X

Dos potencias se saludan

Dos potencias se saludan

09/08/2019 10:08

 

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”. Charles Dickens en "Historia de dos ciudades".

Si los sondeos de opinión resultasen precisos, el nivel de concentración del voto alrededor de las dos principales alianzas electorales en estas PASO superaría el 75% y confirmaría la polarización que se percibe en el ambiente. Eso aumentaría las posibilidades de una final anticipada en octubre, pues dejaría más cerca la frontera del 45%.

Ambas fuerzas podrían decirse en la arena electoral aquello que, según la exquisita película de Leonardo Favio le expresara Gatica a Perón al pie del mismo cuadrilátero de boxeo: “Dos potencias se saludan”.

Aquí, los antagonistas son dos culturas políticas antes que partidos nacionales, dos visiones no muy orgánicas respecto de cómo gobernar la Argentina. La leonera ruge y los rivales llevan adelante su faena golpe a golpe y verso a verso. Han logrado el objetivo común de excluir terceros.

 

 

La fidelidad de esta pareja política se ha mostrado firme. No es una confrontación nueva. Viene de lejos. Solo se ha reformateado luego de la crisis de 2001. Y comenzó a tomar su perfil actual en 2003. Su principal dificultad es que se desenvuelve en el estancamiento, en un ciclo que tiene pocas ilusiones y muchos desencantos. Le pertenece sin discusión la nueva década perdida que concluirá el año que viene. ¿Podrá labrarse un próximo decenio de crecimiento, estabilidad e inclusión social? He aquí la cuestión. Entre discusiones acerca de herencias y de herencias de la herencia, el poncho no aparece. Al menos, hasta ahora.

Asumiendo que cualquier resultado de las primarias obligará a estilizar las campañas hacia octubre, nada indica que haya mucho espacio para discusiones programáticas. Al menos en la superficie, en las redes y en los medios. Sin embargo, la complejidad de la agenda quizás no extienda por mucho tiempo más la cortesía de esperar.

Los propios resultados pueden acelerar escenarios. Dos coaliciones nacionales líquidas descansan sobre realidades políticas territoriales más sólidas. En ellas, gobernadores e intendentes aguardan. Y los mercados están atentos y vigilantes. Cuando concluyan las rimas y comience la prosa, ¿cuáles serán sus primeras oraciones? ¿Leliqs por remedios para jubilados o reforma previsional? ¿Más dosis de FMI y ajuste fiscal para pagar deuda o renegociación de los términos del acuerdo? ¿Menos retenciones o menos impuestos a las Ganancias? 

Atentos todos a los cargos ejecutivos, descuidamos la composición definitiva del Congreso. Toda la apacibilidad de este año será el frenesí legislativo del próximo. ¿Servirá el resultado presidencial para ordenar el debate y garantizar las leyes o requerirá de una dinámica negociadora ausente los últimos meses? ¿Estarán las sesiones de 2020 acompañadas de calles valladas o solo se seguirán los discursos por TV?

 

 

Hace algunos meses, durante una semana, todos los espacios y referentes compartieron su epifanía por los acuerdos básicos y las políticas de largo plazo. Decenas de puntos esenciales para el desarrollo terminaron en la papelera de reciclaje con el debido merecimiento a la frivolidad de la ocasión.

¿Volverán a la agenda con otras pretensiones después de diciembre o el próximo tramo será encarado sólo con la legitimidad de origen que surja de las urnas? Las respuestas a estas y otras tantas preguntas se están hilvanando estos días. Los próximos meses oficiarán como un Waze que nos dirigirá a una de las dos ciudades a las que aludía Dickens. Las genéricas promesas de la campaña y el mismo calendario nos invitan a confiar en la primavera de la esperanza. Confiemos en que el invierno de la desesperación haya quedado atrás.