24|11|2021

Incendios en la Amazonia: que el árbol no nos tape el bosque

02 de septiembre de 2019

02 de septiembre de 2019

Aprovechando el perfil de Bolsonaro, se empieza a instalar un discurso que presupone una superioridad moral de Europa en cuestiones de ambientalismo y género. El peligro de una nueva colonización. 

Emmanuel Macron y Jair Bolsonaro (Foto: Facebook del presidente de Brasil).

 

Aunque todavía no se han apagado los incendios de la Amazonia, lo peor en ese sentido parece ya haber pasado y deja espacio para un análisis que vaya más allá de lo obvio.

 

¿Qué es lo obvio? La cuestión medioambiental y la legítima preocupación que genera en todo el planeta que un espacio verde de la magnitud de la Amazonia esté en llamas en una proporción mayor a las de ocasiones anteriores y con la sospecha, al menos, de que la magnitud de los incendios obedece a que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, dio permiso o al menos “dejó hacer” a los hacendados con su prédica anti ambientalista. Estos, hay que decirlo, habitualmente queman sectores del bosque amazónico a fin de aprovechar económicamente los campos quemados para sembrar.

 

Pero los incendios en la Amazonia no son exclusivamente una cuestión medioambiental, sino que tienen un costado geopolítico que vale la pena atender. Uno de los líderes mundiales que más preocupación expresó por el tema fue el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Dejando de lado su tal vez legítima preocupación por la ecología, podemos visualizar dos aristas de su postura. La primera es que el líder francés aprovechó el, por así decirlo, “desapego” de Bolsonaro con la cuestión ambiental para reforzar su postura contraria a avanzar en el preacuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

 

 

 

Ese preacuerdo implica perjuicios ostensibles para los productores agropecuarios franceses y por esa razón lo miró siempre de reojo. Para poder convencer a sus pares europeos, Macron apeló a la idea de que como Bolsonaro -en línea con Donald Trump- había amagado con retirar a Brasil del Acuerdo de Cambio Climático, los productos franceses -que deben someterse obligatoriamente a las reglas de control ambiental- quedarían en desventaja frente a los brasileños y por eso nunca se mostró del todo favorable a avalar lo firmado.

 

Es que el preacuerdo entre la UE y el Mercosur, para entrar en vigencia, debe ser aprobado por los parlamentos no solo de los países sudamericanos sino también por el parlamento europeo e incluso hay quienes creen que, al menos parte de su contenido, también debería ser validado por los parlamentos de los 28 países miembros de la UE. El argumento ecológico le da a Francia la excusa ideal para no aprobarlo y probablemente se sientan identificados con esa postura los gobiernos de Polonia e Irlanda, que tal vez no sepan mucho lo que pasa en el Amazonas, pero han sufrido fuertes presiones de sus productores agropecuarios tras la firma del preacuerdo.

 

El segundo punto tiene que ver con la propuesta del francés de internacionalizar la protección del bosque amazónico. Enfrascado en su pelea con Bolsonaro -que incluyó vulgares burlas del brasileño a la esposa del mandatario galo-, Macron llevó hasta Biarritz, sede de la cumbre del G7 (los siete países industriales mas poderosos) la cuestión de la Amazonia y hasta invitó a participar al cacique amazónico Raoni Metuktire, que, vestido a la usanza tradicional, expuso su preocupación por los incendios y criticó fuertemente a Bolsonaro. 

 

En ese marco Macron sugirió en Biarritz que debería darse un "estatus internacional” a la región dada la evidente impericia del Estado brasileño en protegerla. 

 

El derecho internacional -con las limitaciones que aún tiene- reconoce el daño medioambiental como un crimen contra la humanidad y consecuentemente avala la posibilidad de que, si el país de origen no quiere o no puede, sean las organizaciones internacionales las que se ocupen de protegerlo. Es en ese punto en el que Macron se ampara para legitimar su propuesta.

 

En un sentido similar se expresaron figuras del star system como Ricky Martin, Leonardo Di Caprio, Maluma, Cristiano Ronaldo y otros, lamentando a través de sus redes sociales los incendios y reclamando -sin demasiadas especificaciones- que “el mundo” tome conciencia y actúe en consecuencia. Un detalle de color es que muchos de ellos (incluido Macron) usaron fotografías falsas o antiguas para ilustrar su reclamo.

 

La defensa de la ecología, de los derechos humanos, del feminismo y de los derechos de la comunidad LGTBI se han convertido en banderas internacionales a las que son muy afectos a defender los artistas globales y los líderes políticos de perfil liberal, tanto de derecha como de izquierda. Cosa que no sucede por ejemplo con los derechos laborales o las cuestiones referidas a los derechos soberanos.

 

Pasado el momento de mayor exposición mediática, se supo que en el mismo momento en que se desarrollaban los incendios en el Amazonas, había incendios de mayor envergadura en el África, que no tenían ni de cerca la misma repercusión ni a nivel político ni mediático ni en redes sociales. 

 

Surge entonces un tema más espinoso. ¿Qué puede esconder el interés de Macron por los incendios además de permitirle frenar el preacuerdo UE-Mercosur? Empecemos por recordar que la Francia de Macron posee una colonia en la frontera norte de Brasil, la Guyana Francesa, (famosa en su momento por la prisión en la Isla del Diablo) donde promueve la explotación de oro contraviniendo muchas normas de respeto al medio ambiente sin que hasta ahora eso haya sido motivo para frenarlas. 

 

 

 

El peligro que implica para Brasil tener un presidente como Bolsonaro (poco formado, con muchas dificultades para gestionar, de modos vulgares, etcétera) es lo que habilita que Macron u otros como él a reinstalar -con otro formato- la vieja idea de la superioridad moral europea y, consecuentemente, abrir la puerta a que, en un mediano plazo, el viejo temor y principal hipótesis de conflicto del del Ejército Brasileño, la ocupación de la Amazonia por una fuerza militar extranjera, pueda convertirse en realidad.

 

O peor aún, que ni siquiera haga falta movilizar un soldado para hacerlo, sino que esto se haga con el beneplácito de la mayoría de los propios brasileños, que, de acuerdo con una reciente encuesta, ya se expresaron a favor de que algún organismo internacional se ocupe de lo que Bolsonaro no hace o hace mal. 

 

En una entrevista realizada en 1974, el tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón alertaba de que, si los latinoamericanos no nos uníamos, nos iban a quitar los recursos naturales por teléfono. Por supuesto que eso no va a pasar mañana ni pasado mañana, pero sobran los antecedentes de potencias occidentales promoviendo la conformación de nuevos países en zonas ricas en recursos naturales o, yendo más atrás en el tiempo, justificando la colonización de determinados territorios con el argumento de que venían a traer la civilización y desterrar la barbarie.

 

¿Y si la civilización ya no viene con la cruz y la espada sino con la ecología y el feminismo? A un líder político tan distinto de Bolsonaro como Evo Morales, por ejemplo, también se lo ha “castigado” por no respetar el medio ambiente en proyectos de desarrollo económico. 

 

Para contrarrestar esta hipótesis es imprescindible que la región recupere un rumbo de integración a través de un proyecto político integral que contemple la protección del medio ambiente sí, pero en consonancia con el aprovechamiento de los recursos naturales. Días atrás, Sergio Rossi contaba cómo en épocas de Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner se trabajaba en conjunto con organizaciones ecoligistas, fuerzas armadas y gobiernos para proteger, pero también explotar de manera sustentable nuestros recursos. Más allá de los nombres propios y los errores a corregir, el camino es por ahí.