron como hasta ahora hacia el socialismo, sino más bien a la coyuntura nacional arrastrada por el macrismo. Todo un mensaje para aplacar ánimos.
 


Además, se afinó el aspecto técnico para que resulte más votable. Pero la toma de deuda para financiar gastos corrientes no le cierra a parte de la oposición. “Será superador”, le dijo a este medio el ministro de Gestión Pública, Rubén Michlig. Mientras tanto, movió la cintura y aprovechó los famélicos municipios para sumar las voluntades de intendentes, incluso del Frente Progresista, como Pablo Javkin, de Rosario. Hay indicios de que la oposición dura podría reconocer el cambio de actitud, pero en el Frente Progresista siguen hablando de "megaley". Serán determinantes las reuniones de esta semana para negociar cambios concretos.

El Frente Progresista reclama un plan de gestión que aún no llega. Perotti, por lo pronto, fijó como prioridad la alimentación de los niños, a la que también le dedicó un capítulo entero en el paquete de emergencias.

PERFIL. En 50 días se mostraron modos y formas. El perfil del gabinete de Perotti encuentra eco en el de Jorge Obeid. Se repiten las caras y las maneras de gestionar un estado. La esencia podría resultar si fuera practicada de la mano de la experiencia, pero esto también requiere de un aggiornamento a los tiempos que no tienen que ver con lo administrativo sino con lo interpretativo fuera de un despacho.

Los pasillos vacíos de las dependencias públicas por un receso obligado a 15 días de asumir frenaron el impulso esperado de la nueva gestión. Se decidió tomar todo enero para ahorrar energía y reordenar la administración. Hacía 30 años que no ocurría algo así.
 

 

En el resumen de los primeros 50 días resalta la pretensión insistente del gobierno por obtener las emergencias. Pero esto también describe la encerrona a la que se somete, ya que todo parece reducirse al éxito de la misma: el congelamiento por 180 días de las tarifas, el boleto educativo gratuito, la reactivación del Estado o la "corrección de desequilibrios", como sostiene el borrador del mensaje del Ejecutivo. Incluso, producto de enfocar todo en las emergencias, no se ha manifestado con qué instrumentos se las reemplazaría en caso de que no se las obtenga. 

Del mismo modo que la gestión parece estacionada, también lo está la construcción política de Perotti. Habrá que analizar en qué queda la unión de los distintos espacios políticos que llevaron al PJ a ganar la provincia después de 12 años. Por lo pronto, aparecieron algunos resquemores en off desde las diferentes vertientes peronistas en relación con la forma en la que se conduce el agitado verano santafesino, más aún cuando en la Nación las cosas arrancaron derecho.