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Con argumentos ecológicos, la oposición intenta forzar el ballotage en Bolivia

Según la mayoría de los sondeos, habrá segunda vuelta en este turno electoral. Los incendios forestales les han dado insumos a los adversarios de Evo para correr por izquierda al presidente.
Por 14/09/2019 9:51

Más allá de que su credibilidad está dañada, las últimas encuestas difundidas en Bolivia parecen confirmar los pronósticos acerca de las dificultades que, por primera vez desde que asumió en 2005, tiene el actual presidente Evo Morales para ser reelecto – lo sería por tercera vez -como presidente en la primera vuelta que se celebrará el 20 de octubre próximo. La mayoría de los escenarios augura un ballotage entre el ex líder cocalero y el ex presidente Carlos Mesa, su principal competidor, el 15 de diciembre.

Según la constitución boliviana, para ganar en primera vuelta un candidato necesita obtener el 50% más uno de los votos. O el 40%, pero con una diferencia de diez puntos sobre el segundo, que es el escenario al que aspira llegar Morales. En 2002, en su primera candidatura presidencial, Evo perdió en la segunda vuelta, pero en 2005 ganó con el 53,72% de los sufragios y en 2009 fue reelecto con el 64,22%. En 2015, repitió el triunfo con el 63,36%.

De cara a estos comicios, la encuesta de la Universidad Mayor de San Andrés y la Fundación Jubileo, cuya difusión intentó infructuosamente ser frenada por la Justicia electoral, da 31% de intención de voto al oficialista MAS contra 24,9% de Comunidad Ciudadana y 8% de la alianza Bolivia dice No, que encabeza Oscar Ortiz. Los demás candidatos – otros seis – no llegan al dígito, mientras que un 12% expresa que optaría por el voto en blanco y un 8% dice que aún no sabe a quién votará.

 

 

Otra encuesta publicada recientemente, de CiesMori, da mejores chances a Morales con 36% de intención de voto contra 25% de Mesa. Aunque tampoco aquí supera la barrera del 40%, queda más cerca de alcanzarlo. Este sondeo da 11% a Ortiz y un número similar de indecisos, mientras que el 9% dice que votará en blanco. Los otros seis candidatos tampoco en esta encuesta superan el dígito.

Por último, un sondeo difundido por Celag.org en agosto pasado le sonríe al oficialismo: da ganador a Morales en primera vuelta con 43% de intención de voto contra apenas 25% de Mesa, 12,8% de Ortiz, 6% de voto en blanco y apenas 5% de indecisos. Los otros seis postulantes están en números similares a los de las encuestas anteriores.

Todos los analistas coinciden en que la gran fortaleza del oficialismo es la inédita situación de estabilidad y crecimiento económico que disfruta Bolivia con Morales como presidente. Esto se traduce en envidiables índices tanto sociales - la pobreza bajó del 70,1% al 36,4% y la pobreza extrema del 37,7% al 17,1% - como económicos - promedio anual de crecimiento del 4,8% - y, más allá de que algunos números más finos ya no muestran la fortaleza de los mejores años de Evo, hay una certeza bastante extendida no solo en atribuirle el mérito, sino también un temor – los mayores de 55 años son el sector más fiel a Evo - a que un cambio de mando genere una vuelta atrás en materia económica y social.

 

 

Aunque el punto de partida es sustancialmente diferente, Evo puede mostrar que, a diferencia de la mayoría de sus pares populistas contemporáneos, él ha sabido cuidar los números. Pragmático y profundo conocedor de la idiosincrasia boliviana, ha combinado hábilmente políticas sociales populistas o de izquierda con medidas económicas ortodoxas. “Cuando asumió, sus enemigos decían que “el indio” iba a chocar el país porque no iba a poder con la economía. Entonces, lo que siempre me pidió el presidente fue que cuidara los números”, le contaba a este cronista el todavía viceministro de Economía boliviano Jaime Duran Chuquimia en la previa de la elección presidencial de 2014, que cubrió Letra P.

En contrapartida, la principal debilidad del oficialismo es la insistencia de Morales en volver a ser candidato. En 2016, un plebiscito mostró que la mayoría de los bolivianos – 51,31% a 48,69% - no avalaba una nueva postulación. Con argumentos políticos – una fake new sobre un supuesto hijo no reconocido – y judiciales – los derechos políticos amparados por el Pacto de San José – poco convincentes, Morales logró que la Justicia boliviana, en una polémica decisión, le permitiera volver a postularse y, en ese mismo momento, el remanido eje Autoritarismo vs República, tan usado antes y ahora contra los populismos latinoamericanos, se convirtió en el argumento principal de la oposición.

