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La muerte de "Mauricio"

La muerte de "Mauricio"

12/08/2019 1:05

 

Alguien estaba desconectado de la realidad. Los encuestadores del Círculo Rojo, los grandes medios que militaron hasta el fin y, por supuesto, el gobierno de Cambiemos. Sobre todo, el Presidente y su núcleo de acero, una vez más, en la burbuja de un poder tan frágil como inestable. Tantas veces elogiada, la campaña del macrismo fue la peor de todas. El miedo que agitó el oficialismo sin registrar el susto que su propia obra genera en los que viven de un ingreso en pesos, el interminable loop de la corrupción kirchnerista en los medios amarillos y la delirante encrucijada entre autoritarismo y democracia -en medio de una realidad con indicadores sólo comparables a los de 2001 y 2002- fueron la mejor forma de pescar en la pecera de los convencidos.

Como espejo refractario, la oposición del Frente de Todos hizo el esfuerzo más grande: construyó en torno a Cristina Kirchner un espacio de una amplitud que no tuvo durante los años de mandato de la ex presidenta. Esa nueva alianza del panperonismo puso el oído y acertó al encarnar las demandas de los que caían devorados por la crisis. Detrás de los números que muestra el INDEC todos los meses, hay víctimas que ponen el cuerpo y que eligieron en su mayoría votar a Alberto Fernández a nivel nacional y a Axel Kicillof en la decisiva provincia de Buenos Aires.

No alcanzó la ternura de una María Eugenia Vidalque no pudo despegar de la mochila de plomo que resulta Macri en el conurbano bonaerense y también en el interior, aquel territorio blindado del macrismo. Los números de Santa Fe, Mendoza y Córdoba completaron un cuadro letal para las aspiraciones de los abanderados del optimismo permanente. La jugada de Juan Schiaretti para beneficiar al Presidente le costó caro y los votos que fueron de José Manuel de la Sota regresaron al frente de la mayoría de la mano de Fernández y Sergio Massa.

 

 

La “paliza” que anunciaron Elisa Carrió y Miguel Ángel Pichetto hoy es un boomeran que pega en las costillas del gobierno de los CEOs. La base del oficialismo se mantiene estable y no es poca cosa después de tres años de recesión sobre cuatro, más pobreza, más desempleo, más inflación y derrumbe del consumo y el poder adquisitivo. Es un sector importante de la población que pone su antiperonismo en primer lugar o que no padece la crisis. En ese núcleo duro de adhesiones habita la minoría intensa que metralla, cada día, con un sentido común favorable a Macri. Pero con eso no alcanza. Una porción enorme de la realidad, que en 2015 era oposición y estuvo bien representada, ahora fue subestimada. De ahí los resultados del escrutinio provisorio que sorprenden a algunos más que a otros.

Se vota con el bolsillo cuando las tarifas se tragan una parte esencial del sueldo, la inflación se duplica y se le ve de cerca la cara a la pobreza.

La sentencia de época que el macrismo escribió en el agua con ayuda de sus amigos era un exceso de voluntarismo o una mentira malintencionada. Se vota con el bolsillo cuando las tarifas se tragan una parte esencial del sueldo, la inflación se duplica y se le ve de cerca la cara a la pobreza. Cuando el desempleo crece y se mete en la vida de las familias, cuando las pymes se ven asfixiadas con las tasas de interés, la caída del consumo y la apertura de las importaciones. Cuando nada es lo que se prometió en campaña, cuando ante la crisis sólo se responde que “pasaron cosas”. Se vota con el bolsillo.   

Agonizan la pedagogía del ajuste, la escuela del sacrificio interminable para los que más padecen y la sentencia de que el único camino es el vía crucis del déficit cero y el programa del Fondo Monetario.

Es probable que Pichetto lo lamente ahora, pero su dogmatismo y su macartismo impostado no tenían plafón en la realidad de la crisis. El ala política no entró al Gobierno de la mano del señor gobernabilidad: apenas lo hizo un grupo de veteranos que jugaban tiempo de descuento en los márgenes del peronismo.

Sonríe en la intimidad de su gulag Emilio Monzó, el que propuso todo lo que Peña desechó, con la venia del Presidente. Vendrá el tiempo del pase de facturas, la rabia de los que ven caer a Vidal en provincia por el egoísmo de los verdugos de Balcarce 50 y la venganza del mercado que arranca desde hoy. Macri sentirá ahora mismo la saña de los defraudados en el poder que apostaron demasiado detrás de la ilusión que vendió Cambiemos.

 

 

El Ceo de Clarín Rural, Héctor Huergo, ya reclama una transición ordenada y no hay sentencia más clara que la que proviene del agronegocio. El campo, que hoy va por una cosecha récord, explica los únicos datos alentadores de una economía que para Carlos Melconian no rebota como una V, sino que se estira como una L en el quinto subsuelo. 

En tiempo récord, Macri y Peña dilapidaron un capital político formidable que hace apenas dos años les dio una victoria aplastante en todo el país. El gradualismo era un gigante con pies de barro que se sostenía sobre una montaña de deuda y se vino abajo en abril de 2018. El Presidente llegó hasta acá con el respirador artificial del Fondo y la complicidad de Donald Trump. Sin ellos, no hubiera logrado atravesar la tempestad y la furia de los mercados. Con el único paliativo del dólar quieto, la profundidad de la crisis se estiró hasta hoy y llegó, al final, el baño de realidad que en la quinta de Olivos nunca nadie se quiere dar. 

 

El padre de "Mauricio", genio de la posverdad caído en desgracia.

 

Las PASO que no definían nada, el gastadero de plata rídículo del que hablaban los bufones del macrismo fueron la válvula de escape de una olla a presión. Será difícil -si no imposible- que el Presidente y el mejor equipo de los últimos 50 años logren revertir esta paliza de los que no aguantan más. Pero hay algo que se rompió el 11 de agosto y es el hechizo de Jaime Durán Barba, el consultor que venía invicto en las elecciones argentinas desde hacía más de una década.

El asesor estrella logró el milagro de barrer bajo la alfombra un apellido saturado de historia. Detrás del artificio de “Mauricio”, el empresario joven y moderno que hablaba un lenguaje distinto al de la política, se construyó el proyecto más ambicioso de las elites argentinas desde el regreso de la democracia. Con el nombre propio del Presidente, Durán Barba hizo olvidar a Macri durante un tiempo más que considerable y le calzó el traje de lo nuevo. La crisis económica, la inflación récord, la recesión, la deuda monumental, el discurso frío del poder que no se inmuta ante los que van cayendo hizo renacer el apellido del Presidente. Las PASO que no servían para nada rompieron el hechizo: es la muerte del producto Mauricio y lo que queda al desnudo es Macri. Para ser juzgado, aprobado, rechazado o tirado al basural de la historia.