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Mientras imagina un futuro sin Macri, se aferra a Larreta y la UCR. Se entusiasma con una silla en la oposición "colegiada" al peronismo. Las paredes con Monzó, el silencio y los berrinches de Peña.

Por 03/09/2019 20:10

Descanso en familia. Silencio. Introspección. Análisis con su equipo de colaboradores. Silencio. Esta rutina repitió el candidato a senador nacional Martín Lousteau desde el 11 de agosto hasta el cierre de este artículo. Nadie de su mesa íntima quiere que se modifique ese comportamiento. “Bajó el perfil, pero está y va a estar”, repiten en su entorno ante las consultas de Letra P sobre su rol en la campaña que se avecina, tras las PASO. Mientras transita semanas de extremo perfil bajo -principalmente alejado de los medios-, el economista se entretiene en largos momentos de reflexión sobre el panorama electoral y su futuro político, semanas después de haber acordado su desembarco a Cambiemos y de haber aceptado compartir la boleta con el presidente Mauricio Macri

Su principal colchón electoral, la Unión Cívica Radical (UCR) porteña, le augura años de participación política por delante y se ilusiona con su rol en el Senado. Horacio Rodríguez Larreta, tras casi cuatro años de enfrentamiento político, lo quiere cerca para el proceso que se abre luego del 10 de diciembre y lo imagina como una pata clave de la mesa de una eventual oposición “colegiada” al peronismo unificado, que gobernará la Nación y la provincia de Buenos Aires.

 

 

Un reagrupamiento que se solidifique desde el Congreso y que se extienda, vía el radicalismo, a nivel nacional y con eje en las provincias que la UCR mantenga y la Ciudad de Buenos Aires, si sigue pintada de amarillo. De repetirse el resultado de las primarias, Lousteau llegaría al Senado junto a su compañera de fórmula, Guadalupe Tagliaferri, del riñón de Larreta. En Diputados, la UCR tendría 43 bancas, de las cuales cuatro representarían al radicalismo capitalino y al ex ministro de Economía. También, tendría cinco escaños propios en la Legislatura porteña.

A pesar de haber firmado el pase a Juntos por el Cambio, Lousteau no cree que haya atado su suerte a la del Presidente, pero sí admite que su reconciliación con Rodríguez Larreta le abre otro horizonte en el reparto de roles del posmacrismo. Confía en que retendrá la Ciudad, se eregirá como jefe excluyente del PRO y tendrá un lugar de peso en la oposición al peronismo nacional. El jefe de Gobierno también lo quiere cerca y metido en la campaña porteña. 

En el larretismo quieren que repita las críticas “moderadas” al Gobierno y la gestión para que absorba votos de una pecera en la que el PRO no logra pescar en la Ciudad. Bajo esa lógica, tanto los candidatos radicales como el propio Lousteau tendrán vía libre para blandir "sus conceptos" -como dicen en Uspallata 3160- sobre la educación y la salud. Una estrategia que emerge ante un eventual agravamiento de la crisis y una consecuente crecida de la intención de voto de Matías Lammens y el Frente de Todos.

 

 

Tanto Lousteau como Larreta se imaginan una sociedad de apoyos mutuos que supere las fronteras del 2019. Una protoalianza que hablaron cara a cara cuando se negociaban las listas de la Ciudad y que anida una promesa de no obstaculizar las intenciones electorales de Lousteau para 2023. De hecho, el actual diputado nacional dejó su ostracismo y 48 horas después de las PASO se mostró con Larreta y Diego Santilli en una recorrida por las obras de la nueva Comisaría Comunal 1 del barrio de Retiro. También, hizo lo propio para mostrarse con el intendente de Neuquén, Horacio "Pechi" Quiroga, a propósito de la presentación de su libro "Debajo del Agua" en la Feria del Libro de la capital neuquina.

En paralelo, la UCR lo quiere cerca pero apuesta a un perfil más "abarcativo" de Lousteau: auguran puentes con el progresismo y un sector del peronismo que quede por fuera de la toma decisiones del gobierno de Alberto Fernández. Tanto en el radicalismo porteño como en el larretismo diseñan, al menos en los papeles, una oposición al peronismo con intención de convertirse en una opción alternativa y no en un bloque heterogéneo que actúe como dinamitador de cualquier paso que dé la próxima gestión.

 

 

Mientras se aferra al radicalismo y a Larreta, Lousteau mantiene su vínculo con el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Días atrás, compartieron un almuerzo en Palermo, mientras el Gobierno era un hervidero luego de la derrota en las PASO y se esperaban cambios en el gabinete de Macri. Son escenas del posmacrismo o del fin de Cambiemos, como vaticinó el radical díscolo Juan Manuel Casella este martes en Clarín.

En paralelo, en el WhatsApp del candidato a senador aún se acumulan mensajes de fastidio del jefe de Gabinete, Marcos Peña, por sus críticas económicas a viva voz y en televisión abierta. Lo que Larreta celebra, Peña lo fustiga. Si bien tuvo encontronazos con ambos y aún falta la elección de octubre, Lousteau ya eligió.