En esa línea, la principal oposición ya no es la racista elite del oriente boliviano ni un empresario como Samuel Doria Medina, crítico frontal de todas las gestiones de Morales, sino un dirigente como Mesa, que, como presidente interino, garantizó la transparencia de la elección presidencial de 2005 que dio el primer triunfo al MAS y que, incluso con aval de Evo, llegó a formar parte de la delegación boliviana que en la Corte de La Haya defendió – infructuosamente – el reclamo contra Chile respecto a la negociación por una salida al mar.

 

 

En ese marco de “desderechización”, no sorprende que la oposición recurra una vez más a una herramienta que – Letra P lo analizo en el caso Brasil – puede ser útil para deslegitimar gobiernos tanto de izquierda como de derecha si no está inserta en un proyecto político integral, se trata de la ecología en general y de los incendios en La Chiquitania, lindante con el Amazonas brasilero, en particular.

Aunque por peso específico propio y por la ineptitud de su presidente, Brasil se llevó la mayoría de las cámaras y de las críticas con los incendios, en Bolivia la oposición a Evo también cuestionó al gobierno y al presidente por su labor al respecto y, aunque a diferencia de Jair Bolsonaro, Morales tuvo una actitud más proactiva contra los incendios, no pudo esquivar los cuestionamientos de quienes lo acusan, primero, de promover la desforestación en la zona para promocionar el avance de los agronegocios, y de hipocresía, después, por difundir imágenes de él manguera en mano combatiendo el fuego.

Conocedor del terreno – La Chiquitania es una zona históricamente postergada de Bolivia que ha encontrado hace unos años en la agricultura intensiva un leve motor de desarrollo - Evo pretende que las organizaciones sociales vinculadas a la agricultura – la mayoría, afines a él – se ocupen de combatir los incendios. Su plan es que, atentos a que las consecuencias de los incendios desmedidos pueden terminar siendo perjudiciales para el propio negocio, los agricultores controlen a sus pares “díscolos” y que el Estado quede un paso atrás como observador no parcial, a fin de no fomentar enfrentamientos.

 

 

No es la primera vez que Evo debe enfrentar críticas ecologistas. En 2011 tuvo que postergar un proyecto de construcción de una carretera en la zona del Tipnis, ya que sufrió fuertes embates de organizaciones ambientalistas unidas a grupos indigenistas y a los propios indígenas de la zona, que se oponían fuertemente al proyecto. No es novedoso en la región. Rafael Correa con la extracción de petróleo en la selva ecuatoriana y Cristina Fernández de Kirchner con la minería en la Cordillera de los Andes también fueron corridos por izquierda por ambientalistas y dirigentes políticos opositores afines a ese discurso.

Aunque Morales tuvo una actitud más proactiva que Bolsonaro contra los incendios, no pudo esquivar los cuestionamientos de quienes lo acusan de promover la desforestación para promocionar el avance de los agronegocios.

La gestión de gobierno, como bien lo entiende Evo según lo que señalado al principio de este artículo, requiere apelar continuamente a la combinación de políticas que, según la óptica impuesta tras la Revolución Francesa, pueden ser consideradas de izquierda y de derecha. El caso de Donald Trump en Estados Unidos y de Xi Jinping en China son ejemplificadores en ese sentido. Estados Unidos fue librecambista (y de “derecha”) desde el fin de la segunda guerra mundial hasta ahora y China fue proteccionista (y de “izquierda”) desde el triunfo de la revolución comunista (1949) hasta hace unos pocos años.

Hoy, con necesidades y realidades diferentes, las barras y las estrellas representan políticas proteccionistas y la hoz y el martillo auspician el Foro de Davos, cumbre mundial del libre comercio. ¿Panquequismo? No, pragmatismo. Cuando su industria era débil, Estados Unios fue proteccionista y hoy, que siente que la competencia china lo abruma, vuelve a serlo. A la inversa, China cuidó durante años su industria hasta que ahora, que siente que es competitiva, busca abrirse mercados en todo el planeta.

Volviendo entonces a Bolivia y al Amazonas, ¿es Evo de “derecha” porque no protege lo suficiente la parte que le toca del “pulmón verde de la humanidad”? ¿Es incoherente su política pro producción agropecuaria con su filosofía ancestral de cuidado de la Madre Tierra? ¿O es un líder político que, como todos, debe - aunque no todos pueden y no todos sepan cómo - estar por encima de la sobreidelogización y priorizar lo que es más conveniente para su país de acuerdo a las circunstancias?